Por Pedro Pierre

Conocemos la canción: “El mundo está cambiando y cambiará más”. Así está pasando en estos días. Los ‘dioses’ del deporte y de la música, las divas o ‘divinidades’ de la moda y del cine están llenando los estadios y pantallas de televisión o de laptop… sustituyendo el Dios de las devociones y de las religiones. ¿Será para el bienestar y la dignidad de todos? Eso depende del camino y de los criterios que elegimos. ¡Messi acumula millones en París y los pobres se mueren por… millones!

CELEBRACIONES MULTITUDINARIAS

A todos nos gustan las fiestas y cuando más numerosos, mejor… Buscamos el gozo de fiestas multitudinarias. ¿Qué esconden esta poderosa atracción? Nos ha llamado la atención la acogida multitudinaria a Leonel Messi en el club de futbol parisino. También nos han llamado las cifras multimillonarias de su “compra y venta” y las otras compras millonarias de compra y venta de gorras y camisetas. Los periódicos, la televisión y las redes sociales se han llenado de calificativos desmesurados: el ídolo de la cancha, los milagros de los goles, la liturgia del estadio, la devoción fanática, la comunión espiritual, la alegría celestial, el dios rey del olimpo futbol, la fiesta divina, el culta de las prendas-reliquias, la copa santificada, la gloria de la victoria, la magia del éxtasis… Parece que “tocamos el cielo con el dedo” …  mientras estas divinizaciones nos reducen a nuestra talla menos humana.

En otras latitudes Haití llora sus 2,000 muertos por un fuerte terremoto y soporta un duro huracán, en Etiopía y Yemen pasan unas hambrunas terribles, Palestina entierra nuevas gentes asesinadas por Israel, en Ecuador los despidos nos cesan, en el mar Mediterráneo sigue el cementerio de los migrantes, África se hunde en la miseria por el coronavirus, la selva brasileña arde sin parar, los glaciares se derritan irremediablemente… Catástrofes todas causados por la inconsciencia, irresponsabilidad y complicidad de nosotros mismos los humanos de todos los continentes. Nos dicen: “¡Recemos… Compartamos!” … Pero, “¡No basta rezar! ¡No basta compartir! ¡No basta llorar! ¡No hasta criticar!” O miramos el futbol para olvidar todas estas tragedias.

¿Cuánto tiempo necesitaremos para darnos cuenta que todo está ligado e interconectado, que todos somos interdependientes no sólo entre los humanos sino también con la naturaleza? No hay más que una sola casa común; el cosmos es nuestro gran hogar. Pero ¿por dónde va el camino de los humanos, de la vida, de la tierra?… O nos limitamos a repetir la frase bíblica: “¡Todo es vanidad!” … sólo valer el placer inmediato, pasajero e individualista, cualquier sea su precio.

Las fiestas multitudinarias son necesarias: las del futbol, las de la música, las de las revoluciones alcanzadas, las de las Jornadas Mundiales de la Juventudes, las que celebran las victorias logradas al nivel local, nacional, continental y mundial… pero no tienen que olvidar el precio a pagar ni los criterios a respetar.

La religión está inscrita en nuestro ADN, en nuestra esencia humana y en la dinámica de la naturaleza y del cosmos. Hay un más en nuestra identidad que nos escapa; hay una realidad superior que nos atrae. El individualismo no es nuestro destino, sino la hermandad universal, la armonía con el cosmos y la comunión con el cosmos. Mas importante que la religión, es la espiritualidad que nos habita a todos. Somos “polvo de estrellas” pero no para ‘estrellarnos’ en una existencia de tercera o cuarta categoría.

Es una existencia de cuarta categoría limitarnos a conseguir sólo dinero y bienes. Es una existencia de cuarta categoría encerrarnos en un individualismo que, en definitivo, es destructor. Es una existencia de cuarta categoría construir ídolos y divinidades que nos embragan por unos momentos, pero nos dejan más vacíos y perdidos que nunca. Con el paso de los años, ¿no será que nos encerramos en una ‘noche’ sin aurora próxima?

En todos los tiempos ha habido grandes personajes y felices acontecimientos que han reunido multitudes y las siguen reuniendo. ¿Quiénes y cuáles construyen la hermandad duradera y planetaria? ¿Quiénes y cuáles nos llevan hacia horizontes de trascendencia y espiritualidad? ¿Quiénes y cuáles hacen retroceder la miseria y crecer la dignidad? ¿Quiénes y cuáles derriban estructuras de muerte y de falsas ilusiones para sustituirlas por fuertes relaciones de fraternidad, justicia y belleza?

¿En qué cancha no encontramos? ¿Nos hemos puesto a pensar si nuestra familia construye la vida plena de todos sus miembros? ¿Nos lleva nuestra fe en Dios, en el hombre, en la vida, en el amor a dar la vida por más vida, a amar hasta lo absoluto, a comulgar con las más grandes causas de la humanidad? ¿Creemos en nosotros mismos, seguros de que somos capaces de lograr lo mejor, sabiendo que las luchas son cotidianas y que la verdadera felicidad está en estas luchas que nunca terminan, sino con el abrazo eterno de la vida que hemos soñado para todos y en plenitud?

Vivimos en un tiempo de metamorfosis, pero no vemos bien por dónde aparecerá la mariposa. Pero sí, sabemos que está apareciendo, que nuestras luchas y nuestras fiestas colaboran a la aparición y celebración de esta metamorfosis colectiva. Vamos hacia más democracia tanto en la sociedad como en la Iglesia.

