2018: ¿qué pasó en Nuestramérica?

Luis Varese

“El Tigre espera, detrás de cada árbol, acurrucado en cada esquina. Morirá, con las zarpas al aire, echando llamas por los ojos”.

José Martí. Ensayo, Nuestra América, 1891

Tres elementos que han signado el 2018 en América Latina. No son los únicos pero marcarán la fase siguiente de la lucha política.

  1. Las noticias falsas (fake news) y el uso político de la judicialización (law fare).

Las noticias falsas no son de uso reciente. En la guerra, en los instrumentos de desinformación que usan los servicios de inteligencia, en la propaganda política, en la demagogia del discurso electoral, han estado presentes desde mucho tiempo atrás. Probablemente siglos atrás. Sin embargo en los últimos dos años y en especial en los 12 meses que han pasado se han vuelto un instrumento sustantivo de la lucha política y de la imposición hegemónica del neoliberalismo. Para ello, la utilización de las redes sociales ha sido determinante. El anonimato que éstas permiten (el “informador” no da la cara necesariamente) y la velocidad y cantidad en la que llegan estas “noticias” es de dimensiones astronómicas. Para su uso político, se distribuye una noticia creada o real, pero adecuadamente maquillada, para beneficiar al objetivo de quien la lanza. En Nuestramérica, para debilitar y/o derrotar a los gobiernos de nueva democracia o gobiernos progresistas se han generado noticias alrededor de la corrupción como si fuera un hecho nuevo y exclusivo de la “izquierda latinoamericana”. Juegan un papel (no casual) una o varias empresas constructoras, porque estos gobiernos, en lugar de destinar los recursos nacionales a pagar la deuda externa o a guardarlos en bancos extranjeros a bajísimos intereses, los destinaron a importantes inversiones para redistribuir la riqueza (escuelas, hospitales, carreteras, hidroeléctricas, etc.) Se va creando la noticia falsa de que el proyecto tal y el funcionario cual, robó, roba o su entorno roba. Creada la noticia y difundida de diversas maneras por millones de “tuits”, “guazaps”, comentarios de Facebook y lanzadas como realidades en los medios monopólicos de comunicación, sirven de base, creando la aceptación social para que los dirigentes políticos, que están en contra del neoliberalismo, sean acusados por un poder judicial sumiso a los intereses políticos hegemónicos. Para ello se va desde casos absolutamente absurdos e irreales como el intento de secuestro del señor Balda, por parte del ex Presidente Rafael Correa, hasta temas que bordean sospecha de realidad como acusaciones de corrupción de funcionarios cercanos a mandatarias o mandatarios. Con este mecanismo (uso político de jueces y fiscales) se ha puesto en prisión a Lula (condenado sin pruebas a 13 años de prisión y encarcelado en contra de las propias leyes brasileras), o al Vicepresidente de Ecuador Jorge Glas. La prisión preventiva se ha vuelto un instrumento terrible de encarcelamiento, actuando con el supuesto de que pueda fugar el acusado. La prisión preventiva puede durar hasta 36 meses en algunos países y por supuesto que queda la posibilidad de que el acusado sea inocente y nadie le devolverá el tiempo pasado en la cárcel. La falsa noticia crea las condiciones para que el suceso sea socialmente aceptado, es decir, la gente dice sí puede ser culpable y la judicialización facilita el encarcelamiento para la destrucción política (o eliminación activa) de ese sujeto incómodo para las clases dominantes. Ya no es necesario sacar los tanques a las calles y cada vez menos útil el asesinato político. Este mecanismo combinado ha servido para golpear duramente liderazgos como el de Lula, Dilma Rousseff, Cristina Kirchner, Rafael Correa, Nicolás Maduro, solamente para hablar de América del Sur. Claramente se usan instrumentos que bordean la legalidad para liquidar esfuerzos históricos de reconstruir las economías de nuestros países para ponerlas al servicio de las mayorías nacionales. Así como desde el campo popular aprendimos a utilizar las elecciones para tomar el gobierno e intentar transformar el estado, así aprendió la derecha a destruir todo intento de mantener la soberanía al servicio de los intereses nacionales.

  1. La caravana de migrantes y la doble moral.

La migración tuvo en 2018 dos momentos exponenciales en los medios de comunicación. Por un lado la migración de venezolanas y venezolanos, forzados a salir por la tremenda inflación, fruto de la guerra económica desatada contra ese gobierno y de errores en los proyectos productivos que debían de generar la industrialización y autosuficiencia alimentaria en ese país. A ello hay que añadir la campaña de guerra sicológica interna creada por la propia oposición venezolana, sus cómplices colombianos, y cómo no, los Estados Unidos, que no han parado un minuto de amenazar con la intervención militar. Las cifras que da el ACNUR sobre la salida de venezolanos está arriba de los dos millones de personas migrantes. Por el corto periodo en el que salen y la gran publicidad desatada alrededor de ello, han generado un importante impacto en los países de llegada, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina, principalmente. Las cifras son altas pero no llegan a los 8 millones de desplazados internos que tiene Colombia, o a los tres millones de colombianos que recibió Venezuela.

