Carta a todos los jóvenes: exijamos futuro

Colectivo Juventud 3.0

En estos días que se habla de la niñez y la juventud, debemos exigir que pasemos de los discursos a la práctica. Nuestros derechos deben materializarse en la vida real, la garantía de nuestros derechos debe cristalizarse con un Estado que los garantice. Eso no lo puede hacer un Estado débil sin política económica o un Estado secuestrado por el 1% más rico.

Exijamos futuro. Solo con educación podemos lograrlo. Y sabemos cómo hacerlo.

Jóvenes, debemos pedir que se acelere el cumplimiento con la Constitución: que se aumente el salario de nuestros maestros, que se compense a los profes jubilados, que se concluya el campus de la Universidad de la Educación para que forme a miles de maestros, que el resto de las universidades también inviertan en infraestructura para que multipliquen sus cupos, que se cristalice la preasignación constitucional de ciencia y tecnología, que se concluya la ciudad del conocimiento y que se cumpla con la oferta de los 40 nuevos institutos tecnológicos superiores. Para nuestros hermanitos y nuestros hijitos, pidamos que se tome en serio el desarrollo infantil y la educación inicial, que se otorguen decenas de miles de becas para tener educadoras profesionales en los centros infantiles y que se igualen sus sueldos a los del magisterio. Necesitamos pasar de 12 mil a 43 mil educadores profesionales en la educación inicial lo más pronto posible, esta es la verdadera prioridad para un acuerdo nacional.

Pidamos que se cumpla con el 6% del PIB para educación. Nos quieren decir que no hay plata para no invertir en nosotros. No nos dejemos engañar por la satanización del gasto público. Gasto público es nuestra educación, es el sustento de cientos de miles de profes y son nuestras escuelas. Más grave que cualquier déficit fiscal contable es el déficit de nutrición en los primeros años de vida de toda una generación o el déficit de educación de calidad a lo largo de nuestra niñez y juventud. Cuando nos digan que no hay dinero, recuérdenles que 25 personas del 1% más rico deben $2000 millones en impuestos y que hoy estas personas están buscando condonaciones e inmunidad judicial.

Cuando nos digan que no hay plata, sepamos que el Banco Central puede comprar unos títulos virtuales que se llaman Certificados de Tesorería (CTs) al Ministerio de Finanzas. El anterior gobierno recibió más de $6 mil millones del Banco Central como una política moderna y eficiente de manejo monetario. Ahora podemos hacer lo mismo pero preasignarlo todo a la educación, en todos sus niveles. El único limitante que tiene el Banco Central es que ese dinero no puede salir del país. Por eso es tan importante lo que viene ahora, evitar que los dólares salgan.

Mientras el Ecuador corre peligro por la fuga de divisas, las importaciones desmedidas que se han incrementado en un año en más del 100% en automóviles, en 300% en licor, el Ministro de Comercio Exterior, Pablo Campana, no ha dudado en promover sanciones contra nuestro País para facilitar aún más las importaciones en el caso de la tasa aduanera. Ahora él promueve que frente al grave problema de liquidez que atraviesa el Ecuador, se abra aún más esa brecha de pérdida irreparable de divisas.

Las reservas del País han caído en $384 millones en los últimos 15 días, por eso vemos con estupor como circula la Ley de “Estabilidad fiscal, fomento productivo y atracción de inversión”. Este proyecto de Ley no es más que el triunfo del cabildeo anti-tributario de las empresas mineras y el 1% más rico para condonar sus deudas tributarias y de seguridad social, exonerarles el Impuesto a la Renta, exonerarles del Impuesto a la Salida de Divisas; además de permitir las operaciones de triangulación a través de paraísos fiscales y hasta otorgarles visas de inversionistas sin ningún requisito real. Estas acciones permiten un ambiente de corrupción institucionalizada donde la desregulación y la decriminalización de facto de los infractores crean el ambiente que permitió que en el pasado ocurran los actos de corrupción privada a gran escala llamados sucretización de 1983 y 1984, y el feriado bancario de 1999. La ley busca que se otorgue inmunidad y se exonere intereses correspondientes a USD 2.766 millones, de los cuales USD 2.005 millones corresponden a las deudas de 25 de las familias más poderosos del País. Indigna, y mucho, que el 90% de esta propuesta de Ley sea para beneficiar al 1% más rico. La juventud por naturaleza es progresista, y esta propuesta de Ley es regresiva: se perdona más al más poderoso.

Cuando les hablen de recuperar dinero de la corrupción, recuérdenles que en vez de otorgar amnistías a los dólares que se fugaron a paraísos fiscales, empiecen a examinar la ética de los 5000 ecuatorianos que salieron en los Panama Papers. Si lo que se busca es repatriar capitales, pídales que se sintonicen con el mundo moderno donde los paraísos fiscales se van extinguiendo y que comiencen por la “exclusión y transferencia de activos y pasivos” de las sucursales panameñas de los banqueros ecuatorianos. Solo ahí están USD 2 mil millones de dólares que pueden volver a nuestro país sin amnistía. Otorgar amnistía al lavado de dinero e impunidad a quienes no cumplieron sus obligaciones tributarias ni de seguridad social crea un ambiente criminogénico, donde se recompensa al que se portó mal y no al que se portó bien.

