Perú, los Huaycos del neoliberalismo

Internacional|Luis Varese|

Huayco, quiere decir torrentada o avenida de agua torrentosa que, por la quebrada, trae rocas, troncos y se lleva lo que encuentra por delante.

Todos los años desde que tengo el recuerdo, dice Maruja, los huaycos arrasan con casas y gentes. Con el cambio climático, cada vez más casas y cada vez más gentes. Viviendas construidas en el borde del cauce seco del río, “donde nunca llueve”; casas a la orilla del Río Rímac que siempre crece, cada temporada; casas dentro de los lechos secos de los ríos donde desde años, tal vez centenares de años,  no pasa el agua, hasta el momento en que llega.

Qué tiene que ver el neoliberalismo con ello. Muchísimo. El Perú es la crema sublime del neoliberalismo y del libre mercado en América del Sur desde hace más de 30 años. En este país, todo se compra, todo se vende. La salud, la educación, la seguridad ciudadana, la justicia,  los permisos para construir, los alcaldes, los concejales, las invasiones de tierra; la inversión pública o la posibilidad de la inversión privada, el neoliberalismo sin Estado, el libre mercado elevado a la N potencia, el caos institucionalizado. Todo está a la venta y por lo tanto las quebradas y sus bordes. La previsión y la inversión del Estado, están fuera del guión del neoliberalismo y por supuesto quienes pagan son los pobres, porque los ricos no construyen al borde de la quebrada. Los muertos y las pérdidas los ponen los pobres, como siempre. Los noticieros nos muestran cómo el huayco se lleva, la cama que tanto  costó y el televisor o la refrigeradora que igual tendrá que continuar pagando y los comentarios del o la periodista, son alrededor de la tragedia, ninguno alrededor de la falta de previsión, o si lo hay es alrededor de un funcionario individual y no de un sistema que no funciona. El Estado no responde, el municipio no responde y por supuesto no existe un seguro para los pobres.

Todo ello es previsible ciertamente que sí y claro, que no el cien por ciento, pero sí en un altísimo porcentaje. Primero con el ordenamiento territorial, los permisos de construir, la obligatoria distancia de las quebradas y cauces de los ríos. Municipios sólidos con responsabilidad ante sus votantes. Leyes y sanciones para quienes otorgan los permisos o para quienes no los respetan. Luchar contra esas mafias de invasiones de tierra es deber del Estado en todos sus niveles.

Segundo, el manejo de las aguas de lluvia en las alturas con represas de previsión, donde sea posible, y que además servirán para el riego controlado y  aumentar las hectáreas de cultivo en la costa (que probable y desgraciadamente terminarán en manos de los hiper ricos).  En el Ecuador, a pocos centenares de metros de la frontera, el manejo de las aguas a través de represas multipropósitos, el gobierno del Presidente Rafael Correa logró evitar gran parte de esos desastres. Eso ocurre cuando se planifica y cuando el Gobierno es patriota y asume la responsabilidad de defender a la Patria y sus habitantes, en lugar de hipotecarla al interés extranjero.

Tercero la alerta temprana, sistemas comunitarios de alarmas y la organización ciudadana pueden evitar la innecesaria pérdida de vidas irrecuperables de mujeres, niñas, niños y hombres. Todo ello es previsible. La cultura andina, nuestras culturas amazónicas y los pueblos ancestrales de la costa tienen esa enorme riqueza organizativa que ni siquiera la codicia desmedida de la anti solidaridad capitalista ha logrado destruir del todo.

