México: cambio de régimen

Miguel Ruiz Acosta

…puede parecer pretencioso o exagerado, pero hoy no solo inicia un nuevo gobierno, hoy comienza un cambio de régimen político.

Andrés Manuel López Obrador

Estas fueron unas de las primeras palabras pronunciadas por AMLO, el nuevo presidente de México, ante el Congreso de la Unión el pasado 1º de diciembre, al asumir el mando del Ejecutivo. ¿Cuál es la relevancia de tal afirmación? México, como se sabe, es uno de los países latinoamericanos en donde las políticas neoliberales fueron impuestas con mayor profundidad: desde 1982, sucesivos gobiernos de las añejas tiendas políticas del Partido Revolucionarios Institucional (PRI) y Partido Acción Nacional (PAN) avanzaron en el desmantelamiento acelerado de los fundamentos materiales y políticos de la época posrevolucionaria: contrarreforma agraria, desnacionalización de PEMEX, privatización de la riqueza pública, represión social, aprobación de un lesivo Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá… todo ello acompañado de crecientes niveles de corrupción y complicidad estatal con el saqueo que grupos monopólicos legales e ilegales han venido desplegando durante los últimos lustros. En breve, el PRIAN fue el gestor de un régimen político criminal, que supuso la condena de la gran mayoría de mexicanas y mexicanos a cualquiera de las siguientes condiciones: explotación, exclusión, migración y violencia. De forma casi indistinta, esa continuidad se fue desarrollando a lo largo de los gobiernos priístas y panistas de los últimos casi 40 años.

¿Es posible pensar al nuevo gobierno de AMLO y de su partido MORENA como uno que de paso a un cambio de régimen? Sin caer en la ilusión de que ese tránsito sea posible de forma abrupta, sino que seguramente seguirá la lógica de las crisis orgánicas que se resuelven no revolucionariamente, sino mediante una serie de reformas de mayor o menor alcance a lo largo de un periodo de tiempo dilatado durante el cual, como diría Gramsci, lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir, creemos que las diversas señales que se dieron durante los primeros días de su administración parecen apuntar en ese sentido.

Reorientación parcial de la política neoliberal

En su discurso de toma de posesión López Obrador calificó como desastre y calamidad la política neoliberal seguida en México, poniendo énfasis, sobre todo, en la complicidad entre el poder económico y el poder político en su aplicación. Según se desprende de su discurso, en lo inmediato no habrá grandes cambios respecto a las políticas macroeconómicas más caras al modelo neoliberal (prudencia fiscal, autonomía del Banco Central, respecto irrestricto a las inversiones extranjeras ya realizadas, etc.). Sin embargo, fue enfático respecto a un ambicioso plan de austeridad republicana —que, a diferencia de la austeridad  neoliberal se enfoca en el ahorro de los gastos suntuarios de la alta burocracia y no del gasto social— el cual tendrá como uno de sus principales objetivos redirigir los ingresos estatales hacia el desarrollo de la infraestructura pública (100 nuevas universidades, rehabilitación de las refinerías en mal estado, rescate de líneas férreas abandonadas, programas de reforestación, etc.) así como a financiar algunos programas de carácter emergente para combatir la exclusión social en materia de salud (atención universal), educación (becas para los bachilleres), seguridad social (obligatoriedad de afiliación para las trabajadoras remuneradas del hogar)…

Rescate de los valores republicanos

Otro de los aspectos a tomar en cuenta en la apuesta porque el actual sea un cambio de régimen es el anuncio de un conjunto de medidas destinadas a regenerar los valores y las prácticas republicanas tanto entre los ciudadanos como entre los miembros de la burocracia estatal. Prácticamente desde el inicio de su campaña, AMLO hizo del combate a la corrupción el eje de su discurso. Ahora, ya como Presidente, López Obrador insistió que su administración no tolerará más la corrupción en la esfera estatal, sobre todo en el ámbito de las relaciones de contratistas con el Estado y en el ámbito de la seguridad pública. En el mismo sentido, uno de sus primeras acciones del nuevo gobierno fue la firma de un decreto presidencial para esclarecer la verdad en el caso de Ayotzinapa.

La participación popular en la vida pública

Este último aspecto se puso de relieve durante la concentración realizada en el Zócalo de la Ciudad de México la tarde del 1º de diciembre, posterior al acto oficial en el Congreso. Allí, decenas de miles de personas escucharon a un AMLO quien, después de participar en una ceremonia organizada por representantes de los más de 60 pueblos indígenas que habitan en el país, cuando le entregaron un bastón de mando, se dirigió ante la Nación con la lectura de 100 puntos de su programa de gobierno. Al finalizar, exhortó al pueblo de México a no ser simple espectador del cambio de época, sino protagonista del mismo. Que sean sus propias palabras las que ilustren este aspecto:

“Discutamos en todas las plazas públicas de México si avanzamos o no, con el propósito de que haya transparencia y acabar con la corrupción y la impunidad. Analicemos en las casas, calles y plazas si mejora o empeora la situación económica y social de nuestro pueblo y tomemos siempre entre todos los acuerdos que más convengan a la sociedad y a la nación. No dejemos de encontrarnos: mantengamos siempre la comunicación. No habrá divorcio entre pueblo y gobierno. Yo les necesito, porque como decía Juárez ‘con el pueblo todo, sin el pueblo nada’. No me dejen solo porque sin ustedes no valgo nada o casi nada; sin ustedes, los conservadores me avasallarían fácilmente. Yo les pido apoyo, porque reitero el compromiso de no fallarles; primero muerto que traicionarles”.

Sin duda, será tarea de las y los mexicanos que así sea. Por lo pronto, un abarrotado Zócalo retumbó con las primeras señales de lo que podría ser una importante alianza entre pueblo y gobierno para la construcción de un nuevo país cuando, tras su arenga, la respuesta de los asistentes se resumió en tres palabras que se repitieron una y otra vez: No estás solo, no estás solo…