Por la universidad pública

Akángau Viteri Tassi

Parecía que ya el actual desgobierno estaba llegando al final de sus brutales aspiraciones de infligir al país una crisis económica e institucional que nunca existió, pero que fue fabricada. Ahora, el neoliberalismo saca sus garras y sus colmillos para implementar, a la fuerza, sus dañinas políticas. El 31 de octubre, el empresario-ministro de economía envió a la Asamblea Nacional la Proforma Presupuestaria para el 2019. No solo que causa sorpresa sino que ocasiona pavor.

La Universidad Pública está bajo ataque. Es el nuevo derecho que llamó la atención de aquella águila de rapiña que sobrevuela maliciosamente por sobre nosotros desde que el vicepresidente de EE.UU. fue recibido con la dignidad como alfombra, para que con su vista aguda ponga en la mira a su próxima víctima. O, una imagen que va acorde con este gobierno: se alertó el olfato de las raposas neoliberales de Carondelet que quieren devorarse, como si fuese la basura de lo que se alimentan esos fétidos animales, la Universidad Pública, gratuita y de calidad.

La historia nos muestra que desde que Chile fue el conejillo de indias del neoliberalismo, esa filosofía apunta a quebrar el alma y la voluntad de nuestros pueblos. La agenda neoliberal tiene previsto hacer de los derechos fundamentales, ‘servicios’ y así convertir a nuestra sociedad en una batalla individual en busca de privilegios y lucros, mas no de justicia y dignidad. Y uno de los sectores que el neoliberalismo necesita controlar volviéndolo inalcanzable para las mayorías desposeídas, es la educación pública, gratuita y de calidad. La educación brinda confianza, seguridad, iluminación, libertad y dignidad, y eso no es compatible con la filosofía neoliberal.

¿Por qué necesita el neoliberalismo controlar la educación pública, gratuita y de calidad? No existe en este país, desgraciadamente, una idea digna de “lo público”. Los espacios públicos –parques, veredas, fuentes de agua, lagunas, campus universitarios–, a pesar que son edificados con el dinero de todos y todas, son menospreciados por sus usuarios, es decir, los ciudadanos, pero también por las autoridades que se supone deben mantenerlos impecables. Es de esa desvalorización de lo público que vemos en lo cotidiano, que el neoliberalismo se aprovecha para así precarizar al Estado y sus servicios: precarizar sus instituciones, su burocracia, sus empresas públicas, el sistema de salud, la educación; todo aquello con el fin de privatizar unos derechos, o precarizar otros para que no exista motivación y sacar provecho de ellos. En suma, la agenda neoliberal busca hacer de los derechos, servicios, y por ende, privilegios. Y la educación como privilegio de un pequeño puñado de la sociedad, significa buen recaudo para el continuismo de la lógica neoliberal.

¿Qué pretende el gobierno al atacar a la Universidad Pública? ¿Por qué afectar a los que menos tienen? ¿Acaso es porque el empresario no cree que deba existir lo público? ¿O tal vez porque de allí puede surgir el pensamiento crítico que tumbe sus columnas de humo, sobre las que levantan y pregonan sus ideas de empresa y emprendimiento, individualismo y prerrogativas?

Pero los estudiantes no debemos solo ocuparnos de aquellas interrogantes inmediatas, expresadas en la poderosa marcha del pasado lunes 19 de noviembre. Como estudiantes tenemos por delante un gran reto histórico, que implica asumir un responsable ejercicio de autocrítica para reconocernos en este momento histórico. Los acontecimientos políticos que hacen tambalear al país deben invitarnos también a plantearnos qué tipo de universidad estamos saliendo a defender; qué visión de universidad es la que se tiene; y, una vez que se haya defendido el presupuesto, hay que replantearnos qué tipo de universidad vamos a construir. Se publicó en este portal, hace meses, un artículo sobre neoliberalismo y universidad, y allí se explica cómo la razón neoliberal está impregnada en la academia: se pretende formar sujetos productivos, profesionales que estén moldeados acorde a la acumulación y reproducción del capital. Entonces, ¿existe pensamiento crítico en la Universidad Pública? ¿Está el neoliberalismo en la academia, o pretende recién entrometerse con la reducción del presupuesto para el 2019?

No es la primera medida antipopular que ha adoptado este gobierno desde que Lenín Moreno asumió la presidencia. La condonación de la deuda por más de cuatro mil 200 millones de dólares a los banqueros fue hace pocos meses, pero solo ahora nos indignamos, y es parte de nuestras consignas. La proforma no solo estipula recortes en la educación superior, sino también en la educación básica y secundaria; en la salud; en las pensiones a los jubilados; en la erradicación de la violencia de género; al régimen especial de Galápagos. Pero solo el tema del presupuesto a las universidades fue el motivo de nuestra movilización, y como universitarios no somos todavía capaces de arrimar el hombro junto a quienes sufren lo que nosotros en presupuesto. Con este recorte, la Amazonía es nuevamente la más afectada, pues Ikiam y la Universidad Estatal Amazónica son las que más reajuste de presupuesto sufren. Aparte de que la medida de cortar el presupuesto a las universidades es ilegal, lo de la Amazonía es nuevamente un abandono histórico –y ojo que el presidente es amazónico–, que debe ser rechazado enérgicamente por el pueblo amazónico, como todas las otras medidas.

No debemos tampoco los estudiantes tolerar acciones políticas de lo más canallas y clientelares, como la reunión nocturna entre 20 rectores y representantes del poder ejecutivo, reunión que se venía fraguando con varios días de anticipación, incluso días antes de que nos empezáramos a organizar. Y aquel supuesto acuerdo al que llegaron un día después de la marcha del 19 de noviembre, no es en ningún nivel un logro estudiantil, ni producto de la marcha, sino más bien patadas de ahogado de un Ejecutivo que torpemente quiere amilanar las crecientes protestas que ocurren ya en distintas partes del país, con la complicidad de representantes universitarios totalmente fuera de sintonía con el estudiantado.

Largo silencio hemos guardado, el futuro de ahora, y ese silencio fue interpretado como pasividad. Pero que sea una lección para quienes nos tomamos las calles, pues saltar en el momento en que nos afectan directamente, mientras permanecimos desinteresados por las afectaciones que se cometían a otros sectores sociales antes de este episodio presupuestario, es parte de esa visión individualista que promueve el neoliberalismo. Los estudiantes, la universidad, no debemos ser insensibles con lo que pasa por fuera de los límites de la Alma Mater a la que representamos, sino volvernos el pensamiento crítico de la sociedad. Debemos ser solidarios con la sociedad.

Es un momento histórico emocionante el que vivimos ahora. Hace 100 años las luchas de la Reforma de Córdoba unificaron a la región con un solo propósito: cambiar la universidad. En mayo del ’68 el movimiento estudiantil puso en jaque al sistema mundial vigente y fue protagonista de la historia hacia la construcción de una sociedad más justa y libertaria. Hoy nos encontramos en escenarios similares en varios países de nuestra América del Sur, y debemos volver a confluir como un símbolo de unificación. La lucha apenas empieza y los estudiantes estaremos donde nos exija el momento histórico.