Por Pedro Pierre.

Dos acontecimientos han marcado esta quincena de noviembre al nivel nacional y latinoamericano: la conmemoración reducida de nuestros difuntos y la victoria electoral en Bolivia del partido del ex presidente Evo Morales destituido hace un año por un golpe de Estado. En cuanto a las ceremonias tradicionales en torno a nuestros difuntos, la pandemia las ha perturbado bastante. Fue la oportunidad que nos invita a repensar el sentido de la vida, de la muerte y de la resurrección. En Bolivia la victoria electoral y el regreso al país de Evo Morales han sido festejados a lo grande: fue la celebración de la muerte y resurrección de un pueblo postergado y atropellado por los fascistas de siempre, nacionales e internacionales. La historia da vueltas, pero sigue su camino…: la maldad no es su destino.

VIDA ANTES Y DESPUÉS DE LA MUERTE

¿Quién no tiene, mucho o poco, miedo frente a la muerte, en particular la muerte propia? La pandemia y su cercanía mortal para todas y todos, la payasada de Halloween que quiere disimular la presencia de la muerte, nuestras visitas a los cementerios, este año más limitadas, y los años que pasan… nos obligan a mirar la muerte de manera más razonada y creyente para enfrentarla y prepararnos a ella de la mejor manera, es decir viviendo y amando en plenitud.

Razonablemente, vida y muerte van siempre juntas. Nuestro cuerpo es un proceso permanente de células que mueren mientras otras nacen para mantenernos con vida. Para alimentarnos absorbemos la vida de otros seres principalmente vegetales y lastimosamente animales ‘muertos’. Digo ‘lastimosamente’ porque descubrimos que la carne es dañina tanto para las personas, como para el medio ambiente, sin olvidar el maltrato a los animales que sacrificamos ‘inhumanamente’ a nuestros apetitos alimenticios. Por eso aumenta el número de personas y de asociaciones que dejan de comer carne y fomentan un consumo más sano y respetuoso de los animales y la naturaleza. Gandhi decía que “comer carne nos hace violentos” por asimilamos la violencia con la que se mata a los animales que comemos, además de las ‘torturas’ que les hacemos pasar con criarlos encerrados y engordados químicamente y a la fuerza. Además nuestra dentadura tiene sólo 4 dientes caninos -la cuarta parte de nuestros 32 dientes- que nos recuerdan cuál es el límite del consumo de carne, o sea, una vez cada 8 días. Así habla ‘la naturaleza’, a la que bien poco caso hacemos… ¡Por eso “morimos antes de tiempo”!

Razonablemente, todas y todos estamos hechos para vivir más allá de la muerte. Somos a través de nuestros padres una encarnación de la Vida, una expresión materializada del Amor. Por eso que la vida no nos pertenece: nosotros pertenecemos a la Vida y al Amor. Nuestra existencia tiene sentido cuando hacemos crecer la vida y el amor: eso es nuestro destino. La muerte no es más que el abrazo de la Vida y del Amor más plenos: Estallan, quieren estallar la Vida y el Amor en nosotros sin frontera ni límite: Volvemos de dónde venimos, más grandes por lo que hemos vivido de bonito, fraterno y verdadero. La muerte es otro nacimiento, otro parto doloroso y glorioso a la vez.

Razonablemente, “¡Hay muertos que nunca mueren!”. Así decimos de grandes personajes que nos acompañan a lo largo de los siglos, de parientes y amigos que están con nosotros a lo largo de nuestras vidas y sobre todo a lo largo de nuestras luchas por la vida, por más vida y más amor, luchas por la vida personal, la vida de los demás, en particular de las víctimas de toda clase de atropellos, y por la vida de la naturaleza. Nos acompañan estos ‘muertos que no mueren’, como el Che Guevara y Mahatma Gandhi, Luther King y Buda, Berta Cáceres y Domitila Barrios, Tránsito Amaguaña y Chico Méndez, etc.: “Santos” que nos están en el calendario. Y un tal Jesús de Nazaret. ¿Los hemos festejado el pasado 1 de noviembre, en la fiesta de todos los santos?

