Por Luis Herrera Montero
En un texto anterior expuse el riesgo de una guerra termonuclear por el conflicto de Occidente con Rusia en territorio de Ucrania, que no puede reducirse en una confrontación binacional, por toda la historia geopolítica estructurada durante la Guerra Fria y que no dejó de tener proyecciones político-territoriales luego de la caída del bloque soviético. Esto es, el tema se resignificó en otras correlaciones de fuerza a nivel global, pero bajo el predominio de la unipolaridad del capitalismo occidental, liderado por Estados Unidos. El propósito de integrar a las naciones antes determinadas por el socialismo real, dentro de la dominación imperialista estadounidense, siempre se mantuvo en la mira de la política internacional imperialista. Entonces, la integración de Ucrania en la OTAN no fue una invención de Putin, sino una movida estratégica en la geopolítica recién mencionada. Cuando Rusia advirtió de este peligro, estaba anunciado una realidad de riesgo y supervivencia, muy bien explicada por Jonh Mearsheimer. Ante este peligro, la toma de Rusia de los territorios del Donbás, Jerson y la central nulear en Zaporiyia terminó siendo una obligación ante la posibilidad real de consolidar el cerco geopolítico de la OTAN. Esta arremetida del capitalismo occidental produjo una serie de sanciones a Rusia, destinadas a inmovilizarla económicamente y con estas la derrota político-militar; no obstante, lejos de tal consecuencia, la guerra reactivó la economía rusa a través de procesos industriales y tecnológicos de impacto masivo y, con este, la consolidación de una alianza de mutuo beneficio socioeconómico entre China y Rusia, que a la postre resultaría perjudicial para el capitalismo unipolar de Occidente y un innegable reforzamiento de los BRICS .
La guerra en Ucrania conllevó consecuencias negativas en la economía estadounidense y en su presupuesto fiscal, a causa de la gran dotación militar en Ucrania, que a la postre implicó desgastes en la popularidad de Biden, antecedente que aprovechó muy Trump, que ofreciera distanciarse del gobierno anterior, sobre todo en materia de la participación estadounidense en guerras; razón que explicara las ofertas de paz en el plan gubernamental trumpista, que se situara principalmente para Ucrania, que no contempló éxito alguno, a pesar de los distanciamientos de Trump. Ahora bien, estas extrañas ofertas de pacificación resultaron inauditamente contradictorias cuando el régimen trumpista, en actos totalmente por fuera del derecho internacional y con la condena mundial, incursionó inicialmente con la agresión a Venezuela y secuestro de Maduro, que sin desestructurar al chavismo en el control socio-estatal, sí le permitió controlar el petróleo venezolano, desatando además actos de piratería que complicaron cualquier iniciativa soberana de gobierno de Rodríguez de sostener sus acuerdos con los aliados estratégicos del BRICS. Sin embargo, debe considerarse que hubo una traición parcial que facilitó dicho secuestro; si bien el imperio controla el petróleo y obtuvo un trofeo con el apresamiento de Maduro y Flores, se afirma como parcial dado que no se desató una derrota estructural al chavismo, que cuenta con la presencia significativa en los poderes ejecutivo, legislativo y judicial de Venezuela, así como con el respaldo orgánico ciudadano, liderado por Diosdado Cabello; de este modo, en el escenario político se continua en el poder del Estado, ante una oposición sumamente debilitada y con un premio Novel sumamente cuestionado en su legitimidad. Desestimar la argumentación reciente, es lo que intenta la oposición conservadora y reaccionaria de Venezuela, que no logró convencer al régimen de Trump de posicionar en el Estado a este sector, a causa de su evidente debilidad política, que complicaría el escenario geopolítico. Las implicaciones de esta política de guerra y genocidio conllevaron, a su vez, severas críticas por parte del papa León XIV, quien fue también cuestionado indebidamente por Trump.
La gravedad de este incumplimiento de pacificación se tornó mucho más complejo en la agresión militar conjunta entre Israel y Estados Unidos en contra del régimen iraní. El propósito era producir un cambio de régimen y también la apropiación petrolera de la nación persa. A diferencia del caso venezolano, esta medida militar devino en una derrota que fuera anticipada por diversos expertos político-militares, que Trump y Netanyahu desmerecieron, seguramente por la presión de la clase dominante gringo-sionista o por propios convencimientos. Para ciertos analistas, la intervención militar contra Irán, fue un acto de disuasión por las implicaciones respecto a evidencias judiciales de abusos sexuales a menores de edad, directamente relacionados con el club Epstein, además de acusaciones de corrupción de miembros ligados al gobierno y a intereses del presidente Trump. En lugar de propiciarse un fortalecimiento de la oposición, que devenga en un cambio de régimen, se constató una indiscutible debilidad política para tal propósito; por el contrario, la tradición cultural y religiosa de la civilización persa se mostró claramente mayoritaria y con una capacidad de resistencia indoblegable. Ahora bien, no puede obviarse que la intervención en Irán, como las antes programadas en Irak, Libia y Siria, fueron concebidas y visualizadas hace décadas por la política internacional imperialista.
Analizar un acontecer de guerra, sumamente complejo, como el que se está desatando en contra de Irán, requiere de un esfuerzo de criticidad amplio e integral, que no necesariamente se cumple en muchos artículos y publicaciones actuales, sobre todo de aquellos que son funcionales a la lógica de falseamiento publicitario de la política imperialista[1] de Estados Unidos e Israel, su aliado en Medio Oriente. Mucha de esta desinformación mediática ha afirmado que el ataque imperialista gringo sionista ha destruido el 80% e incluso el 90% de la capacidad militar de Irán. Hasta el momento no saben explicar cómo las fuerzas iraníes continúan bombardeando masivamente a Israel y por qué no se ha logrado neutralizar a dichas fuerzas en el estrecho de Ormuz. La verdad es que no se cuenta con datos objetivos sobre el arsenal misiles y de drones, ya que estos se encuentran mayoritariamente debajo de la tierra en un espacio geográfico montañoso y rocoso, inaccesible para una intervención militar y, por tanto, para su destrucción.
