Lenín Moreno o el personaje de la derecha del siglo XXI

El presidente de la República del Ecuador de ahora es la caricatura del Vicepresidente de la misma República entre 2007 y 2013. Aquí algunos de sus rasgos:

1.- Se autodenomina de izquierda pero su plan económico es del FMI, el de las Cámaras de la oligarquía, el de los banqueros y el del aparato mediático conservador. Ahuyenta a todo aquello que huela a izquierdismo, porque ya eso no está de moda y lo fundamental es asistir con todos los honores a las haciendas, casas o palacetes de sus nuevos amigos pelucones.

Dicen que el vivo vive del tonto y el tonto de su trabajo, pareciera ser la máxima de Moreno y su equipo de “empresarios”. El evidente fracaso del modelo económico y social de su gobierno, tutelado entre bastidores por el eterno candidato a presidente de los socialcristianos y por ciertos banqueros, se traduce en decrecimiento económico de más de dos mil millones de dólares entre 2017 y 2018; 4 trimestres seguidos de decrecimiento y recesión económica. Además, haber ubicado al Ecuador en el vergonzoso segundo lugar de la región por su altísimo riesgo país, solamente por detrás de Venezuela que está bajo ataque y con bloqueo económico; 18 mil millones más en endeudamiento que no se usa para construir obras y servicios para el país, sino para generar millonarias ganancias especulativas para los banqueros; e incremento acelerado de la pobreza, inequidad social y desempleo. Esta realidad concreta demuestra la incapacidad del equipo económico para liderar positivamente el gobierno.

No debemos pensar que la incompetencia para manejar el país es única de Moreno. Sin duda el Caudillo del Puerto, y atrás de él banqueros como Egas, Pachano, Lasso, la banca internacional, el poder político de Álvaro Uribe y las aspiraciones de la embajada del norte, tienen acaso un fin: convertir al Ecuador en un Estado fallido susceptible de ser penetrado por el crimen organizado que no duda en aprovecharse de los recursos públicos y naturales de nuestros ricos países.

Moreno y Nebot (con su asesor Durán Barba tras bastidores) han sido muy exitosos en intentar traspasar la culpa de sus desaciertos permanentes en el manejo del Ecuador a Correa. La compra descarada del favor de los medios a través de contratos públicos sin concurso para publicidad, la eliminación de lo sustancial de la Ley de Comunicación, el secuestro político de los medios públicos y el uso pagado de redes sociales, permiten ese aparente éxito. Sin embargo, el nivel de vida de millones de ecuatorianos ha disminuido ostensiblemente desde que la ineptitud se hizo cargo de Carondelet en mayo de 2017.

La muerte, el secuestro, las desapariciones forzadas, las ejecuciones extrajudiciales, los tribunales ad hoc para perseguir a los que piensan diferente, la inseguridad, el narcotráfico (desde algunas instancias de la misma institución militar), la imposición a través de la Ley Trole 3 de eliminar el derecho de los trabajadores a percibir más de 480 millones de dólares de utilidades no declaradas por sus empleadores, la paralización de la obra pública, la desregulación, para beneficio de grandes grupos importadores y de empresas afines a los poderes de turno, en la contratación pública, la corrupción institucionalizada de no hacer, no regular, no ejecutar políticas y recursos públicos para beneficio social, la corrupción de usar el poder para favorecer sus negocios personales y familiares, la eliminación de la planificación nacional para eliminar la pobreza y la inequidad, la destrucción del sector educativo y de la salud, la utilización de niños violentados como campaña electoral para una consulta popular de febrero -mañosa, mentirosa e ilegal-, la dictadura de los mandamases y la cosa nostra criolla, y la muerte de la Constitución de Montecristi, reflejada en el hecho máximo de que no está en funciones la Corte Constitucional para que pueda reinar la Corte de Trujillo y sus acólitos, ahora son el pan de cada día.

Pero alguien tenía que pagar la cuenta de los 215 multimillonarios evasores de miles de millones en impuestos.

