De acuerdo al Banco Mundial, en el 2009, solamente el 21 % de los ecuatorianos pertenecían a la clase media.[1] Al finalizar el 2011, a cinco años de haber asumido el gobierno el Presidente Rafael Correa, el 38 % de los ecuatorianos se definían a sí mismos, como pertenecientes a la clase media;[2] y seis años más tarde, en el 2017, el 55 % de los ecuatorianos se autoclasificaban dentro de esa clase.[3]

Desde entonces, la clase media en el Ecuador ha sido devastada. Apenas un año del gobierno de Lenín Moreno y ya la autoclasificación de clase media bajó cinco puntos. Para el 2018, el 50 % de los ecuatorianos se autoclasificaban como pertenecientes a la clase media, pero además quienes se sentían miembros de la clase baja habían subido del 36 % al 43 %.[4] Esto quiere decir que en poco más de 18 meses de gobierno de Moreno, 1’313.243 personas sintieron que pasaron de clase media a clase baja.

Tal como lo entiende la Corporación Latinobarómetro, la autoclasificación dentro de una clase es una variable emocional. Se sustenta en lo que el premio Nobel de Economía Daniel Kahnemann denomina una “experiencia emotiva”.[5] Es una variable que implica comparación entre uno mismo y los otros, con respecto al posicionamiento social. Es una valoración del cumplimiento de las expectativas que tienen las personas respecto del lugar que ocupan en la sociedad. Este auto-posicionamiento de clase social tiene tres componentes: político, económico y social. Por esta razón no solamente está ligado al nivel de ingreso, sino también –y quizás de manera más importante- a la percepción del poder, inclusión y visibilidad de las personas dentro de la sociedad. Por eso, el deterioro que sienten las personas en el Ecuador, respecto de su ubicación dentro de la clase media, contribuye a dimensionar la dramática disminución de los ingresos, así como el aumento de la exclusión social, la indefensión frente al poder, la inseguridad, incertidumbre y pesimismo frente al futuro.

En un sondeo en Quito y Guayaquil a finales de enero de este año, el 94,86 % de las personas se mostraban entre “muy preocupadas” (63,33 %) y “preocupadas” (31,52 %) en cuanto a que alguien en su hogar pueda perder el empleo. El 95,97 % se encuentra entre “muy preocupado” (69,26 %) y “preocupado” (26,71 %) respecto a poder pagar los gastos fijos del hogar a fin de mes.[6] Más grave aún es que esta sensación de incertidumbre respecto del futuro inmediato incluye a los jóvenes de entre 18 y 35 años, en un 93,17 %, respecto de la pérdida del empleo por parte de alguien de su familia; y en un 95,48 %, respecto de la imposibilidad del pago de los gastos del hogar a final del mes.[7]

Estas percepciones subjetivas tienen su asidero en la realidad. A junio de 2017, el 40,1 % de la Población Económicamente Activa (PEA) a nivel nacional se hallaba en situación de empleo adecuado. Esta cifra ascendía al 49 % para el sector urbano (63,1 % para la ciudad de Quito, 47,9 % para Guayaquil, 60,1 % para Cuenca, 49,3 % para Machala y 52,7 % para Ambato) y 22,3 % para el sector rural.[8] Para diciembre de 2019, o sea después de dos años y medio de ejercicio del gobierno de Moreno, el empleo adecuado a nivel nacional había descendido a 38,8 % de la PEA. Hay que añadir además que entre junio de 2017 y diciembre de 2019, la PEA pasó de  8’147.564 a 8’099.030, o sea que 48.534 personas ya ni siquiera buscaban empleo y otras 124.750 dejaron de contar con un empleo adecuado. Estás cifras también se deterioraron en el sector urbano, pues el empleo adecuado bajó a 48 %, siendo la pérdida más significativa en Quito, donde el empleo adecuado bajó a 39,2 % (8,8 puntos porcentuales menos). También el empleo adecuado se deterioró en el sector rural, donde apenas el 20,6 % pertenecían a esta categoría.[9]