El Perú, durante 7 u 8 años, ha sido uno de los países con mayor crecimiento macroeconómico en el mundo. La política de concesiones, mineras, petroleras, forestales ha llenado los bolsillos de los más ricos extranjeros, transnacionales y nacionales. Ha creado ciertamente una clase media enriquecida también y sobre todo una clase política irresponsable, delincuencial y corrupta (de los últimos 5 Presidentes 4 están con juicios por corrupción Alan García, Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczinsky)  y uno está preso (Fujimori por corrupción y violación masiva de derechos humanos). Una importante Candidata a la Presidencia (Keiko Fujimori) también está en prisión preventiva por corrupción. El libre mercado llevado a su extremo caricaturesco y la exprofesa política de destrucción del Estado y de cualquier sistema de planificación, tiene resultados nefastos para un país, donde el número de marginados aumenta y el desorden urbano se evidencia en cualquier parte del territorio, salvo en la comunidades andinas más alejadas o en las comunidades amazónicas menos contaminadas. El alcalde de la Victoria, distrito de Lima Metropolitana, George Forsyth, gran arquero del Alianza Lima el equipo más popular y antiguo del Perú, está tratando  de poner orden en ese municipio. Para ello, tiene que caminar con 7 guardaespaldas, porque las mafias desde los que venden puestos de mercado hasta los traficantes de tierras y muchos otros que ni nos imaginamos, lo han amenazado de muerte a él y su familia. Forsyth no es socialista ni mucho menos, es un hombre responsable que ha decidido poner en orden el distrito que lo eligió. Ser honesto y político en el Perú es un gran riesgo, pero claro siempre hay un pueblo digno que sale a las calles en la lucha contra la corrupción. Todavía no hay un Movimiento amplio organizado, capaz de capitalizar esa lucha popular, pero hay dirigentes muy serias y serios que, esperemos, se encaminan hacia ello.

El Estado democrático y de servicio es combatido a muerte por el capitalismo voraz. La ofensiva contra las democracias populares de los últimos casi 20 años en América Latina, se ha desatado con formidable eficacia y en países con resultados económicos redistributivos, extraordinarios como Brasil, Argentina, Ecuador se han revertido los procesos. La mentira de un estado “inflado e inoperante” o de una falta de libertades empresariales o peor aún de prensa y empresa, han traído y traerán resultados trágicos para los pueblos. Los corsarios de la política, alquilados por los empresarios,  y los “analistas” pagados por los banqueros, hacen ver que la única alternativa es el acuerdo con el FMI. Acusan a la izquierda de ser “estatista”, pero se van a vivir a EEUU o Europa o mandan a sus hijos a estudiar allí, de donde aprenden todas las libertades del capitalismo, pero ninguna de las obligaciones, como el pago de impuestos por ejemplo o el  valor que tiene el estado regulador y de servicios en los países europeos.

Hoy el Gobierno del Perú ha cambiado de Primer Ministro.  El Presidente Vizcarra ha colocado a un hombre joven, que probablemente no tendrá la experiencia para enfrentarse a las mafias políticas. Ninguno, ni Vizcarra, ni el saliente Premier Villanueva, ni del Solar han pretendido cambiar el modelo de desarrollo neoliberal, pero sí se han visto, los dos primeros, en la necesidad de pensar y proponer un Estado proactivo y un Ejecutivo proactivo. Este joven Premier, cuya virtud es el diálogo, a decir de los entendidos, deberá enfrentarse con poderes mafiosos sumamente eficaces. Solamente el respaldo popular organizado y consolidado podrá hacer salir al Perú de la podredumbre política en la que está sumergido, las elecciones está a la vuelta de la esquina y la esperanza en una candidata capaz de aglutinar este Movimiento y capitalizar el descontento debe ser el objetivo de los sectores democráticos, progresistas y patrióticos, y lo pongo en femenino porque pienso que  ya es hora que el país sea gobernado por una mujer, con esas características. Vizcarra ha dado tímidos primeros pasos en la lucha contra la corrupción del Poder Judicial y el Congreso, ese proceso de acumulación de fuerzas debe ser respaldado y capitalizado, todos en Nuestramérica deseamos avances sustantivos para el Perú. El guante está tirado en la mesa. Ponerle apellido a los huaycos y llamarlos “Huaycos del Neoliberalismo”, no es una exageración ideologista, es una foto de una realidad terrible que debe y sobre todo puede ser transformada. Un movimiento amplio, con una izquierda democrática, inteligente, soberanista, que supere viejas taras y sobre todo con capacidad de unirse es la opción más deseable.