Brasil: la superficialidad engendra monstruos

Omar Ospina García

Introducción

¿Será capaz el pueblo brasileño de superar el complejo de moralismo político –que no la necesidad de ética–, de hacer a un lado la leyenda negra del PT, creada y agigantada por los monopolios mediáticos vinculados a los peores intereses del país, de mirar bien la realidad política y económica que hoy los agobia, de recordar el cambio sustancial y positivo que promovieron y ejecutaron en su momento Lula da Silva y Dilma Rousseff y de reiniciar el camino abierto por ellos sin renunciar a la denuncia de los hechos de corrupción que puedan presentarse?

Las Fuerzas Populares conscientes del continente latinoamericano así lo esperan pero, sobre todo, lo necesitan. Como lo dijo en su hora más oscura –cuando se fraguaban en Washington las dictaduras en el Patio Trasero– el Secretario de Estado Henry Kissinger: “Por donde se incline Brasil, se inclinará América Latina”. No es poca ni pequeña la responsabilidad política que tiene en sus manos el electorado brasileño. ¿Será consecuente con esa responsabilidad?

Quizá sea positivo que el pueblo brasileño jamás haya sido proclive a enfrentar por la fuerza de las armas sus luchas de ayer por la Independencia frente el decaído Reino de Portugal, o el rescate de la legalidad y la democracia agredidas por sus nada democráticas Fuerzas Armadas en épocas más cercanas. Pero lo que cuesta merecer, cuesta ganarlo. Y no se gana sin esfuerzo y sacrificios. Lo fácil de conquistar es fácil de entregar

Más de un siglo después de la Independencia conseguida en dos años y de manera casi incruenta, el pueblo brasileño fue incapaz de luchar en serio por sus propios derechos cuando gobernantes progresistas como Getulio Vargas y Joao Goulart a mediados del siglo pasado, o Lula da Silva y Dilma Rousseff en los últimos años, fueron amenazados, perseguidos o depuestos por fuerzas reaccionarias vinculadas al aparato militar, a las altas clases empresariales capitalistas y a los intereses económicos y geopolíticos de la Embajada imperial.

Lo que se juega en la Segunda Vuelta

Este es el momento de Brasil. Y es crucial no solo para la nación más grande del sub continente, sino para toda la región, para todo el planeta. Sin excluir a los EE.UU., pues que para los planes del Imperio, la dirección ideológica que tome Brasil será respaldo de sus ambiciones o némesis de su imperialismo. Brasil está, pues, a un paso de pocos días de decidir entre la barbarie fascista y el camino racional hacia el futuro. No se trata de política y ni siquiera de Ideología. Se trata de la sobrevivencia de un país y de un continente, de la recuperación de la Democracia.

El 28 de este mes de octubre, la segunda vuelta o ballotage electoral en Brasil decidirá entre dos candidatos ubicados en los extremos, no de la política sino de la vida y del respeto por la humanidad. Fernando Haddad y Jair Bolsonaro representan en sí mismos no a dos partidos ni a dos tendencias, sino a una manera particular de cada uno de entender lo que significa ser una nación soberana, solidaria, justa, humana y ética, o ser una colonia y una ficha movible en el dominó de la economía neoliberal capitalista.

Quién es y qué propone Fernando Haddad

Oriundo de Sao Paulo y político moderado de las filas del Partido de los Trabajadores desde su afiliación en 1983, es bien conocido de los electores del sur y del sudoeste brasileño, su región de origen, aunque resulta una figura lejana para las regiones del norte y del nordeste, fortín principal del PT y bastión del ex presidente Lula. Académico y político desde su  juventud, Fernando Haddad ha sido Ministro de Educación durante los gobiernos de Lula y Rousseff, Alcalde de Sao Paulo, profesor universitario de Teoría Política, Asesor del ex Presidente Lula y fundador del Instituto de Investigaciones Económicas de la Facultad de Economía de la Universidad de Sao Paulo.      

La tardanza del Partido de los Trabajadores en nominarlo en remplazo de Lula, impedido ilegalmente de participar en la lid electoral por la justicia brasileña mediante su condena y encarcelamiento sin pruebas, las 3 semanas de campaña antes de la primera vuelta no alcanzaron para acercar su escaso 8% de intención de voto, al 42% que en ese momento perfilaba a su mentor como candidato ganador, de haber podido participar en las elecciones. Los votos de los líderes no suelen ser endosables y si a ello se agrega el poco tiempo de campaña para consolidar una candidatura, no por esperada menos nueva, el resultado fue un precario 29% de la votación en donde su rival, el ultra derechista Jair Bolsonaro, acumuló un 46% del escrutinio.