La Teoría de Gresham dice que la mala moneda desplaza a la buena moneda, y los jóvenes estamos cansados que se envíe al País señales que ser un empresario corrupto es buen negocio, porque esto desplaza la innovación, el verdadero emprendimiento y la creatividad. No pagar las deudas o irrespetar al trabajador sin aportar al IESS no debe ser premiado. Al contrario, se debe establecer que quienes mantengan juicios o diferendos con el SRI no podrán realizar importación alguna. Esa es la vía adecuada para que estos grupos económicos se acerquen a pagar los USD 2,3 mil millones de dólares que le deben al Estado. La solución no es entregarles impunidad, es estigmatizarlos.

Jóvenes, cuando les pidan ideas para recuperar el dinero de la corrupción, sugieran que frenen los pagos por arbitraje internacional y que anulen algunos laudos ilegítimos por corrupción de los árbitros (Perenco, Burlington, Petrobras, Oxy) como lo han hecho otros países. Solo ahí hay USD 2 mil millones de dólares más. También coméntenles que estamos esperando que se cobre a los Ortega, dueños del quebrado Banco Continental en los 1990s pues ya tenemos decisión favorable de la Corte de la Reina de Inglaterra. Ahí hay USD 500 millones de dólares más. No solo son ingresos fiscales, son también ingreso de divisas.

Cuando escuchen hablar a los empresarios o a los economistas, pregúntenles sobre el largo plazo, cuál es el impacto de lo que estén proponiendo en 20 años. Por un verdadero pacto con la niñez y la juventud, cada propuesta que se discuta en el Ecuador debe contemplar su relación con la educación, con el conocimiento y con la innovación. Recuérdenles que el gobierno puede invitar a los bancos a crear un fideicomiso conjunto de $1000 millones solo para inversión en educación, ciencia y tecnología que oriente a crédito educativo para estudiantes, a préstamos a mediano plazo para que las universidades públicas y privadas se amplíen, a desarrollar proyectos en la Ciudad del Conocimiento y a financiar empresas de base tecnológica.

Campana y su Ley no nos asustan a los jóvenes, porque hemos leído el Código Monetario y sabemos que permite disponer de todos los instrumentos. No a la remisión tributaria y de seguridad social, sí a los controles a toda transacción internacional, pública y privada. Se debe frenar todas las trampas por las cuales el dinero se fuga a los paraísos fiscales. Merecemos un Código de Ética que establezca controles anticorrupción privada para impedir que la riqueza que se genera en el Ecuador fugue de manera oscura al exterior. Para poder hacer garantizar nuestros derechos, hay que enfocarse en el sector externo y en priorizar cada centavo de las divisas para destinarlas a la inversión innovadora, pública y privada. No para derrocharlas en capitales fugados o en bienes de lujo.

Los jóvenes debemos saber que para la gran mayoría del empresariado, honesto y trabajador, la inversión solo se da si aumenta el crédito en la economía. Hay que facilitar el crédito, a lo largo y ancho de todos los sectores. Los gobiernos locales también deben invertir más. Impulsemos que los municipios, las prefecturas y juntas parroquiales depositen su dinero en el Banco del Estado y no en el Banco Central. Solo esta medida aumentará hasta en USD 1,2 mil millones de dólares el crédito disponible para la inversión de los gobiernos locales en fomento productivo innovador y tecnológico, con reactivación económica territorial y compromiso de contratar a los jóvenes. Una parte debe prestarse a las universidades públicas para que amplíen su infraestructura.

Además, con una simple reforma de la Junta Monetaria, el Banco del Afiliado (BIESS) puede abrir cuentas corrientes y manejar la plataforma móvil que tenía el Banco Central. Con cada crédito hipotecario o quirografario, con cada cesantía o pensión mensual, hoy el BIESS transfiere dinero a cuentas en los bancos privados para que luego los bancos lo saquen al exterior; el Seguro está fondeando la fuga de capitales de los bancos privados. Es hora que esa liquidez se quede en el banco de la seguridad social y pueda reciclar esa liquidez para otorgar más crédito a la economía. Estamos hablando de miles de millones de dólares. Es una obligación con el País convertir al BIESS en un verdadero banco de inversión de proyectos innovadores y de base tecnológica para la misma sostenibilidad del Instituto, el desarrollo de los jóvenes y la economía nacional.

Nosotros no debemos asustamos por el riesgo país ni por los periodicazos. Somos una generación que ya sabe lo que es formarse en las mejores universidades del mundo, por lo que tampoco nos deben asustar los anticuados ex ministros y los personajes de la derecha. Sabemos qué significan los conflictos de interés, el cabildeo y la corrupción institucionalizada. No nos asustamos de los apocalipsis de los tenedores de bonos, ni de los discursos ortodoxos creados para intentar adoctrinarnos.

Ya no queremos ser testigos de la vanidad política que nos tiene de susto en susto, los jóvenes queremos futuro. Exigimos futuro. Y sabemos que es posible.