Nicaragua en el ojo del águila

Luis Varese

Una introducción necesaria

Nicaragua vuelve a estar en el ojo molesto y feroz del águila imperial. En los inicios de los años ochenta, en plena ofensiva de la contrarrevolución financiada por el gobierno y el Congreso de los Estados Unidos, Ronald Reagan se refirió a Nicaragua como un peligro para la seguridad de ese país. “Cómo un paisito, que apenas cuenta con dos ascensores en todo el territorio nacional, puede representar un peligro para la seguridad del país más poderoso del Mundo”, replicó un dirigente Sandinista. Hoy vuelve el argumento bajo el gobierno de otro presidente republicano, más desquiciado que el anterior. Nicaragüita y el tema del canal siempre han estado en la mente voraz de los gobiernos estadounidenses. Desde el pirata Walker entre 1850 y 1860, pasando por la ocupación de los Marines en 1912 hasta el 2 de febrero de 1933, de donde huyen derrotados por el General de Hombres Libres Augusto C. Sandino. Posteriormente la dinastía Somoza ocuparía, por encargo y protegida por los Estados Unidos, la Presidencia de Nicaragua. Recién se iría el último marine yanqui, Anastasio Somoza Debayle, en 1979 con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista. En 1990 en elecciones que se realizan bajo la amenaza estadounidense de continuar la guerra de la contra, colocan a la Sra. Violeta Barrios Viuda de Chamorro en la Presidencia de la República. Desde 1990 hasta 2007,  durante 17 años, gobierna la derecha neoliberal en Nicaragua. En esos años el Comandante Daniel Ortega se preocupa de fortalecer y mantener vigente al Frente Sandinista. En noviembre del 2006  gana las elecciones, victoria incuestionable que se repite sucesivamente en 2011 y 2016. Durante todo este periodo Nicaragua logra importantes índices de crecimiento sostenido del 4.6% del PBI, según cifras de la CEPAL; de reducción de la pobreza del 42.5% en 2009 al 24.9% en 2017. La Policía Nacional de Nicaragua en setiembre de 2017, tenía un 80.2% de opinión positiva de la población siendo la más alta de Centroamérica y una de las más altas del Continente. Con estos antecedentes de aceptación y logros efectivos, ¿cómo llegamos a los hechos que se desencadenarían posteriormente?

El inicio de la violencia

El 18 de Abril el Gobierno anuncia  reformas al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social que afectaban principalmente a los empresarios pero también a los trabajadores y jubilados. El mismo 18 de abril en pocas horas, estudiantes salen a las calles al igual que algunos trabajadores y jubilados.  A través de  las redes sociales se inventa la muerte de un estudiante en la Universidad Centro Americana (UCA) por parte de la represión policial. Esta muerte jamás ocurrió ni nunca hubo por lo tanto tal estudiante asesinado ese día. En poco tiempo el anuncio corrió como reguero de pólvora y enardeció los ánimos. El 23 de abril (5 días después) el Presidente Ortega anuncia la derogatoria de dicho decreto y convoca al diálogo para debatir sobre el tema. La Conferencia Episcopal sería parte importante de la mediación a solicitud de los empresarios. La primera medida que piden los obispos es que el Ejército y la Policía Nacional permanezcan en sus cuarteles y comisarías respectivamente. El Gobierno exige que se suspendan los bloqueos de carretera y los saqueos y la violencia callejera. El Comandante Ortega cumple con lo prometido. La contrarrevolución desata toda su furia contra puestos de mercado, civiles, policías y militantes. La población civil está inerme frente a las bandas lumpenescas combinadas con presencia de Maras de Honduras y El Salvador. En los primeros momentos del diálogo ya no se habla de la ley del Seguro Social. Se exige la renuncia del Gobierno Constitucional, la suspensión de la construcción del canal y el adelanto de elecciones. Ni siquiera tuvieron el pudor de esperar unos días antes de hacer ese planteamiento, que era el verdadero objetivo de la violencia.  El modelo desarrollado por la CIA, escrito por Gene Sharp y aplicado con rigurosa precisión estaba siendo implementado. Se quería llegar al punto del enfrentamiento militar, hacer de Nicaragua una reedición de Libia. Los 24 policías hombres y mujeres, asesinados con armas de guerra son una prueba de ello. Tal como escribí con anterioridad, no es que la vida de un policía valga más que la de un estudiante o cualquier otro civil, sino es la decisión de atacar con armas de guerra a la fuerza del orden que representa al Estado. Es decir fue una declaración de guerra que no  se desató tal y como esperaban.

La intervención del gobierno de los Estados Unidos

Desde el Secretario de Estado, pasando por su Embajador en la OEA y siguiendo con los parlamentarios ultra conservadores Ileana Ros-Lehtinen, Ted Cruz y Marco Rubio han expresado públicamente el apoyo a este intento de golpe de estado. Sus canales operativos son la National Endowment for Democracy (NED, fundada por Ronald Reagan y uno de los tanques de pensamiento con más poder y eficiencia), la Freedom House y la USAID son los instrumentos concretos que solamente en Nicaragua han invertido desde 2006 en la formación de más de 6000 jóvenes y activistas para la lucha por la democracia versión EE.UU.

Pretender que lo que ocurre en Nicaragua no está ligado a la “… restauración e imposición total y definitiva del modelo neoliberal salvaje, y por otro, la demonización y descalificación de los dirigentes y de sus políticas sociales para que nunca jamás regresen” (Telma Luzzani: Lawfare, el nuevo ensayo neoliberal, Caras y Caretas, 1 de Octubre 2018). No colocar esta situación de Nicaragua en el mismo esquema de persecución a Lula, Dilma, Cristina, Rafael Correa. No querer ver que el nacimiento de Bolsonaro es fruto de la misma estrategia con sus variantes nacionales y pretender que es “fracaso” de la izquierda como dicen varios arrepentidos, lo único que hace es desmovilizar para no generar resistencia a estas posiciones.

El intento de golpe y la violencia armada no está en el análisis los organismos especializados de la ONU y de la OEA, sobre el tema de derechos humanos. Simplemente culpan al Estado de ser responsable de cualquier muerte o de la respuesta inevitablemente progresiva, ante esta forma de levantamientos armados dirigidos, orquestados y financiados por un gobierno extranjero. No es aceptable tal parcialidad que en lugar de favorecer el diálogo y buscar acuerdos entre las partes, agudiza contradicciones y fortalece posiciones golpistas. Nunca se propuso vamos a las elecciones del 2021 que es cuando corresponde al pueblo votar por la continuidad o el cambio.

Hoy la respuesta popular en Nicaragua ha sido contundente, y las enormes y masivas movilizaciones contestando a la violencia desatada, han dado como resultado un retorno a la tranquilidad. La amenaza está latente. La participación de la Policía Nacional y su vuelta a las funciones de policía comunitaria debe restituir la confianza de la población. Las tareas siguientes son complejas. Cómo restablecer el crecimiento económico, cómo fortalecer las políticas públicas que consoliden la participación democrática de las grandes mayorías nacionales y cómo generar las condiciones para que la juventud que con tanta precisión ha actuado, vaya accediendo al ejercicio del poder, preparando las estructuras de recambio para el futuro y la continuidad de la revolución sandinista.