Religiosamente, parece que la creencia en la vida después de la muerte es tan antigua como el ser humano, por los restos de ritos y de pinturas antiguas que descubrimos de nuestros ancestros. Uno de estos ritos han conservado todas las religiones: es la vela que acompaña a los difuntos en su velada, entierro y recuerdo. Pues la ‘muerte’ de la vela permite la ‘vida’ de la llama: ¡Qué linda representación de la resurrección! Lo mismo pasa con ‘El amor es más fuerte que la muerte’, tema de tantas canciones y significado del abrazo en la muerte de “los amantes de Sumpa” en la península de Santa Elena, descubiertos abrazados ‘eternamente’ después de la muerte, debida según parece a algún cataclismo natural.

Religiosamente, ¿cómo no ‘adorar’ el cosmos cuya belleza nos delecta con las fotos de las galaxias tomadas por los satélites mandados a millones de kilómetros de nuestro planeta? Nos revelan la creación en marcha, la fuerza impresionante de las estrellas y las nubes de gases antes de que se condensen en materia. Somos ‘polvo’ de estas estrellas: vida de esta vida, belleza esta magia inconmensurable, amor que anida en esta cuna universal. Eso no puede morir, más bien se dinamiza y se eterniza en nosotras y nosotros. Somos tan minúsculos y tan grandes a la vez, frágiles e inmortales al mismo tiempo.

Dejémonos envolver por esta inmensa capacidad de vida, de amor, de creación, de belleza que está sembrada en nosotros, para compartirla, multiplicarla, celebrarla… hasta decir, con Francisco de Asís: “¡Aquí estoy hermana Muerte!” para dejarnos llevar hacia más plenitud de vida, amor, creación, belleza y felicidad. Aprendamos a celebrar esta nueva creación que gozan nuestros difuntos y a mirarla más allá de la muerte porque es la gran puerta hacia más y mejor que hoy. Cultivemos esta ‘muestra de divinidad’ que comenzamos a vivir hoy y que estallará mañana… a la manera, para los cristianos, de Jesús de Nazaret, modelo del Hombre nuevo y de la Mujer digna. A eso nos invita el papa Francisca en su última carta: construir “una Hermandad universal mediante la fraternidad sin frontera, la amistad social y el amor político”.

BOLIVIA QUERIDA Y FELIZ

¡Gracias, Bolivia querida, por tu victoria en las recientes elecciones presidenciales y legislativas! Bolivia valiente, digna, democrática, latinoamericana, pluricultural. Volviste a poner en su lugar a quienes, durante 17 años, te habían sacado de la pobreza secular, la explotación racista, la dominación criolla, el despojo gringo. Tu victoria resplandece sobre la arrogancia de los poderosos, el fascismo del imperio, el fracaso de las Iglesias católicas y evangélicas.

Durante un año los poderosos te robaron la democracia para llenarse del dinero de todos y empobrecer las grandes mayorías populares. Persiguieron, apresaron, exiliaron a quienes no les dejaban robar y desgastar a lo grande. Fracasó el imperio que quiere mantener a los pueblos de rodillas mediante el neoliberalismo y comprar a precio de gallina robada sus riquezas naturales. Perdió la jerarquía y el clero católicos, en su mayoría, que había vuelto a sentarse con los ricachones y despreciar la voluntad popular, ciegos a los ‘signos de los tiempos’, despreciando a los pobres, su sabiduría ancestral y su construcción del Reino, desde la cosmovisión indígena del Bien Vivir. Se rechazó las pretensiones evangélicas de construir una sociedad sectaria desde las interpretaciones fundamentalistas e interesadas de la Biblia: ‘Dios en el pecho y el demonio en los hechos’.

