Assange, la geopolítica y la libertad de opinión

Jacques Ramírez

Como es de conocimiento mundial Julian Assange se encuentra asilado en la embajada de Ecuador en el Reino Unido desde junio del 2012 y desde marzo del 2018 está totalmente incomunicado con el mundo exterior por disposición del gobierno de Moreno.

El editor de WikiLeaks, quien adquirió fama internacional al hacer público en el 2010 documentos militares estadounidenses e informes secretos sobre la guerra de Irak así como por revelar alrededor de 250.000 cables diplomáticos, se convirtió en un “objetivo” de seguridad nacional y en un “problema” de política exterior para los Estados Unidos.

En Ecuador al conocer el contenido de los WikiLeaks que enviaba la Embajadora de EE.UU., Heather Hodges, a Washington fue declarada persona non grata y expulsada del país en el 2011. Ya para aquella época las autoridades suecas habían ordenado el arresto de Assange acusado de un supuesto abuso sexual que él siempre negó.

El gobierno del presidente Rafael Correa le otorgó asilo político argumentando que puede ser víctima de persecución política y que, incluso, si es extraditado a EE.UU. podría afrontar la pena de muerte por supuesto espionaje. A Julian Assange se le reconoce por su lucha por la libertad de expresión, de prensa y por dar a conocer a la ciudadanía cómo nos espían los Estados (antes de Edward Snowden, hoy asilado en Rusia).

Pese a que la Fiscalía sueca retiró los cargos en mayo del 2017 y que la propia organización de las Naciones Unidas a través del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias señalara la ilegal privación de su libertad, la policía británica ha destacado reiteradamente que si Assange abandona la Embajada será detenido por no respetar los términos de la libertad condicional en la que se hallaba antes de ingresar a la sede diplomática ecuatoriana.

El Ministro de Estado para Europa y las Américas británico Alan Duncan señaló ante la Cámara de los Comunes que “ya es hora de que este miserable y pequeño gusano salga de la embajada y se entregue a la justicia británica”. La respuesta de Assange, vía Twitter fue: “como prisionero político detenido sin cargos durante 8 años, en violación de 2 fallos de la ONU, supongo que debo ser “miserable”; sin embargo, no hay nada de malo en ser una “pequeña” persona, aunque soy bastante alto; y mejor un “gusano”, una criatura saludable que vigoriza el suelo, que una serpiente”.

El gobierno de Lenín Moreno, en vez de rechazar las declaraciones del ministro británico, por referirse de esa manera sobre un asilado político y ciudadano ecuatoriano -naturalizado en su gobierno- decidió cortar la comunicación con el exterior: sin acceso a internet, sin recibir visitas ni hablar con la prensa o hacer llamadas telefónicas y “mantiene además abiertas la vía a la adopción de nuevas medidas ante el incumplimiento del compromiso por parte de Assange”. Este comunicado se produce luego no solo de las declaraciones de Duncan y la respuesta de Assange (y sus opiniones sobre el arresto al ex-presidente de la Generalitat de Cataluña Carles Puigdemont en Alemania), sino también después de la visita a Carondelet de dos altos funcionarios del Comando Sur de EE.UU.

Tal medida provocó el rechazo internacional de varios académicos, intelectuales, artistas y políticos a nivel mundial, quienes hicieron un llamamiento para que ponga fin al aislamiento de Julian Assange. Entre otras cosas apuntaron:   

Si el gobierno ecuatoriano no cesa su acción impropia, también se convertirá en un agente de persecución, en lugar de la valiente nación que ha defendido la libertad y la libertad de expresión. Si la UE y el Reino Unido continúan participando en el escandaloso silenciamiento de un verdadero disidente entre ellos, significará que la libertad de expresión en efecto está muriendo en Europa.

Han transcurrido numerosos días desde que se dejó incomunicado a Assange (tiempo en el que la justicia alemana dejó en libertad condicional a Puigdemont y descartó el delito de rebelión) y el gobierno de Moreno ha hecho oídos sordos a las diferentes voces a nivel nacional y mundial y mantiene el aislamiento total al fundador de WikiLeaks.

El gobierno actual se ve más preocupado por mantener las buenas relaciones con los imperios del Reino Unido, la UE y EE.UU que en respetar la Declaración de Derechos Humanos y la Constitución de la República referente al derecho a la libertad de opinión y acceso a las TICs. De retirarle el asilo político a Julian Assange su vida corre peligro y al suspenderle el acceso a la comunicación, también.