La Amazonía ecuatoriana… ¿mito o realidad? (1)

Guillermo Loza

Referirse al Oriente ecuatoriano (hoy conocido como Amazonía) dentro del territorio ecuatoriano continental, requiere de un análisis profundo y meditado, sea por el legado de los mitos, cuentos, leyendas y fantasías a los que siempre se han referido, pero que contrasta con la poca disponibilidad bibliográfica existente para realizar un estudio minucioso o para simplemente conocerlo en las aulas con información más cercana a la realidad.

La provincia de Oriente constó en los mapas antiguos como parte de la Real Audiencia de Quito con un vasto territorio que llegaba hasta el Océano Atlántico aunque en la práctica no era más que un anexo dibujado en la cartografía ya que nunca fue parte activa económica, social y políticamente del territorio administrado por los conquistadores, por eso, por mucho tiempo, fue una zona negociable en los múltiples tratados, con el único afán de ceder y nunca de crecer.

La Amazonía Ecuatoriana con sus 116.588,10 km2 representa el 45,47% del Ecuador y 1,5% de la cuenca pan-amazónica. Dentro de la macro región pan-amazónica se la conoce como Alta Amazonía y merece ser analizada a breves rasgos desde seis fases históricas:

  1. El corto período aurífero comprendido desde 1540 a 1580 que se inicia con una colonización brutal que se desmorona con el declive de la explotación del oro.
  2. De 1640 a 1760, lapso caracterizado por la presencia de los misioneros que se dedicaron a la evangelización de los indios y la fundación de los primeros pueblos; lo que sirvió para la presencia de los colonos y re-recrear nuevas formas sociales y de producción, caracterizándose por una gran disminución demográfica de la población indígena.
  3. De 1770 a 1840, etapa marcada por el decaimiento del poder colonial, rivalidad de los dos virreinatos y luego de los dos países vecinos como fruto de la nueva era republicana, fraccionamiento del frente misionero y un leve aumento demográfico.
  4. De 1850 a 1900 acaeció la penetración colonizadora desde el sureste peruano como consecuencia del gran boom del caucho.
  5. De 1900 a 1940 un tiempo que se caracterizó por el patronazgo como rezago del boom del caucho; esto generó el declive en la explotación del mismo, lo que significó una fase de tranquilidad para los indios (lenguaje utilizado en ésas épocas) y una desaparición de la masa colonizadora.
  6. De 1950 a 1990 se produce la recomposición del Oriente Ecuatoriano, pues surge una nueva división político-administrativa como resultado del proceso de colonización “Tierra sin gente para gente sin tierras” (frase acuñada en Brasil para la colonización de la Amazonía brasilera) y el inicio de la era petrolera desde los ‘70s que impusó abrir nuevas vías, fomentar la migración alrededor de los pozos petroleros, incrementar la deforestación y promover un fuerte proceso de aculturización indígena.

Con la firma del Protocolo de Río de Janeiro el 29 de enero de 1942 el Ecuador perdió más de la mitad de su territorio, hecho relevante que permitiría a las posteriores autoridades nacionales impulsan un proceso de “Fronteras vivas” para evitar que los peruanos sigan invadiendo tierras ecuatorianas.

Merece especial atención la frase del entonces presidente del Ecuador Galo Plaza Lasso cuando en 1948 la empresa petrolera Shell devuelve la concesión petrolera al estado ecuatoriano que dice: “El Oriente es un mito, el destino ha querido que no seamos un país petrolero, sino agrícola”, frase que generó el total rechazo de los pocos habitantes amazónicos tradicionalmente olvidados y marginados en una parte del Ecuador que no significaba nada en el escenario del país.

El 17 de agosto de 1973 el Ecuador inicia la exportación del petróleo de 308.283 barriles desde puerto Balao–Esmeraldas a través de la Empresa Texaco–Gulf a un precio de $ 2,34 por barril. En un día el Oriente ecuatoriano producía más barriles de petróleo que los 50 años de producción petrolera en la península de Santa Elena.

A partir de 1979 el Ecuador retorna a la vida democrática de manera que desde los ‘80 se inicia un período de nuevas re-definiciones. Los indios amazónicos luchan por la reivindicación de sus derechos y territorios, protestan por la manera despectiva con que se les denomina, por la dominación/evangelización de las iglesias católica y evangélica y por la tenencia de la tierra mediante el reconocimiento de escrituras globales-comunitarias. En este período se cambia el nombre de Oriente Ecuatoriano al de Amazonía Ecuatoriana, tanto en el habla cotidiana como en los textos escolares y referencias bibliográficas oficiales.

La palabra Amazonía representa la región más grande, más rica, más pluricultural y más diversa, con un cúmulo de conocimientos ancestrales y poblada de gente amable que pertenece a diferentes partes del país y de pueblos y nacionalidades indígenas con plenos derechos. La Amazonía no es un mito, es una realidad que aporta al país riqueza petrolera, hidroeléctrica, minera, bosques, ríos y biodiversidad, y sostiene gran parte del presupuesto general del Estado; por lo tanto merece ser atendida como la región más significativa del país y no como una zona de extracción de sus recursos naturales renovables y no renovables.