La reforma inconclusa

Pablo Vivanco Ordoñez

“Hemos resulto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. (…) Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.”

Manifiesto Liminar

En junio de 1918 se consumó la llamada Reforma de Córdoba, que tuvo como mecanismo de identificación su Manifiesto Liminar, donde dejan planteadas las necesidades urgentes de su universidad, estableciendo cuestionamientos directos a la forma de concebir la autoridad, y proponer por sobre ella la necesidad de otorgar protagonismo a los estudiantes, razón de existir de toda universidad. Parten criticando al espacio universitario como el “refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y –lo que es peor aún– el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara”.

Hay un reconocimiento expreso de que la universidad naturaliza ciertas relaciones sociales y políticas, y por ende anula la posibilidad de reflexión de ellas, es por eso que hoy las universidades deben luchar contras las etiquetas simplistas que no permiten una lectura profunda de los problemas.

Una de las cualidades del inicio del proceso reformista en cuestión, es que sus propuestas no son únicamente para el cambio del sistema universitario, sino que enfrentaban una necesidad de transformación profunda. Ahí radica una de las cualidades de este movimiento: a través del cuestionamiento de lo universitario traslucir una crítica a la sociedad en que se inscribe la universidad, y entender a esta última como reproductora de las desigualdades y no como mecanismo de reflexión de ella. Deviene por tanto una propuesta fundamental que es la de estrechar los vínculos entre la universidad y la sociedad, para lograr pertinencia del conocimiento impartido y de la proyección real en el mundo de la vida cotidiana.

Por ello es que su eco llegó a la mayoría de universidades latinoamericanas, creando así la necesidad de repensar el quehacer universitario respecto del poder, la autoridad y la pedagogía.

Una de las virtudes más importantes de este Manifiesto, es la posibilidad de permear sus demandas, sin soslayar las de su contexto tanto inmediato, como sitio de inscripción de la universidad en general. En Córdoba, hace cien años, los estudiantes decidieron perder el miedo y enfrentarse a los enquistados poderes universitarios reclutados por la excusa de la divinidad como medio irrefutable de administración educativa. Deciden alterar el orden impuesto y violar una disciplina de silencio humillador.

El inicio señalado del Manifiesto da pie a que a cien años de su publicación podamos discutir sobre la necesidad de mantener la incomodidad como recurso útil para la transformación de los espacios educativos, que muchas veces suelen ser herméticos, tanto para los sujetos cuanto para otras vertientes del pensamiento que debaten con la inclinación dominante de la institución.

Hay algunas reflexiones que permiten el análisis de las condiciones actuales, para dejar en evidencia que algunas de las demandas planteadas por los estudiantes de Córdoba todavía son necesarias de enfrentar. Por ejemplo el cogobierno, una demanda enarbolada desde 1918, es hoy una tarea pendiente para los universitarios, tanto por su inexistencia (caso de la Universidad Nacional de Loja que carece de un órgano estudiantil representativo), como por su servil posición respecto de ciertas tiendas políticas, que como reza el mismo Manifiesto se “empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil”.

Las universidades no son un espacio democrático, resultado de aquello son los repetitivos actos de acoso, persecución y anulación de la opinión de los estudiantes como consecuencia de un perverso ejercicio de poder, tales problemas han dejado de ser coyunturales. En el Manifiesto, ya hay una crítica al concepto de autoridad que lo define como “el derecho divino del profesorado universitario”, problema que hoy sigue siendo acuciante dadas las denuncias de acoso sexual en universidades del país. La redefinición de los contextos es esencial, sin embargo hay que reconocer que es un conflicto que aún se suscita bajo la lógica de gobernantes y gobernados; sumado a esto, puede advertirse como pertinente lo planteado por Freire y la importancia de cuestionar un sistema educativo bancario que mira al estudiante como simple recipiente que tiene que ser llenado con ideas, sin cuestionamiento alguno.

La autonomía universitaria, también fue planteada desde la necesidad de tener independencia para investigar y producir conocimiento. Se avanza por tanto de la exigencia de autonomía respecto de lo institucional únicamente, para relievar la necesidad de contar con libertad para que la diversidad no sea amputada, ni los mandos políticos hegemónicos dispongan de lo que se dice y se calla desde la universidad.

No se trata por tanto de hacer de la universidad un espacio de consensos ni de contratos que sirvan a determinados intereses particulares, por el contrario se necesitan espacios universitarios donde germine la disputa, la controversia y la confrontación tanto de ideas como de teorías y conceptos, que permitan ampliar el espectro del pensamiento, y cuestionen en definitiva nuestra posición en el mundo, los prejuicios y presupuestos que nos constituyen.

Lo dicho hasta aquí, nos devuelve sobre uno de los claros análisis de los estudiantes cordobeses: no existe un sujeto universitario puro, es decir, el estudiante no responde únicamente por donde estudia, sino también por los problemas que vive fuera de los predios universitarios, y que obliga a determinar una posición política que le ayude a enfrentar su realidad, tanto individual y colectivamente.  En Córdoba en 1918 nació una ruptura con la dominación monárquica y monástica, y en la hora que nos toca vivir hay que plantear rupturas con el monocultivo del pensamiento, contra el neocolonialismo y las jerarquías rígidas de la universidad.