Desafíos para la ciencia ecuatoriana

César Paz y Miño

Un análisis de la ciencia en el Ecuador, nos arroja datos curiosos  e interesantes para entender qué pasa con la ciencia nacional y qué pasa con la producción científica del país. El Ecuador ocupa el puesto 71 entre 233 países, en el ranking de investigación mundial para el año 2016 (último registro SCIMAGO).

Estados Unidos está a la cabeza en el mundo con 602 mil artículos científicos, seguido por China 472 mil, España en el puesto 11 con 86 mil, Brasil 14 con 69 mil, México puesto 28 con 21 mil, Argentina puesto 43 con 13 mil, Chile el 44 con 12 mil, Colombia 48 con 9 mil  y Ecuador el 71 con 2249 artículos científicos. Entre las áreas que destacan en la mayor producción científica ecuatoriana son ciencias de la computación, agricultura, Medicina, genética y biología molecular, ingenierías y ciencias sociales.

Para el mismo año 2016 la base de publicaciones SCOPUS, registra 1167 artículos, a la cabeza Agricultura, seguido de Medicina, ciencias sociales, computación ingenierías, ambiente, bioquímica, planeta y Tierra, física y energía. El 70 por ciento son artículos científicos, un 17 por ciento presentaciones en congresos científicos internacionales y 2 por ciento capítulos en libros.

Es interesante observar que un 72 por ciento de trabajos científicos son en colaboración internacional y las citas bibliográficas referentes a los trabajos ecuatorianos por parte de investigadores internacionales abarca a 88 por ciento de las publicaciones. Llama la atención que solo dos revistas constan en el índex mundial: la Revista Ecuatoriana de Neurología y la revista Chasqui.

La presencia latinoamericana en ciencia es importante, aunque intencionalmente menos visible en el mundo de la ciencia no en inglés. El Ecuador mantiene 21 revistas vigentes en Latinindex dedicadas a agricultura, economía y ciencias sociales, Medicina, finanzas y relaciones internacionales, Antropología, alimentos y pesca, educación y multidisciplinarias. Brasil ocupa el primer lugar en producción científica con el 23 por ciento del total entre 36 países con 6 mil artículos, Argentina 15 por ciento puesto 3, Colombia 3 por ciento en el puesto 7 y Ecuador en el puesto 8 con el 2 por ciento de producción en la región con 575 artículos. En Latinindex la mayoría de publicaciones son en ciencias sociales con 12 mil artículos, seguido por medicina 4 mil, artes y humanidades 3.9 mil.

Las cifras hablan por sí mismas. El problema de la diametral brecha de productividad científica entre los países de economías fuertes versus los de economías medias o débiles, es justamente la capacidad de inversión en ciencia y tecnología.

El Ecuador al igual que muchos países se planteó metas de aporte a la ciencia, incluidas en la ley, incluso consta que el Estado debe invertir un 2 por ciento de su PIB en ciencia, pero la realidad dista mucho de este anhelo. Mientras las universidades por ley se les exige y son presionadas para que inviertan el 6 por ciento de su presupuesto en investigación efectiva, el Estado ha descuidado su aporte o es mínimo, situación que provoca un reclamo de los investigadores y una urgente solución.

Por otro lado, el número de publicaciones no es el único parámetro para medir la ciencia de un país, porque puede ser dolosamente manejada. Las cifras son claras en esto, las bondadosas  hablan de 28 por ciento de producción propia ecuatoriana, pero al hacer un análisis por temas, cambia mucho esta percepción. Hay instituciones dedicadas a promocionar su actividad científica en que solo el 10 por ciento de trabajos son realizados en el país, el resto viene por acuerdo con instituciones extranjeras, esto modifica los datos reales, es un engaño público y estadístico, que los evaluadores ecuatorianos no lo consideran.

También está la calidad de las investigaciones, el índice de citas de los trabajos ecuatorianos es bajo, con lo cual el impacto de la ciencia nacional es limitado. La única alternativa a esta limitada visión en la inyección directa de dinero a investigaciones emblemáticas, sea el área que sea, y los datos de producción científica nacional están señalando el camino. Si queremos hacer ciencia dura y de impacto debemos apuntar a temas específicos de interés nacional e invertir cantidades altas 2 o 3 millones por centro de excelencia investigativa, evaluándolos de manera simple: cuánto publicas en el país, cuánto dinero te corresponde.

Aunque la presencia regional, Latinindex, es importante en el mundo, no deja de ser verdad, que el impacto es pobre. Cuatro artículos Latinindex equivalen a un Scopus. Claro que esta visión tiene intereses geopolíticos y de finanzas de la ciencia, por lo que deberemos aprender a jugar con las reglas del mundo científico. Como autocrítica al Latinindex y a los autores regionales, parecería que no se pone la misma carga ni rigurosidad en las producciones científicas regionales o locales, con lo cual su impacto es muy limitado. Tal vez es el momento de cambiar a una rigurosidad extrema.

Una queja constante de los investigadores nacionales es la tecno-burocracia de las instituciones estatales. Los procesos, requerimientos, requisitos, permisos, obstáculos, aduanas, costos elevados, etc., para realizar investigaciones en el Ecuador son tremendamente desatinados, complejos, con falta de sentido común investigativos, incluso asignados a personas con poca competencia en las áreas en que los investigadores experimentados si la tienen y comprenden, esto detiene, pospone o anula las investigaciones.

Si el Ecuador quiere despegar en ciencia e investigación, debe cambiar su mentalidad, apuntar a la ciencia seria y apoyarse en sus mejores elementos destrabando el engorroso peregrinaje hasta alcanzar un producto investigativo de calidad e impacto.