Por Luis Herrera Montero

La teatralidad continúa. Trump fue a la cumbre en China con un contingente de billonarios gringos. En su primer gobierno China fue considerada su principal enemigo: atacó Hawei sin contemplaciones. El plan trumpista era armar un bloque con Rusia, además de sumar a Europa. Dicho plan fue alentado por Biden, que prefirió cercar a Rusia y meter a Estados Unidos en ina guerra que terminó uniendo a Rusia con China.

 En los dos casos los armamentistas y petroleros presionan siempre con guerras como medip de enriquecimiento. Ahora Trump, bajo ese objetivo se fue contra Venezuela e Irán; en el primero le resultó facil secuestrar a Maduro y negociar el petróleo con el nuevo gobierno chavista; en el segundo él y Netanyahu han sufrido una derrota indiscutible. Sin el apoyo que exigía a Europa, continente que cierto dias envía disimuladamente  a contados portaviones y saca comunicados en favor de liberar a Ormuz y a poco declara en contra de Trump y la guerra, pues sus pérdidas por el control iraní del Estrecho de Ormuz son enormes y de gravedad, como también par Estados Unidos y el mundo, ya que no solo está afectado el 20% del petróleo mundial, sino también el gas licuado y una importante dotación de fertilizantes a la humanidad.

En definitiva, Trump ahora intenta aliarse a China para derrotar a Irán y para hacer lo que antes planeó con Rusia, pero Xi le dijo que EEUU es una sociedad decadente y que se debería evitar conflicto entre las dos potencias. Todo teatralidad pues las cosas no mejoraron un centímetro para Estados Unidos, al contrario, la reunión clave la hicieron los BRICS en la India, mientras Trump y sus acólitos se tomaban fotos en un escenario armado impecablemente por el partido comunista chino.

Es necesario detenerse en  lo que plantea el analista Jiang Xuequin, muy de moda hoy por la “Historia Predictiva” y su teoría de juegos. Según su enfoque Estados Unidos y China han creado una relación que se remonta a los diálogos entre Mao y Nixon. Obviamente que hoy conllevan nuevas connotaciones políticas, económicas y tecnológicas. Desde una perspectiva de auténtico platonismo, Jiang retoma el “Mito de la Caverna” y sobre esa base replantea el concepto de alucinación para referirse al poder capitalista transnacional y global bajo tales significados.  De este modo, aplica la alucinación también para caracterizar a la actual China.

El análisis cae en el idealismo de Platón, quien concebíar un Hiperuranio o mundo de las ideas como la verdad, mientras que a la existencia material, incluida la corporalidad humana, le asociaba a un mundo de apariencia insubstancial. En definitiva Jiang Xuequin, incurre en el mismo error de una postura idealista, cuando los poderes transnacionales y globales no son alucinación, sino una inapelable existencia que intenta legitimarse falseando lo real, enajenando la conciencia social, construyendo hegemonía que moldea el sentido común conforme los intereses de la clase dominante capitalista. Además de no dimensionar bien el conflicto sumamente realista entre Estados Unidos y China por la disputa hegemónica en la actualidad.

Hoy China lidera un sistema multipolar dentro del capitalismo. Mientras que Estados Unidos se proclama como un imperialismo totalitario que impone guerras genocidas a cualquier territorio que se niegue a reproducir su lógica autoritaria y unidimensional.  Los BRICS son en realidad una red de economías y regímenes políticos múltiple, no es la reconstrucción del bloque socialista de la Guerra Fría, pero representa un substituto ante la crisis prácticamente irreversible del capitalismo occidental en calidad de hegemónico. No cabe el concepto de alucinación.  

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