La legalización de la marihuana

Santiago Pérez

El escenario es un grupo focal en casa Pukará, debajo del puente de la calle Yaguachi, donde a primera vista parecería que no hay nada. Las paredes tienen grafitis y la entrada está semi oculta por las cercas que cubren la parada del Metro en construcción. Los vidrios están llenos de stiquers y una vitrina ofrece pipas a la venta. El olor a marihuana atraviesa el local.

Estamos aquí para hablar del consumo de la marihuana y del debate acerca de su posible descriminalización, sin guión; escuchando a un grupo de jóvenes que se propusieron el reto de informar a la sociedad sobre esta planta y sus usos. Como investigador social me enfrento a mis propias dimensiones de ex consumidor, de padre y amigo de otros consumidores .

La reunión se realiza en una habitación pequeña pero iluminada, con dos ventanas de rejas corroídas que permiten ver parcialmente la fachada de la Asamblea Nacional. Participan cinco hombres y una mujer, a quienes explico que estamos realizando un grupo focal estudio para recoger sus propuestas relacionadas con la desregularización de la marihuana en el Ecuador. Aunque me comprometo a guardar el anonimato y la privacidad, parece que es un tema que no les preocupa.

¿Qué provoca y qué se siente al hablar de cannabis?
Esteban, de 36 años, canabicultor, dice que recordó sus flores: “cada una tiene cosas diferentes”. “Si me gusta el sabor, pues nada, fumo más˝ (ríe).
Gabriel, miembro de Ecuador Canábico dice que siente relajación. “Creo que está entre la cabeza y el corazón˝.
Víctor, de 29, miembro del colectivo pro Cáñamo, dice que “depende para qué uno fume. Yo personalmente fumo para mantenerme despierto (…), para no perderme en el camino diría”.
Jazmín, de 21 años, estudiante de veterinaria en la Universidad Central, dice que siente la cannabis en las manos, se le baja la presión y se pone fría; “lo que quiero es irme a dormir˝.

¿La primera vez que consumiste cannabis, qué estabas esperando, que buscabas?

Marcelo: “buscaba la voz de la madre tierra. Yo esperaba eso, o sea, tener como una conexión, sentir qué me quiere decir la tierra. Me abrió la mente. Esperaba que me ayudé a pensar y ver las cosas con un enfoque diferente. Y lo logré”.
Para Gabriel, la primera vez es “una vaina increíble, creo que nunca se olvida˝. Mira por la ventana y ubica en su memoria el lugar donde consumió por primera vez manihua : en el colegio. Explica con sus dedos cómo desarmaron un tabaco para envolver cannabis y fumar. Tuvo dos experiencias que le marcaron: la primera cuando, a los seis años, le preguntó de un cuadro a su mamá. Le dijo que era el Che Guevara. La segunda fue cuando probó por primera vez marihuana. “Creo que fue un golpe a la conciencia para decidir cosas importantes el resto de mi vida˝.
Juan, de 19 cuenta que la primera vez fue con su abuelo: “Lo vi fumar su nota. Un día que lo fui a ver, se sentó ahí en el parque y se hizo ahí uno y me dio˝.

¿Te sientes perseguido?
Hay un breve silencio. Juan es el primero en reaccionar: “¡claro!”. Marcelo siente indignación, porque la marihuana es algo que dio la madre tierra. Siente la injusticia que ha habido. Reflexiona que el Holocausto fue legal y eso no lo hizo ético. Dice que ha habido cosas peores legales .
Esteban se desconecta de la conversación y pregunta: “¿qué era? pPerdón”. Le recuerdo la pregunta: ¿te sientes perseguido?.

No se siente perseguido. Esto tiene que ver con la psique, sobre todo si tienes una mentalidad de culpa cristiana.
Víctor es un consumidor abierto. Consume en su casa, en su barrio y no lo oculta. “Indirectamente tTal vez uno no se siente perseguido. Pero ves las noticias… ahí sí me ahuevo˝.

Veo que las personas consumidoras de marihuana son ambiguas frente a la autoridad: temen a la represión, pero también hay una postura de son rebeldes ía e indiferentescia. Supongo que uUno de los efectos de la prohibición es este doblez: me pongo al margen, por temor y porque soy una víctima del maltrato y el estigma, pero como mecanismo de defensa desarrollo autosuficiencia y una actitud desafiante frente a las reglas.

¿Qué hace que se muevan como activistas del cannabis?

Gabriel consumió cannabis a los 13 años, y ahora tiene un hijo de 14 años, que aún no ha decidido si va a consumir, pero sabe que su padre es defensor del cannabis. Su motivación es que su hijo no viva la criminalización que se vive actualmente. “Una planta que es bastante versátil en sus usos. En toda la historia no ha matado a nadie, es bastante ilógico que este prohibida˝.

El enfoque de la Asociación pro cáñamo se relaciona con el Buen vivir y la economía popular y solidaria. Busca cambiar la matriz productiva, romper y proponer esquemas de comercio para la gente. Se trata de luchar contra los grandes monopolios.

Para este grupo, su rol como activistas es informar. Investigan para cuestionar los pensamientos de la mayoría, especialmente los adultos. Pero no se sabe cual será el futuro de la lucha, aunque los jóvenes ahora tienen más acceso a la información, lo que les da una visión más amplia. Para este grupo, eEstá comprobado que el uso de la marihuana tiene beneficios, y esperan que en algún momento una fuerza política apoye esto.

“Estamos en un momento que es bastante crítico. Hay como nunca antes movimientos, organizaciones, ligadas al cannabis que promueven derechos˝. Antes la misma familia los encerraba, hoy el marihuanero lúcido le cuenta a la abuela que le puede servir para la artritis.
Para el grupo dicen que , los médicos se niegan a utilizar el cannabis porque hay intereses de por medio, específicamente de las farmacéuticas.

Esteban siente que faltó decir que “nosotros somos un país que hemos estado rodeados de sustancias durante toda nuestra historia y nos fueron quitando˝.

Como investigador social, considero que ha llegado el momento de dar paso a nuevas miradas, que permitan reconectarme con el propósito de hacer una ciencia liberadora y comprometida con las luchas sociales. El haber facilitado este grupo focal con consumidores y activistas pro cannabis me remueve, tanto por mi historia personal, como por mi rol de padre y amigo de personas con consumo adictivo a las que apoyo. Recién empiezo a asimilar que, durante 25 años de consumir marihuana, nunca hice una reflexión sensible del tema; un aspecto de mi vida que me marcó, pero del que carezco de explicaciones o posiciones. Me doy cuenta que no estoy ni a favor ni en contra de la legalización, que mi vida parece que ha sido una huida a tomar posición, a reconocerme como consumidor, y a compartir esto con otras personas. Me llevo la valentía y la esperanza de sus palabras. Los cannábicos saben que la sociedad está plagada de prejuicios e ignorancia, pero están dispuestos a dar la pelea. Creen que la vida vale más la pena luchando.

¿Tendrá resultado esta la lucha que llevan?

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