Tres en raya o la trampa del siglo

Carol Murillo Ruiz

En una semana la política da señales de caos total en el Ecuador. Un caos provocado a expensas de la incertidumbre social y económica de varios sectores del país que no atinan a entender quién y para qué se gobierna si no hay seguridad en los negocios pequeños ni certeza en las hipotéticas inversiones que vendrán desde afuera.

Las tres instancias que (des)gobiernan (Carondelet y los medios; la Mesita Transitoria y sus desaforados abusos; y la Asamblea Nacional y su nido de leales a Palacio) se hallan en la curva del diablo: estarían preparando el escenario para supuestamente apuntalar las condiciones que favorezcan la deseable candidatura de Nebot a la presidencia en unas elecciones adelantadas luego de quizá la muerte cruzada.

Algo de cierto se cocina porque los medios y algunos periodistas, con su olfato de esbirros, no dejan pasar ninguna declaración del alcalde de Guayaquil para tenerla como referencia de lo que se debe ser un mandatario: un hombre pragmático y que tome decisiones. O que la democracia se afianza y consolida cada vez que Trujillo habla y Moreno calla.

Veamos tres señales recientes:

1

El trujillismo transitorio propone una Consulta Popular para legitimar sus incontables y despóticos abusos. Los corifeos no faltan y apoyan la moción. Los medios no analizan nada e informan sobre las declaraciones casi persignándose. En el país de Manuelito todo es posible. Nadie dice esta boca es mía desde el constructo jurídico. Lo único que se rumora es que Xavier Zavala Egas ya mismo renuncia. Si lo hiciera, es tarde para tapar el más grande error de su trayectoria de jurista. Pero en la propuesta de los transitorios hay mucha tela que cortar. Vivimos desde hace un mes un estado de facto.

Yo escribí, hace varias semanas, un artículo que Fernando Larenas censuró en El Telégrafo, lo siguiente: “La ‘vacancia constitucional’ inventada por la mesita transitoria –al destituir a la Corte Constitucional- se parece demasiado a un golpe de Estado; pero el terror implantado en la psiquis ciudadana, disfrazado de combate a la corrupción, hace que el horrible silencio de destacados juristas y constitucionalistas se extienda a la ¿conciencia colectiva?, y el poder transitorio escupa su victoria sobre la pereza de las mayorías”. Además, en el mismo artículo al finalizar pregunté algo frente a la viscosidad que el discurso moralizante del morenismo pregona: “¿A qué superación moral se refiere este gobierno cuando miente sobre la economía, socapa a los transitorios destituyentes y avala un golpe de estado que pone en riesgo hasta su propia permanencia frente a la Plaza Grande? ¿O es que la cesación de Moreno es lo único no pactado?”.

Hoy parece que el pacto de cesación se hizo consagrando un guión en cámara lenta. La Consulta popular puede ser el ensayo preliminar para sondear a la población; aunque el titubeo dentro del gobierno es tan feo que desde afuera se lo huele como una peste medieval. Los grupos internos se quieren matar y lo que antes parecía un gobierno consensuado entre élites ansiosas de recuperar la tutela del Estado hoy se ha traducido en angustia, porque la travesura duraría poco y se comportan como niños frente a la piñata rota: agarran lo que pueden; un ministerio, una subsecretaría, un puestito por aquí, otro por allá, etc.

2

Las señales también vienen de otras partes; estos días Diego Oquendo se trasladó a Guayaquil con el fin de que su radio (Visión) festeje a la Perla del Pacífico en la semana previa a las fiestas de independencia. Por supuesto, el plato fuerte fue una entrevista al alcalde en formato coloquial y alejado completamente de las punzadas que a otros entrevistados, que no son de su devoción, aplica cuando quiere ser muy demócrata invitándolos a equilibrar ideológicamente sus paneles. Anécdotas aparte, el diálogo mencionado fue la demostración fidedigna de que el periodismo es un canal de comunicación con el público pero también una correa de transmisión de los intereses de sus dueños y la máscara de los políticos. La elegancia y simpatía con que Oquendo conversó con Nebot provoca dos reflexiones: 1. El alcalde es un político experimentado y está cerca de dejar el cargo; y, 2. Es ineludible indagar si está con ganas de correr por la presidencia con o sin las ventajas que le está dando el morenismo/trujillismo transitorios. Oquendo, cuidadoso al extremo al topar/preguntar por el pasado de gobernador de Nebot no halló más respuestas que las que ha dado ese personaje décadas atrás y que consisten en la sacra alianza entre la autoridad y la ley. Nebot solo sabe hacer cumplir la ley, quedó absolutamente claro para el periodista.

Pero cuando Oquendo amplía el espectro de suaves y discretas preguntas el alcalde guayaquileño tiene formatos de réplica para todo. Nunca dijo si va a ser candidato (a menos que pueda ser mejor presidente que alcalde) y tampoco habló de contrincantes a vencer. Su discurso, que en lo declarativo ha cambiado mucho durante los últimos meses, es un refrito de socialiberalismo sujeto al mercado. Da la impresión que Nebot le quiere arrebatar el centro político que algunos asesores de Carondelet reclaman solo para Moreno. En fin, la entrevista es más decidora por el viaje de Oquendo a Guayaquil que por lo que dijo Nebot en ella. Por teléfono hubiera sido suficiente; pero no, había que tender un tapiz mediático a quien tal vez un día gobierne. Eso se llama precaución…

3

La sospecha de que el correísmo aún está incrustado en el morenismo/trujillismo es una de las boberías más repetidas en ciertos medios y por muchos políticos que no tienen ni cacumen ni imaginación. ¡Hasta el alcalde de Quito quiere justificar su ineficiencia por el bloqueo del gobierno anterior!

Es increíble cómo la incapacidad política de procesar la vorágine de hechos paridos desde el poder y sus tentáculos, hoy, haya silenciado a las voces que otrora clamaban justicia y respecto al orden constituido. Si el correísmo estuviera dentro del actual régimen no veríamos a Moreno visitando países lejanos y denigrando la gran herencia institucional que dejó su antecesor y/o contando chistes de última en una universidad del ‘primer mundo’.

Pero hasta sus partidarios ahora le halan las orejas al Presidente. Saben muy bien lo que está haciendo con sus adeptos de ocasión y temen que recalcar el discurso anti corrupción ya va siendo inútil. Además de que aludir y certificar la (falsa) recuperación de la democracia y la prudencia política frente a las descomunales arbitrariedades del Consejo de Participación Transitorio es realmente inadmisible. El caos institucional, como decía al principio, es la peor marca de la situación de facto que resiste el Ecuador.

Y así iremos hasta diciembre, enero, febrero, marzo; atentos a una ruleta que nunca se detendrá sino hasta cuando decida el impostor hacer la trampa del siglo.