Pero alguien tenía que pagar la cuenta de regalar el petróleo a las empresas trasnacionales que ahora se llevan el 87% de los contratos. Pero alguien tenía que pagar los arbitrajes internacionales a favor de Chevron y el resto de transnacionales petroleras. Pero alguien tenía que pagar el endeudamiento agresivo en el exterior porque se cerró la posibilidad de obtener financiamiento propio barato y gratuito de nuestro propio Banco Central y del BIESS.

Pero alguien tenía que pagar los 40 mil millones de dólares que los rentistas tienen ocultos en guaridas fiscales en Panamá, Islas Vírgenes o Miami. Pero alguien tenía que pagar el altísimo costo que significa para Ecuador y sus futuras generaciones, la viveza de haber creado un grupo de “veedores” de la deuda pública liderados por personas que son, además, agentes especuladores financieros, y que de la noche a la mañana, con sus acciones y declaraciones, incrementaron rápidamente el riesgo país del Ecuador, lo que sin duda permite hacer fortunas súbitas a los operadores, bancos nacionales e internacionales que viven de especular con la deuda pública de nuestros países.

Pero alguien tenía que pagar la farra de esos 215 multimillonarios… Y como el vivo vive del tonto… ahora los tontos, o sea el esfuerzo colectivo de todos los ecuatorianos, pagan los combustibles más caros, la comida más cara, los servicios más caros, una seguridad social en peligro y miles sin trabajo.

Comparen y analicen: cuando los 215 pelucones pagaban sus impuestos, cuando –por ley- pagaban los aportes a la seguridad social, cuando el petróleo era para los ecuatorianos, cuando la educación, la salud, la producción en Ecuador, la planificación para una vida plena, el ser humano, eran prioridad de Estado, cuando la deuda pública servía para invertir en obras y servicios públicos de calidad y para todos, había una población que tenía una vida más digna y segura. Ahora es al revés, los millones de personas de clase pobre y clase media mantienen el enriquecimiento inmoral de unos pocos billonarios y varias empresas transnacionales.

Debe quedar claro que privatizar significa que esos 215 multimillonarios usan empresas ficticias de papel, ocultas en guaridas fiscales para, a precio de huevo, en contubernio con empresas transnacionales, hacer que el Estado les subsidie, es decir, que los ecuatorianos les cedan dinero a estos “empresarios” para que se apropien ilegítimamente de los recursos públicos de energía eléctrica, telecomunicaciones, agua, petróleo, minería; y como recompensa entreguen a los usuarios pésimos servicios, suban las tarifas y fuguen esos recursos nuevamente a guaridas fiscales.

¿La farra del Estado y la culpa es de Correa? Los hechos demuestran que la farra es de pocos banqueros, importadores y agroexportadores, y la culpa es de su avaricia y de su adicción por las ganancias deshonestas.

2.- Moreno juró lealtades a un proyecto político, a quien lo puso en la escena electoral y a quienes le ayudaron a encumbrarse como un político de supuesta nueva era. Hoy es ajeno a cualquier lealtad y su mayor mérito es “no deberle a nadie nada”. Rafael Correa es su sombra y su tormento, sino lo menciona indirectamente al menos hace lo que sea para opacar a quien lo encumbró y empujó a estar donde está. La historia se encargará de repetir cada elogio suyo a su mentor y cómo eso fue la mueca de una personalidad escondida y escindida en algunos desórdenes que ya alguien los podrá identificar de mejor manera.

3.- Abjuraba de los poderes fácticos, de aquellos que habían empobrecido a los ecuatorianos desde el retorno a la democracia y ahora se considera uno de ellos, declarando haber sido “un empresario toda la vida”. Mentira que ni él, ni su esposa, ni sus más cercanos se la pueden dejar pasar por obvia y por cínica, pero ahora callarán por vergüenza ajena.

4.- Ahora le “importa un bledo” el país y por eso usa el poder para resolver sus asuntos personales: posiblemente se opere en Japón o en EE.UU. y con ese pretexto abandone el cargo. Ha quedado claro que quiso poder para eso y nada más, como no lo pudo hacer en toda su “vida de empresario”. ¿Ya sus hijas aseguraron su estadía o residencia en Estados Unidos o en España?

