Por Juan Montaño Escobar
“…hasta que el rudo embajador Mac Queen le replicó que ya no
estamos en condiciones de discutir, excelencia,
el régimen no estaba sostenido
por la esperanza ni por el conformismo,
ni siquiera por el terror, sino por la pura
inercia de una desilusión antigua e irreparable,
salga a la calle y mírele la cara
a la verdad, excelencia, estamos en la curva final,
o vienen los infantes o nos
llevamos el mar,..”[1]
El otoño del patriarca, Gabriel García Márquez
La frase ha perdido su radicalismo emocional. ¿Será para siempre o se dulcificó la insatisfacción de su significado? Dudas plásticas, porque cómo saber que solo es accidente temporal en la justa rebeldía política de la mayoría de la gente latinoamericana. Eso creemos, que los descontentos con el abuso imperial somos más. Es comprensible que las evidencias colonialistas sean ignoradas por la mayordomía gobernante a pesar de que es brutal su peso ideológico y hasta parece físico. Más dudas. ¿Son acaso malos tiempos para la inconformidad recargada? O se creería que se aligera el peso histórico de algunas sentencias fraseológicas como esta, muy necesaria, por estos días: “No somos el patio trasero de los Estados Unidos”. O desde un legítimo nacionalismo: “ni de los gringos”. O preciso como un teorema de la historia: “ni de este imperialismo”. Fastidian las dudas de las izquierdas, porque aquellas en los dichos completan la pasividad de los pueblos. Quizás hay una búsqueda acelerada de un lenguaje más motivador de los espíritus enfermos de conformismo, quizás perdemos las batallas cognitivas en la jungla mediática-educativa, quizás nuestras dudas son saldos en contra en el know how radical con la diversidad cultural o quizás el conservadurismo ha desmotivado a determinados grupos sociales cercanos a las izquierdas. Dudas y más dudas solo para adaptarnos a estos tiempos. La derecha se metamorfosea con éxitos y sin quebrantos anímicos. Y auspicia jubilosa la existencia precaria de nuestros países como patios traseros. ¿’Patios’ y ‘traseros’? ¡Hum!
Hasta entonces, una diplomacia gaseosa desaparecía la evidencia de ser el patio posterior, y más con el servilismo gradual de las derechas americanas. Unas vergonzosas y otras vergonzantes. Y en eso no llegó Fidel, pero sí Donald J. Trump y dijo aquello que piensan por allá, en la casona imperial: “Tuvimos una reunión y dije: ‘¿Por qué solo aceptamos gente de países de mierda? ¿Por qué no podemos aceptar gente de Noruega o Suecia?’”[2] ¿Incluiría a todos los países del patio de atrás? La respuesta estaría o está en el servilismo atroz de las derechas. La casona imperial es creación de los patricios del patio posterior, parafraseando a Frantz Fanon, en su referencia a Europa. Nunca como ahora es válida la analogía de los países americanos, omitiendo excepciones por nuestra admiración, con un patio detrás de la casona imperial. Es válida por el dominio racial (cultural) e imperial (económico y político). Ahora ya no son solo los cuerpos, sin pretensión absolutista, es la mente de los habitantes del corral trasero. Es ese pretendido convencimiento que somos de inferior categoría humana para que los habitantes de la casona señorial sean los dueños absolutos de toda vida material y vida espiritual. Y malditos aquellos países, sus organizaciones y líderes, que no se sometan. Mientras tanto, nuestras izquierdas, por estos días, andan flojitas transitando los caminitos mínimos del espacio trasero. Por supuesto, que hay excepciones que no temen los calificativos creados para abatir el cimarronismo necesario y sustituirlo por el Tío-Tomismo simplón y derechoso. ¡Ja! Este escribidor se incluye entre aquello que vienen (y cabreados) de regreso de las etiquetas desmotivadoras: castro-chavista, correísta, socialista trasnochado y demás necedades.