Propuesta de Gobierno

Fernando Haddad pretende, si gana la Presidencia, retomar las políticas sociales y económicas de Lula da Silva, continuadas por Dilma Rousseff en beneficio de toda la sociedad brasileña, con indudable preferencia por los más pobres, como lo demuestran la estadísticas de reducción de la pobreza, el incremento en el acceso a la educación y a la salud de los sectores marginados de ella por décadas, además de la recuperación y consolidación de industrias estatales, empezando por el sector petrolero y su empresa símbolo Petrobras.

No es pertinente, entonces, para este análisis, abundar en una propuesta de gobierno suficientemente conocida por los lectores. Sí lo es, en cambio, analizar a espacio el origen político, las acciones como parlamentario durante 30 años por 9 diferentes partidos políticos, y, sobre todo, el Plan de Gobierno del ganador de la primera vuelta, el ultra derechista Jair Bolsonaro.

Quién es Bolsonaro y que haría… 

Quién y qué pretende Jair Bolsonaro lo resume con precisión el analista Isaac Bigio: “Bolsonaro ha dicho que no se permitirán más tomas de tierras a los campesinos pobres ni concesiones de tierras a los indígenas o negros, demanda que la gente porte armas para defender sus propiedades contra “delincuentes” y ocupantes, propone que la policía pueda torturar o matar a miles para acabar con la delincuencia, pregona un conservadurismo social que gusta al electorado católico tradicionalista y evangélico cristiano pero que es rechazado por feministas y LGTBs, reivindica a la dictadura militar de 1964-1985, denomina “escoria” a muchos inmigrantes, especialmente de tez oscura, y postula duras medidas contra el “socialismo” y en pro del mercado libre”.

Bolsonaro no ha presentado ninguna propuesta de Ley rescatable en 30 años de ejercicio parlamentario, pero se ha dado modos de expresar gráficamente lo que piensa de su país, de su gente y del mundo en general. Estos son algunas de sus más “sonoras y sonadas” declaraciones:

“Estoy a favor de la tortura. Y el pueblo está a favor también”. “Sería incapaz de amar un hijo homosexual. No voy a ser hipócrita. Prefiero que un hijo mío muera en un accidente a que aparezca con un bigotudo por ahí”. “No voy a combatir ni discriminar, pero si veo a dos hombres besándose en la calle los voy a golpear”. “El 90% de los hijos adoptados (por parejas homosexuales) van a ser homosexuales y se van a prostituir, con seguridad”.  

“No es una cuestión de cupos de mujeres. Si ponen mujeres porque sí, van a tener que contratar negros también”. “El afrodescendiente más flaco pesaba siete arrobas. No hacen nada. Creo que ni para procrear sirven más”. “Hay que dar seis horas para que los delincuentes se entreguen, si no, se ametralla el barrio pobre desde el aire”. “Vamos a fusilar a la ‘petralhada’ aquí en Acre”, refiriéndose a los militantes del izquierdista Partido de los Trabajadores.  

“El pobre solo tiene una utilidad en nuestro país: votar. La cédula de elector en la mano es diploma de burro en el bolsillo. Sirve para votar por el gobierno que está ahí. Sólo sirve para eso y nada más”. “El error de la dictadura fue torturar y no matar”. “Deberían haber sido fusilados unos 30.000 corruptos, empezando por el presidente Fernando Henrique Cardoso”.  

“Dios encima de todo. No quiero esa historia de estado laico. El estado es cristiano y la minoría que esté en contra, que se mude. Las minorías deben inclinarse ante las mayorías”. “Es una desgracia ser patrón en este país, con tantos derechos para los trabajadores”.

Conclusión

Si se leen con cuidado los dos programas de gobierno y las hojas de vida y las declaraciones de los dos candidatos a presidir durante los próximos años el país más poblado y más grande de América Latina, no hay duda alguna de que el pueblo brasileño la tiene fácil: no es posible, con un mínimo de raciocinio, reflexión y sincera preocupación por el futuro de una nación, votar por un individuo con el Prontuario y la manera de pensar del ex militar, intelectualmente nulo, Jaír Bolsonaro.

El problema es si el pueblo brasileño reflexiona políticamente más allá de la superficialidad de las Escuelas de Samba, el Carnaval de Río, la Corrida de Sao Paulo y el auto nominado “mejor fútbol del mundo”.

Porque no se trata, como se dijo antes, de ideología. Se trata de sindéresis política, de sentido de lo social y de lo humano, y de capacidad de deliberación…