De acuerdo al Estudio Mensual de Opinión Empresarial realizado por el Banco Central del Ecuador, la variación del personal ocupado fue negativa la mayor parte de los meses del 2019. En enero de ese año, cayó en 0,6 %, frente a diciembre de 2018, que ya fue un mes de estancamiento en cuanto al personal ocupado en el sector industrial. Salvo, febrero, marzo y junio de 2019, con tasas de aumento que no superaron el 0,2 % del personal ocupado, todo el resto de meses de ese año cayó la ocupación. Cabe destacar que este es un estudio a 1.000 grandes empresas de cuatro ramas de actividad económica: industria, comercio, construcción y servicios.[10] La cantidad de empresas del sector industrial que dicen tener una situación “mejor” durante todo el 2019, es apenas mayor –en promedio- que las que dicen estar “peor”, siendo estas mayoritarias en varios meses de ese año. En el sector de la construcción, estos indicadores tienen peor desempeño. Todos los meses del 2019 cayó el personal ocupado, algunos en niveles alarmantes (-6,4 % en febrero, -5,5 % en noviembre, -6,1 % en diciembre). Así mismo, la cantidad de empresas del sector de la construcción que manifestaron que la situación del negocio fue mejor que en el mes anterior, fue inferior al número de empresas que consideraron estar en peor situación, la mayor parte del año, cerrando con un saldo negativo del 14 %, en diciembre pasado.[11] También cayó el personal ocupado en el sector servicios todos los meses del 2019, aunque la mayoría de meses de ese año, la cantidad de empresas de ese sector que manifestaron encontrarse en una mejor condición fue superior a las que indicaron estar en peores condiciones, aunque para enero de 2020 las expectativas señalan que el saldo sería negativo en 10 %.[12]

Como correlato de la devastación de la clase media sube la pobreza. Tras diez años de baja continua, al pasar de 36,7 % en diciembre de 2007 a 21,5 % en diciembre de 2017, vuelve a subir en los últimos dos años, situándose en 25,5 % en junio de 2019. Esto implica que 4’403.336 personas se hallaban en situación de pobreza (tenían un ingreso que no supera los 84,99 dólares por mes), de las cuales 796.286 eran nuevos pobres.

El deterioro social y económico de la población estalló en octubre pasado. El rechazo a la eliminación de los subsidios a los combustibles y los aumentos de precios resultantes era algo que un mínimo de inteligencia política por parte del gobierno hubiera previsto. Sin embargo, con la mayor indolencia, el gobierno de Moreno tomó esa medida y prefirió seguir el libreto del Fondo Monetario Internacional (FMI). No contento con la masiva protesta y la inédita violencia con la que los cuerpos policiales respondieron, el ministro de economía Richard Martínez anunció que el “Ecuador mantiene el objetivo de retirada “gradual” de los subsidios a los combustibles tras las protestas de final del pasado año, ya que son un lastre”. Señala, además, que el “respaldo del FMI es clave al encarar un año desafiante”.[13] El resultado es un gigantesco deterioro de la aceptación del gobierno por parte de la ciudadanía, que sería el mal menor, puesto que de la mano, también han aumentado la inseguridad y los delitos.

Entre enero y diciembre de 2018 y el mismo período del 2019, los robos a personas crecieron en 9,7 %, los robos de carros, en 18,6 %, los robos de motos, en 29,7 %, los robos a unidades económicas, en 10,6 %, los homicidios intencionales, en 18,8 % y los femicidios, en 8,3 %.[14] La respuesta política que los partidos de derecha han dado a este problema social, es promover la represión policial y a manera de exabrupto fascistoide algunos han propuesto la libre portación de armas.

En su inmensa y conveniente ceguera el gobierno amenaza con reprimir nuevos actos de protesta, en vez de corregir las decisiones de política pública. La desesperanza se apodera de la mayoría de los ecuatorianos. El miedo parece cabalgar entre el deterioro económico y social y la violencia delincuencial y estatal. 

La única agenda progresista que cabe en estas condiciones es una que supere el ajuste neoliberal y devuelva la esperanza.


[1]             Corporación Latinobarómetro, Informe 2017, www.latinobarometro.org, p. 54.

[2]             Ibidem.

[3]             Corporación Latinobarómetro, op., cit., p. 55.

[4]             Corporación Latinobarómetro, Informe 2018, www.latinobarometro.org, p. 75.

[5]             Psicologo, de nacionalidad estadounidense, nacido en Tel Aviv, Israel, el 5 de marzo de 1934,  ganó el Premio Nobel en  Ciencias Económicas, junto a Vernon Smith, en reconocimiento a la integración de aspectos de la investigación psicológica en la ciencia económica, especialmente en lo que respecta al juicio humano y la toma de decisiones bajo incertidumbre.

[6]             Click Report, Febrero 2020, www.clickresearch.ec

[7]             Ibidem.

[8]             Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo, Diciembre de 2017.

[9]             Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo, Diciembre de 2019.

[10]           Banco Central del Ecuador, Estudio Mensual de Opinión Empresarial, enero 2020, https://contenido.bce.fin.ec/documentos/PublicacionesNotas/Catalogo/Encuestas/EOE/eoe202001.pdf

[11]           Ibidem.

[12]           Ibidem.

[13]           Ver, https://www.elcomercio.com/actualidad/ecuador-retirada-gradual-subsidios-combustibles.html

[14]           Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, Estadísticas de Seguridad Integral. Delitos de Mayor Connotación Psicosocial, Diciembre de 2019.

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