Por Natacha Reyes
Diez millones de vistas en vivo y en directo, probablemente el doble de reproducciones. La falta
de pudor político se reflejó la noche del 23 de marzo de 2025, cuando Daniel Noboa, el heredero
de un emporio con 75 años de vida, destruyó la imagen de sus empresas al reconocer que su
familia tuvo vínculos con el narcotráfico según indagaciones fiscales. “No soy yo, es mi familia”.
Denigrándola, quiso aplacar a su contrincante, sin saber que no siempre el ataque es la mejor
defensa.
Hijo de la generación que creció con video juegos, títeres televisados y redes sociales, el
primogénito de sus adinerados papás y mimado de la tía rica, creyó que el debate presidencial
era parte de un juego en el que leyendo un libreto creado por sus asesores, podía ganar a su
contrincante.
La meta: a Luisa González debía ponerla en su puesto, como subordinada. Una de las formas
sería denigrarla no solo por ser mujer, lo cual es su hábito, sino por provenir del campo y de
clase trabajadora.
Adela Cortina, la creadora del concepto de “aporofobia”, -es decir el odio al pobre, al
desfavorecido- tendría en ese debate un claro ejemplo del menosprecio desde el adinerado
hacia quien se sostiene por sus propios medios.
Daniel Noboa quiso denigrarla por haber sido servidora pública y de elección popular, y no
“generadora de empleo”. Olvidó señalar que él también lo era esa noche, como mandatario,
pero que a diferencia de ella, Noboa desde que asumió la presidencia ejerce el poder público
para beneficiar a los intereses de su clase.
Como mujer empoderada, Luisa González, solo diez años mayor, le mostró que pertenece a la
mayoría de la población y no a una élite acaparadora, sin proyecto nacional.
Orgullosa por su paso por el servicio público, por ser madre soltera y autónoma
económicamente, reprochó no solo la agresividad e irrespeto del presidente-candidato, sino su
hábito de romper las reglas del juego democrático: la familia Noboa no paga impuestos. ADN,
su partido, tiene a la cabeza a alguien denunciado por narcotráfico, y para remate, no obedece
las normas electorales.
En segundos se evidenció quien es creíble y quién no. González no solo se tomó con fuerza el
centro del tablero, sino que le enseñó al heredero que en el ajedrez, cuando la dama corona, se
acaba el juego por jaque mate. Aunque seas el hijo del rey.

Por RK