Al votar mayoritariamente por el partido del gobierno de Evo Morales, el pueblo de Bolivia está en sintonía con el papa Francisco que dice: “No podemos esperar que el modelo económico que está en la base de un desarrollo injusto e insostenible resuelva nuestros problemas”. Su recién carta encíclica aporta una visión poderosa y urgente para la renovación moral de la política y las estructuras políticas y económicas desde un nivel local hasta un nivel global, llamándonos a construir un futuro común que realmente sirva para el bienestar de todos los seres humanos y el despliegue de la naturaleza.

Ecuador va por el mismo camino que Bolivia, después de 3 años y medio de un gobierno de traición y saqueo, asesorado por la embajada gringa y el FMI (Fondo Monetario Internacional). Sigue el mismo libreto que siguió, durante un año, el gobierno de facto de Bolivia y sus secuaces. En las próximas elecciones presidenciales y legislativas ganará -todas las encuestas lo corroboran- en primera vuelta, como en Bolivia, el partido del gobierno anterior de la Revolución Ciudadana. Ni 3 años y medio de odio constante amplificado por los Medios de Comunicación comerciales, ni las persecuciones tenaces, los apresamientos ilegales o amarrados de antemano, los exilios forzados, la supresión de la libertad de expresión y cuantas fechorías más no han podido controlar la elección popular y la fidelidad a un proyecto política que trajo muchos beneficios a la mayoría de la población.

Como en Bolivia, la jerarquía católica y las iglesias evangélicas apostaron por el perdedor y el equivocado: no quieren ver que el Reino pasa por las luchas de los pobres para su bienestar y protagonismo. Los evangélicos se quedaron el Antiguo Testamento como que si no llegara a Jesucristo y su proyecto de liberación integral: quieren conservar el control de las almas y sacar beneficios personales. Igual hace la mayoría del clero católico: en vez de escuchar al papa Francisco prefieren conservar las ventajas de poder y privilegios de la cristiandad que falleció con el Concilio Vaticano 2° de hace 50 años. Con estas próximas elecciones, el pueblo les va a dar las espaldas, porque la historia no hace marcha atrás y, ahora cada vez más, son los pobres que marcan el camino, tal como testificó Jesús de Nazaret.

En Ecuador se está desenmascarando a los falsos profetas del neoliberalismo y a sus cómplices. Las nuevas izquierdas abandonaron la visión burguesa e infantil de un socialismo de escritorio. Están apostando por las organizaciones sociales que se están organizando nacionalmente en la UNES (Unión por la Esperanza) que apoyan el binomio presidencial Araúz-Rabascal de la lista 1. El mundo indígena busca su camino en medio de las muchas ruinas de 5 siglos de colonialismo político, económico, cultural y religioso. Sufre por la miseria de la mayoría de su población, la corrupción de un número significativo de sus dirigentes en la CONAIE y Pachakutik, los destrozos que causa actualmente la contracultura del consumismo en las generaciones jóvenes. Creo firmemente que este vía crucis del cual todos somos bastantes cómplices, terminará en la resurrección de su proyecto de Bien Vivir para el bien de todos y de toda la Humanidad.

Estados Unidos acaba de despedir el peor presidente de su historia en la persona de Donald Trump. Cerraron por equivocado y destrozador el camino del racismo, la prepotencia, la fuerza bruta, la violencia guerrera, el desprecio a la mujer, la desprotección a la naturaleza y a la salud y a cuántas barbaridades más. Tal vez sean las mujeres norteamericanas que devolverán el rumbo correcto a Estados Unidos; pues van tomando cada vez más protagonismo en las instancias estatales de gobierno.

Ayudémonos a ser orgullosos de Bolivia, de nuestra cosmovisión, de nuestras utopías y de nuestras capacidades como pueblo ecuatoriano. No nos faltan héroes ni mártires. Sólo hay que ponernos en su camino y seguir sus huellas. Otros pueblos latinoamericanos están siguiendo el ejemplo boliviano. Muerte y resurrección son el motor de la historia y de nuestras vidas. Entremos decididos en esta dinámica de vida, de fraternidad y de felicidad.

Por Editor