Por Consuelo Ahumada 

Con semejante escenario internacional, podemos entender mejor la disputa por el poder en Colombia, entre el gobierno de Petro y la ultraderecha de Uribe.

La profunda crisis de la globalización neoliberal sigue generando desesperanza e incertidumbre, en especial entre las juventudes, al tiempo que propicia el fortalecimiento de la ultraderecha en el mundo entero.

El pasado 19 de mayo, algunas de sus figuras más connotadas se reunieron en la convención Europa Viva 24, realizada en el palacio de Vistalegre en Madrid. Convocadas por Vox, buscaban ambientar su avance en las próximas elecciones del Parlamento Europeo, y, por supuesto, afianzar su postura y sus conexiones internacionales.

Fue un evento multitudinario y tenebroso, lleno de jóvenes, que emulaba las huestes fascistas de los años 30. Se escucharon cánticos degradantes contra Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez. Muy propio de los ultras denigrar de la mujer y atacar lo que llaman la “ideología de género”.

Intervinieron, entre otros, Giorgia Meloni, de Italia; Marine Le Pen, de Francia; Viktor Orban, de Hungría, Amichai Chicli, ministro de la diáspora y de igualdad social de Israel.

Pero quien se robó el show fue Javier Milei. Más allá de sus sandeces y excentricidades, sus afirmaciones son indicativas de las tendencias de la época. Reflejan lo que ha pretendido hacer su gobierno en 5 meses: desmantelar el Estado social de derecho en Argentina. En sus propias palabras, el ajuste más grande y abrupto de la historia humana.  

“La justicia social es aberrante”; “los impuestos son un robo”; ha proclamado en otras ocasiones. “La redistribución de la riqueza se basa en el resentimiento y la envidia de los que menos tienen frente a los que están ganando plata, los verdaderos héroes”, reiteró allí.

Se autoproclamó “humilde divulgador” de las ideas de la libertad, encargado de librar la batalla cultural por Occidente. En entrevista posterior, convocó a la unidad de las derechas, por encima de sus diferencias, para que no gane el enemigo, “el maldito y cancerígeno socialismo”, el “lado oscuro, negro, satánico, espantoso, atroz”.

En medio del despliegue de banderas de Israel, no faltaron vivas a su presidente genocida.

No se trató, entonces, de un evento despreciable, pasajero, como pretendieron algunos medios. El mundo se inclina cada vez más rápido hacia dichas posturas. El genocidio del pueblo palestino cumplió 7 meses, sin que nadie ni nada lo detengan. El triunfo de Trump en las próximas elecciones parece inminente.

Para quienes insisten en que cualquiera que gane da igual, hagamos memoria. Su primer gobierno propició el fortalecimiento de dicha tendencia tan regresiva, con sus rasgos característicos: misoginia sin límite; racismo, xenofobia, supremacismo blanco, homofobia, negacionismo, fundamentalismo religioso. Y, muy importante, postura decidida a favor del gran capital y de la guerra.


Trump apoyó a la extrema derecha en todo el continente, propició su coordinación y organización desde La Florida


Trump apoyó a la extrema derecha en todo el continente, propició su coordinación y organización desde La Florida: Incrementó el bloqueo a Cuba, el cerco a Venezuela y a los demás gobiernos progresistas.

Con semejante escenario internacional, podemos entender mejor la disputa por el poder en Colombia, entre el gobierno de Gustavo Petro y quienes conspiran desde diversos campos y orillas para derrocarlo, impedir su gobernabilidad y/o sabotear sus reformas estratégicas.

Además de los rasgos antes señalados, en el país la extrema derecha tiene otras particularidades. Durante las dos últimas décadas ha sido comandada por el expresidente Álvaro Uribe. Una figura de estirpe rural, en declive, hoy por fin al borde de ser sentenciado por la Justicia. Pero todavía con mucho poder dañino.

Su oposición a la paz, su alianza probada con mafiosos y paramilitares y con núcleos del poder militar es bien conocida, así como su responsabilidad en crímenes estatales. Su motosierra es más siniestra que la de Milei.

Las expresiones de esta tendencia en las FF. MM. representan un grave peligro. Si bien Petro hizo una depuración importante de sus altos mandos y obligó a muchos al retiro, los Zapateiros, siguen ahí orondos, conspirando. Sus amenazas son cada vez más retadoras. Hoy protestan porque el Hospital Militar atiende a los desmovilizados. Desde el Congreso sus voceros amenazan con represalias.

Por ello, las recientes afirmaciones del dueño del Ubérrimo en dos universidades del país no podían pasar inadvertidas para el presidente ni para las fuerzas democráticas.  

Uribe lanzó fuertes críticas sobre la situación de orden público. “Lo peor de las FF. AA. es quedarse quietas por orden de un gobierno (…) No puede ser que de un lado el Gobierno esté promoviendo una lucha popular armada, y del otro lado las FF. AA. se tengan que abstener de proteger a los colombianos”, señaló, a propósito de las mesas de diálogo con la guerrilla y de una supuesta pasividad del gobierno frente a estos grupos, en los que insisten los medios.

Y agregó: “El ejército está debilitado y las guardias indígenas están fortalecidas”. Claramente, los incitó a alzarse en armas contra el orden, a desobedecer al Presidente.

Como señaló en reciente columna, Gutiérrez Sanín: “Uribe es un tramposo. Incita y sugiere, pero deja que los demás hagan el trabajo sucio”. Y le pregunta a la guerrilla, que insiste en desconocer el momento que se vive: “¿de veras quieren servir al proyecto de Uribe, a través de continuas provocaciones? ¿No les dice algo esta absurda venenosa coincidencia? No más asesinatos de policías y soldados, no más ataques a la población civil”.

Hace uno días, la representante uribista de la Florida, María Elvira Salazar, indagó al Secretario Blinken sobre qué hará la administración Biden si Petro sigue empeñado en cambiar la Constitución colombiana para mantenerse en el poder. Con ello, hizo un llamado a intervenir en Colombia, que por lo demás no es nuevo de parte del Centro Democrático.

En Colombia el uribismo, además de su ideología extrema, pugna por el control territorial, tiene vínculos con el narcotráfico e intereses en el conflicto armado. No se puede despreciar ni minimizar su intención de derrocar al presidente o atentar contra su vida.  

Como en el resto del mundo, aquí la ultraderecha intenta consolidar su proyecto neofascista. Entre tanto, a muchas personas les obsesiona la supuesta improvisación de Petro en su esfuerzo enorme por transformar el país.                      

Por RK