Un hombre honrado: Luiz Inacio Lula  da Silva

Adrián Hinojosa

La primera imagen que nos llegó este viernes, con la noticia de la orden de prisión de Lula, fue la de esos hombres llorando, abrazando a Lula y diciéndole “pai” (padre). Lula, que en ese momento gira un poco la cabeza, y consolando, casi en un susurro, a una joven humilde que llora le dice: “no te preocupes que los justos siempre vencen”. Y entonces todo el mundo se acuerda que en los partidos de derecha no hay ni un preso y abundan los corruptos.

La segunda imagen fue de los militantes del PT, como 10 mil (¡un nada!) defendiendo como castillo medieval la histórica sede del Sindicato de los Metalúrgicos de la región del ABC Paulista. San Bernardo do Campo, la ciudad donde queda el sindicato, es donde hubo las famosas huelgas durante la dictadura militar y donde Lula ya se entregó a los militares por organizarlas. Desde aquí, ahora, atrincherado y con la cabeza en alto, Lula consuela a las masas.

La tercera imagen del viernes, es esa sonrisa de los reporteros de la televisión, que nunca veo y ¡qué fatal casualidad!, hoy me detengo a ver; riendo, contando los minutos para que Lula sea preso. Me recuerda la misma sonrisa de Soros cuando Hebe de Bonafini, le dice “Usted señor Soros, de qué se ríe, cómo se ríe de los niños con hambre, usted que solo tiene estómago pero no corazón…”, e imagino que como los periodistas no tienen hambre les sale la misma sonrisa. Entonces oigo que Lula dice que lo único que un hombre (pobre) posee es su honra y eso no puede dejar que se pierda.

Sábado, atrincherados, es la misa por el aniversario de la difunta Marisa, la compañera de Lula, 68 años. Discreta, no le gustó ser primera dama y le encantaba pasar los fines de semana en familia con Lula. En la misa recordaron cómo las acciones del juez Moro contribuyeron a la fragilización de su salud. Luego Lula vuelve al “fortín”, en los hombros de un moreno gigante, se pierde en la multitud de 30 mil, esa es la imagen que recorrió el mundo, y cuando llega adentro del sindicato, se baja de quien le cargaba y se abrazan un rato largo, y después a entregarse a la “justicia”, pues ha decidido eso y como le gusta repetir: él es un hombre de honra. La multitud intenta impedir que se entregue; “cercar, cercar y no entregarse, no entregarse”, gritan mientras impiden que salga del sindicato. En la noche, después de negociar, sale caminando a entregarse en un carro de la Policía Federal.

Volver a ver las escenas de Lula siendo preso al final de la dictadura militar en los años ochenta y  ver lo mismo ahora, casi 40 años después, tiene algo de surreal. Las sonrisas turbias, sin palabras, de la clase media, el silencio, de ese pueblo cansado, explotado, que alza a ver las novelas, el futbol y en medio… las noticias de la Globo, que esta vez fue la gran ausente, pues solo consiguió trasmitir las noticias usando las imágenes de otro canal independiente. No se atrevió a ir al castillo…

En el carnaval de este año apareció una tela en la entrada de una favela de Río de Janeiro. Tenía escrito el estribillo de una canción popular: “O dia em que o morro descer não vai ter carnaval” (“el día que la gente de la favela baje del morro (cerros) no va a haber carnaval ni desfile…”).

El domingo de madrugada en Curitiba, a la espera de Lula preso y conducido por la Policía Federal, había un gran campamento-vigilia, que fue destruido por orden del Gobernador de este Estado: 8 heridos, 3 niños. Convocatorias a vigilias en todo el país. Solidaridad internacional: Buenos Aires, Santiago, Paris, New York, entre muchos. Leo de un psicoanalista que nace un mito, mientras acabo de saber que el dueño del prostíbulo más lujoso de São Paulo celebró con cerveza gratis y colgando unas fotos gigantes del juez Moro y de la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia Carmem Lucia.