Por otra parte desde Centroamérica la caravana de migrantes revela tres hechos terribles, uno, la pobreza que sigue golpeando a la región, básicamente Guatemala y Honduras con gobiernos débiles y corruptos; dos, la violencia de la delincuencia organizada y las Maras que gobierna sectores importantes de las principales ciudades, frente a las cuales los ciudadanos se ven obligados a huir para preservar la vida, principalmente las de sus hijas e hijos adolescentes; tres, los factores climáticos que se comienzan a sentir con sequías e inundaciones. Ante todo ello la respuesta de Donald Trump ha sido enviar tropas a la frontera sur de los EE.UU., cercarla con alambre de púas y navajas y pretender presionar a México para que los atienda. En esta situación de política represiva y terrorífica, dos menores una niña de 8 años y un niño de la misma edad, murieron estando en manos de autoridades migratorias estadounidenses. El objetivo de Trump, de crear la imagen de un enemigo externo que pretende “invadir” los Estados Unidos no le dio el resultado esperado ya que los republicanos perdieron la Cámara de Representantes y vieron amenazada su fuerza en la de Senadores.

La doble moral se expresa en que para los migrantes venezolanos hay un despliegue inusitado de organismos internacionales y convocatorias a mesas de donantes para resolver y enfrentar el tema, argumentando violación masiva de derechos humanos en Venezuela (término que nunca se aplicó a Colombia donde era evidente esa violación). Para hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, se envían tropas, gastando millones de dólares en procurar impedir su ingreso. La tragedia que significa el verse obligado a dejar el propio país, en un exilio forzado por razones económicas, es funesta, sea cual sea la nacionalidad. No es menos trágica la situación de niñas y niños, mujeres y hombres venezolanos que las de los centroamericanos, pero sí es evidente que unos huyen del terror y la miseria, mientras que los venezolanos huyen de una situación económica grave, pero no extrema y de ninguna persecución política, salvo en casos puntuales de confrontación con el gobierno. Sin embargo, a los primeros se les acosa y se busca mil formas para que no ingresen a los EE.UU., mientras que a los segundos, se presiona a los países para que los reciban como si fueran refugiados que huyen de una dictadura. Todas y todos los migrantes forzados merecen el mismo trato. Ninguna, ninguno, merece ser tratado como moneda de trueque político para imponer las ideas imperiales.

  1. Voto por la muerte, voto por la vida, elecciones en los gigantes de América Latina.

Brasil (209 millones de habitantes) eligió a Jair Messias Bolsonaro. Respondió, el electorado, a la intensa campaña anti PT y contra su modelo de desarrollo humanista, soberanista y redistributivo. Triunfaron las ideas más conservadoras que se puedan tener sobre religión, educación sexual, derechos humanos, democracia, papel de las fuerzas armadas, lucha contra la delincuencia, contra la unidad de la Patria Grande, contra la defensa de la ecología. Es decir todas aquellas conquistas democráticas, laicas y de defensa de la igualdad entre mujeres y hombres y de la naturaleza, aparecieron en la campaña fraudulenta (uso ilegal de millones de mensajes falsos vía las redes sociales entre ellos los WhatsApp tal como se ha demostrado y el principal candidato, Lula, preso de manera ilegal e ilegítima). Bolsonaro encarna la antidemocracia y el resurgimiento de lo más oscuro del uso de la religión (cultos de las iglesias evangélicas altamente corruptas, esas sí, que lo inspiran y dominan). Es la expresión de años de trabajo de los think tank brasileros y estadounidenses donde él juega probablemente un papel importante, pero no dirige. Brasil votó contra la libertad, la igualdad y la fraternidad, los valores republicanos, que si no luchamos por reorganizarlos en estructuras sólidas serán remplazados por el autoritarismo criminal, en nombre del Ordem e Progresso, entendido como armas y fuerza para reprimir y para servir a los intereses de los poderosos. Brasil es una fuerza estratégica para el dominio (o para la liberación) de esta parte del mundo. La mayor reserva de agua y oxígeno en manos de una fuerza del mal.

El otro gigante al extremo opuesto de Nuestramérica, México (129 millones de habitantes) votó por la vida. Por un nuevo orden ese sí democrático y lleno de valores solidarios, redistributivos y soberanistas. Andrés Manuel López Obrador, quien con constancia serena y una extraordinaria vinculación a las bases, en una sociedad piramidal en extremo, logró derrotar cualquier intento de fraude superando por más de 18 millones de votos a su más cercano contrincante. El gobierno de MORENA deberá navegar en un mar turbulento con un Trump al lado y pocos aliados en el Continente. Por lo pronto ha lanzado varias e importantes propuestas. Con relación al tema de la migración proponiendo crear un fondo para el apoyo y la inversión en Centroamérica; en materia de seguridad interna aún en debate la creación de una Guardia Nacional, pero también muy importante la redistribución de la riqueza nacional, la recuperación del petróleo, la electricidad y las fuentes energéticas. La priorización del crédito al agro y la lucha sin cuartel contra la pobreza y por la inclusión social. Dicho así pueden sonar palabras al viento. A sólo 28 días de su ejercicio en el Ejecutivo ya hay transformaciones de fondo y forma. El electorado en México votó por la vida, en Brasil votó por la muerte. Tiempos de lucha son los que se vienen y nos obligan a repensar los instrumentos electorales y las estructuras de nuestros Estados de tal manera que garanticen los plenos derechos de todas y todos. La obligación de construir la Patria Grande es más urgente que nunca, aunque parezca más distante que nunca.