Una constitución ecologista

Antonio Malo Larrea

Wañukta Tonic hizo un canción dedicada al artículo 57 de la Constitución de la República del Ecuador, el artículo que protege a los Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario. La constitución del 2008 resultó de las luchas de años de distintos movimientos sociales, fue como dar el salto de Maluma (la constitución del 98 hecha por notables), a Led Zeppelin (la constitución de 2008). Su historia fue compleja, su nacimiento complicado y con muchos riesgos, pero nació y debemos cuidarla para que pueda seguir creciendo y madurando. Cumplimos ya 10 años de su aprobación.

El 15 de abril de 2007 el 81,72% de las y los ecuatorianos dijimos que SI a una asamblea nacional constituyente. La elección de asambleístas constituyentes fue el 30 de septiembre del mismo año. Aquí es fundamental recordar que el SI también cambiaba la fórmula de asignación de escaños, que si se hubiera mantenido el método anterior el partido más votado hubiera obtenido más de 100 asambleístas de un total de 130, obtuvo 79 asambleístas, lo que le daba mayoría. Finalmente, el 28 de septiembre del 2008 nos preguntaron si aceptábamos esa nueva constitución, el SI ganó con el 63,93% de los votos, a pesar de una brutal campaña de mentiras, fake news y postverdades dirigida a promocionar el NO.

La gestión de la asamblea se caracterizó por una verdadera democracia y participación ciudadana. Todo esto más allá de la campaña constante de desprestigio que mantuvo el neoliberalismo criollo, generando falsas polémicas, y agrandando las divergencias internas propias de una asamblea y de cualquier movimiento político. El resultado fue una constitución con muchísimas virtudes, unos pocos defectos, pero sobre todo, por primera vez una verdadera constitución de las y los ecuatorianos.

Antes de seguir, para comenzar a conversar sobre los tintes ecologistas de nuestra constitución, creo que es importante acordarnos cómo era la institucionalidad ambiental en nuestro país: una institucionalidad absolutamente centralizada en Quito, con una nula participación de los gobiernos cantonales y provinciales, que mantenía un Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) de forma absolutamente precaria, y que no se preocupaba de la calidad ambiental. Los huecos que dejaba esa institucionalidad tan débil fueron llenados por Organizaciones No Gubernamentales. Esto generó también que se asuman y se adopten con poca reflexión crítica los discursos relacionados con el ambiente y la conservación de las grandes ONGs internacionales. Sin embargo, esto permitió también que se debata en las distintas esferas de la sociedad los instrumentos generados en la Cumbre de la Tierra -organizadas por la ONU- de Río en 1992.

De esta manera, la Constitución de 2008 tenía el reto de revolucionar esa institucionalidad ambiental y cambiar la visión de la relación entre la gente y su territorio. En ese sentido, igual que la sociedad de la que surge, tiene las contradicciones propias de la subjetividad humana. Lo más llamativo, y también lo más publicitado, es que es la primera Constitución en el mundo que le da derechos a la naturaleza. Sin desconocer que esto es un hito en la historia de la humanidad, hay un tema que es fundamental: se sostiene en la dicotomía positivista sociedad-naturaleza. No nos asume a nosotros, los seres humanos y a nuestras sociedades, como parte de la naturaleza, niega la indivisibilidad entre las sociedades y su sistema ecológico, y nos trata como islas separadas.

Esta dicotomía entra parcialmente en contradicción con el principio andino del Sumak Kawsay (también esencial en la Constitución), en el que la sociedad surge de la tierra, de la Pacha Mama, la madre y el origen de la vida, del tiempo y el espacio a la vez. Más allá de los derechos de la naturaleza, tal vez la parte más importante respecto a lo ambiental está justamente en los derechos del buen vivir, tanto en los derechos individuales, como en los colectivos, y de manera especial, en los derechos de las nacionalidades y pueblos indígenas al territorio, a la autodeterminación, y al uso de la biodiversidad y el agua, de acuerdo a su cosmovisión, usos y prácticas ancestrales.

En cuanto a la conservación de la biodiversidad la Constitución la declara como un recurso estratégico del estado, determina la existencia de un sistema de áreas protegidas, e innova en la posibilidad de que este sea descentralizado, es decir, que cada uno de los distinto niveles de gobierno (por ejemplo, los municipios) pueda tener su propio subsistema de áreas protegidas. Sin embargo, el mimo nombre es un problema, pues implica que debemos proteger a la naturaleza de su enemigo ancestral: el ser humano. Una figura mucho más interesante es la de UNESCO como reserva de la biósfera, es decir, entender al territorio y sus ecosistemas silvestres como un patrimonio que atesora y se garantiza.

Tal vez entre los hechos más relevantes y prácticos de la Constitución, está la asignación de competencias exclusivas a los distintos niveles de gobierno, entre ellas están las competencias ambientales. Es muy interesante notar que la competencia ambiental más importante, no es considerada como ambiental: me refiero al control del uso y la ocupación del suelo. Esta competencia recae sobre los gobiernos municipales. Haciendo un análisis a profundidad, las competencias ambientales están distribuidas entre el gobierno central, parcialmente los gobiernos regionales (y como estos no existen, sus competencias recaen sobre el gobierno central), y los gobiernos municipales. Irónicamente, los gobiernos provinciales tienen la competencia de la gestión ambiental, pero en términos prácticos, no les queda nada que hacer. La organización social y la presión sobre los gobiernos municipales realmente puede transformar la calidad ambiental, y conseguir de una vez por todas que se garantice nuestro derecho a vivir en un ambiente sano y libre de contaminación. Ojalá esto sea parte del debate en las elecciones seccionales del próximo año.

El espacio es corto para hablar de la constitución, hay mucho que decir, mucho en esa ruptura institucional que buscó generar y efectivamente generó. La constitución está ahí, los derechos y transformaciones están ahí, sólo la organización social y sus luchas pueden conseguir que poco a poco vaya teniendo vida y que sus garantías y declaraciones salten del papel a la vida diaria. Es una constitución maravillosa, démosle vida y protejámosla, no queremos y no necesitamos más constituciones hechas por notables.