MÁS DEMOCRACIA EN LA SOCIEDAD Y EN LA IGLESIA

El papa Francisco está democratizando la Iglesia utilizando una palabra ‘nueva’ que es tan ‘vieja’ como la historia de la Biblia y el sueño de la humanidad: la ‘sinodalidad’. Esta palabra significa ‘caminar juntos y a la par, en la igualdad y el compartir de las responsabilidades. En definitiva, es otro nombre de la democracia…

La ‘sinodalidad’ es el sueño de Abraham y Sara, su mujer. La novedad es que este sueño es primero social. Es la utopía de una vida fraterna entre todos, una sociedad sin dominadores, un compartir de tareas y de responsabilidades. Abraham y Sara dejaron su tierra, sus dioses y a los de su raza. Se trata de una ruptura social y cultural; solamente después toma una dimensión religiosa. Nuestra lectura fundamentalista de la Biblia nos la hace mirar como una historia religiosa cuando fue primero una experiencia social y cultural. Es en su nueva experiencia social y cultural que Abraham, Sara y su parentela hicieron la experiencia de una Dios único y amigo. Al no entender nosotros este proceso hemos dejado de leer la Biblia como la historia social, política, económica e ideológica de un pueblo del Medio Oriente. Por eso tenemos tanta dificultad para asumir la dimensión política de la fe cristiana.

Abraham y Sara vivieron en una época en que la esclavitud era la ley. Un rey controlaba un pequeño territorio, vivía en la ciudad y defendía a los campesinos de los invasores de tierras y los ladrones de rebaños. Como contrapartida los campesinos facilitaban al rey y su corte los alimentos y servicios que precisaban. La religión era la religión del rey: Proyectaba en el cielo la organización piramidal de la tierra con sus distintos niveles de poderes y privilegios.

Es contra esta organización esclavista e idólatra que Abraham, Sara y su parentela se rebelan En esta experiencia social intuyen a un Dios único y amigo de los humanos. Por estos motivos Abraham y Sara son una ‘bendición de Dios’: Su ruptura social, cultural y religiosa pasa a ser una alternativa tanto a la esclavitud social como a la falsedad religiosa de la época.

Sabemos que, después de varios siglos, el proyecto de Abraham y Sara fue interrumpido. Por una gran hambruna sus descendientes, para no desaparecer, tuvieron que migrar a Egipto y aceptar la esclavitud del rey llamado ‘faraón’ y su religión piramidal. Pero ya estaba sembrada la posibilidad de alternativas tanto al nivel social como religioso. El sueño de Abraham y Sara volvió a florecer en Moisés y Miriam que lograron sacar a sus hermanos de raza de la esclavitud de Egipto. Dieron al sueño de Abraham y Sara un triple objetivo: la libertad, o sea, la decisión de no ser más esclavos, la ‘equidad’, es decir la satisfacción de tener lo que cada uno necesita, y la democracia o participación en las decisiones colectivas: Es toda una organización social novedosa. La dimensión religiosa se manifiesta cuando deciden celebrar en el desierto el reconocimiento de la presencia amiga y liberadora del Dios de Abraham y Sara en medio de ellos. De allí nacen los ’10 mandamientos’ que son la institucionalización resumida del proyecto social, cultural y religioso del pueblo de Moisés. Esta celebración pasará a ser el comienzo ‘oficial’ del pueblo de Jesús, su fundación. La llamaron “la Pascua”, es decir, ‘el paso, el éxodo’ de la esclavitud a la libertad y a una organización en fraternidad, equidad, democracia y fe.

Con su llegada hace 2,000 años, Jesús confirmó esta opción social, cultural y religiosa de Abraham y Sara, continuada por Moisés y Miriam, las y los profetas y las y los sabios. Asumiendo este proyecto de sus antepasados, perfeccionándolo, Jesús lo llamó el Reino de Dios. Al llevarlo a un grado superior de humanidad y comunión con Dios, Jesús pasó a ser la máxima revelación y manifestación de Dios en los hechos, las personas y los pueblos. Lo vemos en presentación que Jesús hace de su misión cuando dice en Nazaret que “el Espíritu lo ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para despedir libres a los oprimidos y proclamar el año de la gracia del Señor”. “El año de la gracia del Señor es el cumplimiento de la hermandad universal hecha fraternidad, justicia, equidad y democracia, o sea, el Reino en su cumplimiento.

Los primeros cristianos retomaron este proyecto de vida plena para todos, de fraternidad manifestada en el compartir equitativo de bienes, de decisiones democráticas tomadas en Asamblea sinodal donde todos participaban.  En este actuar colectivo hicieron la experiencia de Jesús resucitado, imagen de un Dios amigo, liberador y trascendente en medio de ellos. Por eso decimos que “¡La vida es Palabra de Dios!” y a Jesús: “¡La vida es tu Palabra!” La historia del pueblo de Jesús contada en la Biblia pasa a ser el criterio de continuidad de este proyecto social, cultural y religioso comenzado por Abraham y Sara hace 4,000 años.

En estos tiempos de grandes cambios sociales y religiosos al nivel planetario es bueno reencontrar en la fe liberada de fundamentalismo un aliento para nuestras luchas sociales y religiosas hacia más democracia o sinodalidad. Es lo que se han propuesto el papa Francisco y muchedumbres que protestan por todo el orbe, hasta el don de la vida, contra un sistema de esclavitud, engaños, desigualdades, hambre y muerte. ¡La esperanza está más viva que nunca!

Sí, nuevos caminos se están abriendo, pero los demonios de siempre están al asecho de cada uno de nosotros y nosotras. Sepamos discernir en comunidad lo mejor para nosotros y para la naturaleza.

Por Editor