5.- Mientras fue Vicepresidente todas las medidas económicas tomadas en su gobierno garantizaban estabilidad, bienestar y una esperanza de transformación para los pobres. Hoy toma las medidas que supuestamente debieron tomarse hace diez años y él nunca las mencionó. Los subsidios son malos, los impuestos peor y la redistribución de la riqueza o la igualdad son quimeras para los ilusos y para los idealistas, que como él, hace tiempo atrás, solo las tenían para discursear.

Esa caricatura es la que ahora alaban los acólitos del poder como los Ruptura, los socialcristianos, los MPD o los de SUMA. A pesar de que les “apestó” en la campaña del 2017 ahora se inclinan ante las fragancias de su poder, que no le es propio, como él dice, sino temporal hasta que el poder real se lo permita.

De mirada corta, de ideas escasas y de demasiadas limitaciones intelectuales, el Lenín Moreno de ahora luce su verdadera condición política y humana. Ese es el mayor equívoco de Rafael Correa, el que lo arrastrará más que los supuestos males de su gestión gubernamental tal como lo atribuye el actual “Primer Mandatario” y todo el aparato mediático a su servicio. Claro, por muchos es conocido que quien más se opuso a que sea su sucesor fue el propio Correa, pero más pudieron las encuestas, la presión de los más cercanos colaboradores que confiaban en la “bondad” y nobleza de Moreno. ¿O acaso no fueron Elizabeth Cabezas, Eduardo Mangas, José Serrano, Miguel Carvajal o Augusto Barrera los que se fajaron por la candidatura de Moreno para darle continuidad y corrección al proyecto de la Revolución Ciudadana?

Lo evidente y fáctico es que tenemos por delante un nuevo año cargado de tensiones e incertidumbre. Quizá se confirme su renuncia porque ya cumplió (al pie de la letra) la estrategia de cierta embajada, el programa de gobierno de Guillermo Lasso (aunque éste parece no creerlo), toda la agenda política de los medios comerciales y las disposiciones del “Caudillo del Puerto”.

Por más esfuerzos que hagan María Paula Romo, Juan Sebastián Roldán, Paul Granda o los aparentes izquierdistas de Alianza PAIS, el destino de Moreno estará marcado como uno más, al estilo de Leonidas Plaza o Velasco Ibarra. A todos los antes mencionados como justificadores del desastre nacional también les tocará rendir cuentas a la historia por su oportunismo y por la hipocresía con la que razonan el mal manejo económico, la simulada transparencia (en realidad dime que transparentas y te diré que escondes) y un hostigamiento vil y cuasi fascista a todo aquel que ose oponerse a su soberbia.

Gracias también a la obsecuencia de los medios, retribuidos muchos de ellos con entrega de frecuencias, publicidad y contratos indirectos (como ciertas asesorías y consultorías) lo que venga será una cadena de medias verdades, apalancamientos de mentiras y una insaciable capacidad de poner la realidad en otra parte y las verdades debajo de las carpetas de sus negocios privados.

Mientras tanto el atomizado, anestesiado y precario movimiento social (avergonzado de haber plegado a una Consulta popular bajo el argumento de que había que descorreizar el Ecuador) tendrá no solo duras batallas, sino un descreimiento popular absoluto, rechazo histórico de sus bases y posiblemente un portazo de la gente en las calles cuando quieran apropiarse de sus luchas, como le ocurrió a los sindicatos franceses con los chalecos amarillos.

Por supuesto, el año 2019 será de nuevas siembras y pocas cosechas. Las primeras desde una auténtica izquierda que asuma sus reales responsabilidades históricas y desde las nuevas generaciones de luchadores, líderes estudiantiles y de los feminismos radicales, ecologistas responsables e indigenismos genuinos. Las cosechas solo estarán por verse en las elecciones municipales y del Consejo de Participación, porque ya no habrá pretextos para decir que el voto castigo contra Correa fue la pauta, sino al revés: pensando en Correa, lo que hizo para bien de muchos, podría advertir una nueva expresión política, que no necesariamente será la que resuelva el sinfín de problemas que irá dejando en el camino el peor presidente de la historia republicana del Ecuador: Lenín Moreno, la caricatura de su pasado y la verdadera personalidad de este presente.

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