¿Cómo la ve el izquierdismo cimarrón ahora mismo? Donald J. Trump, el Orange president como se bromea en las esquinas del humor estadounidense, pretende devolvernos, a nuestros países y sus gentes, a aquellos siglos de plantación con sus concecuencias deshumanizadoras. Y dice él y su gallada que tienen con qué. “Somos una superpotencia y bajo el mandato del presidente Trump nos comportaremos como tal. Es absurdo que permitamos que una nación en nuestro propio patio trasero se convierta en proveedora de recursos para nuestros adversarios, pero no para nosotros”[3]. Dichos de Stephen Miller, asesor de Seguridad Nacional, en CNN. Con ese proverbial descaro continuó: “Estamos al mando porque tenemos al ejército de los Estados Unidos estacionado fuera del país. Nosotros establecemos los términos y condiciones”. ¿Qué? ¿Eso cree? ¡Mensaje para los patio-traseristas más empedernidos! Sin embargo, por mucha algoritmia embolatadora siempre, cree este jazzman, habrá restos de dignidad en millones de mujeres y hombres de la diversidad americana que perseverán en su cimarronismo anti servidumbre sigloventiunezca. De acuerdo, aun hay un carajal de presidentes mayorales.
Muy de acuerdo: el imperialismo gringo actual es la fase superior depredatoria del capitalismo. Es depredador con todos los sinónimos, sin faltar uno. La depredación además de ambiental es racial, impuesta a través el poder mediático y la predisposición sumisa de las derechas gobernantes o en busca del gobierno. Esta racialización no solo es biogeográfica también es económica, según la cantidad de bienes minerales monetizables del país. Por estos días el país de arranche y sometimiento es Venezuela, por ahora es el único país, no sé si incluir a Argentina y Ecuador con sus Gobiernos palanganos. En el sometimiento voluntario, por favor. Y eso que no pertenecen al grupo de países donde viven las razas superiores. ¿O este jazzman se equivoca? La clase política estadounidense sabe, intuye o columbra esta decadencia imperial y que es inexorable. Para el imperio estadounidense es imperioso brutalizar el patio trasero, es posible que al inicio sea exitoso (ocurrió con Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la asambleista Cilia Flores), encuentran y encontrarán decadencias paradójicas (Milei, Noboa, Kast y algunos más), pero la decrepitud continuará, importa poco si es lenta o acelerada.
Si las comunidades americanas, en su diversidad cultural, reconstituyen el cimarronismo político, en estas condiciones de elocuentes y asombrosas falsedades y por lo mismo sorprendentes porque trastocan los procesos cognitivos de millones de personas, sería la mayor defensa del humanismo en lo conceptual y vivencial. O quizás, procediendo de acuerdo la cotidianidad, son tiempos para la sobrevivencia de las comunidades americanas y por la independencia efectiva de sus países, pero, sin dudas, desde la resistencia múltiple. La dignidad rebelde e inteligente de ser, por siempre, países respetables y no el patio culero de los Estados Unidos, porque no solo es la apropiación al braveo de los minerales también es la deshumanización de sus legítimos dueños; está en el paquete ideológico de la subestimación por el encanto de la dominación política y cultural. Neoesclavización. “En todas partes, las personas se ven reducidas a juguetes de una clase dominante experta en trastocar los valores y convertir el delito en un acto loable y la mentira descarada en dogma”[4]. No es leninista o guevarista, pero vale. Ahora mismo y dicho en alta voz para que sobren las dudas: el dogma imperial es que nuestros países ya son el patio trasero. Cuál es la respuesta a esta pregunta: ¿es aceptable esa indignidad?
[1] ElOtonoDelPatriarca-GabrielGarciaMarquez.pdf – Google Drive
[2] La Nación, de Argentina, formato digital, del 11 de diciembre de 2025, 14:42.
[3] ¿Cuál es la estrategia del Gobierno de Estados Unidos en Venezuela?, Seymour Hersh. Tomado de https://rebelion.org/cual-es-la-estrategia-del-gobierno-de-estados-unidos-en-venezuela/
[4] Ha llegado la hora de desamericanizar el mundo, Pankaj Mishra, El País, de España, edición digital del 17 ENE 2026 – 23:30 ECT.