Meterse en una guerra contra Irán está ya siendo, para Estados Unidos, un fenómeno equiparable al fracaso en la guerra de Vietnam, país en donde las resistencias político militares del Viet Cong alcanzaron un significativo triunfo. Hoy en Irán la agresión militar de Israel y Estados Unidos tiene el propósito único de cambiar el régimen de la república persa, liderada política y religiosamente por los Ayatolas. Los primeros bombardeos se ejecutaron mientras se negociaba sobre el programa nuclear iraní en junio de 2025, que desató una guerra de 12 días en un junio de 2025 y que constituyó una clara victoria de las fuerzas iranís, ya que la afectación de Israel fue de contundencia. De manera estúpida, el 28 de enero de 2026 se reproduce una nueva agresión militar, también cuando se desarrollaban nuevas negociaciones. En esta ocasión se produjo la más grande movilización de infraestructura y tecnología militar, con un inmenso poder de armas convencionales, de magnitudes incluso superiores a las en la Guerra del Golfo. Ha transcurrido algo más de un mes y los resultados son de mucha gravedad para el imperialismo gringo-sionista en Medio Oriente. En ese caso, la resistencia iraní ha impactado peligrosamente en 13 bases militares de Estados Unidos en la región y el reconocimiento del propio Trump sobre los daños ocasionados al portaviones Gerard Ford el más grande del mundo, aspecto que también pudo ocasionarse al Abraham Lincoln, debido a que sospechosamente huyó hacia el Océano Índigo. Hoy ante los impactos político militares de Irán, con el cierre del estrecho de Ormuz y el fracaso de las últimas negociaciones en Pakistán, las amenazas de Trump, abiertamente genocidas y en abierta sintonía con un crimen de guerra, quedaron sin sustento, dejando sus supuestos de victoria en claro entredicho. Lo claro es que Irán viene labrando con prolijidad estrategias de defensa en términos políticos, ideológicos y tecnológicos hace muchas décadas, cabalmente para contrarrestar las ofensivas imperialistas.
Dicha estrategia le está ya constando mucho en materia económica y tecnológica a la hegemonía occidental en su conjunto, pues la respuesta político militar de Irán ha sido mucho más impactante que su predecesora de junio de 2025. Diversidad de expertos-expertas , periodísticos, políticos y militares están avizorando la derrota imperialista y civilizatoria de Occidente luego de esta guerra. En este momento de conflictividad generalizada en Irán y de su irradiación a todo Medio Oriente, no procede alinearse con el imperialismo agresor, que por lo expuesto hasta el momento, no representa ninguna liberación democrática, mucho menos si se trata de impulsar el respeto a los derechos humanos de la población opositora y sus manifestaciones, incluso desde un falso feminismo. Si se hace una revisión exhaustiva de lo acontecido, las manifestaciones ampliamente minoritarias tomaron causes de violencia, por infiltración de agentes del MOSSAD y de la CIA, para la proclamación de un golpe de Estado que fue a tiempo desmantelado. En términos comparativos, las movilizaciones en favor del régimen liderado por los Ayatola, luego del asesinato de Alí Hoseiní Jameneí, llegaron a presencias multitudinarias en varias localidades del país; según cálculos respaldados con imágenes, el apoyo al régimen fácilmente superó el millón de participantes.
En términos históricos el capitalismo y sus dinámicas de control de las riquezas petroleras, como principal fuente energética de todo el sistema mundial capitalista, impuso a la sociedad iraní la presencia de empresas transnacionales estadounidenses e inglesas sobre su petróleo, a través de acuerdos para la exploración en 1901 y el inicio de la explotación en 1909. Este hecho perdió continuidad con un gobierno nacionalista en 1953. Ante este incómodo contexto para el imperialismo, los capitales transnacionales anglosajones apoyaron un impopular golpe de Estado dictatorial que duraría décadas y que fuera subordinado a los intereses transnacionales, principalmente, de Estados Unidos, el mismo que culminaría en 1979 con la revolución socio-religiosa lideradas por el Ayatola Homeini. No se intenta en lo más mínimo idealizar tal revolución, que instituyera un patriarcalismo religioso intolerante y autoritario, pero mucho menos se trata de satanizar al mismo para, en su lugar, legitimar la idealización del capitalismo estadounidense y su unipolar “democracia” genocida, que el pueblo iraní ha sabido despreciar.
Para comprender la agresión militar imperialista de Estados Unidos e Israel contra Irán, no caben interpretaciones paradigmáticas que la desvinculen de las dos Guerras Mundiales, que provocaron la emergencia de procesos genocidas desde 1914: unas dentro de los márgenes de sus propios territorios en Europa, con la fatalidad de dos guerras mundiales (15 a 20millones en la Primera Gerra Mundial y 50 a 85 millones en la Segunda Guerra Mundial), durante cuatro años cada una; otras en calidad de intervenciones de colonización, en regiones con mucho menos capacidad de respuesta militar. En términos de resistencia histórica, esta hegemonía guerrerista ha sido afectada por las respuestas de la Unión Soviética, China y Correa hasta los años de la década de los 50. Luego sucedió algo similar en términos de derrota, si se revisa los experimentos con armas de destrucción masiva y sus impactos también genocidas en variedad de territorios de Vietnam, en el período de 1955-1975 (según cálculos murieron aproximadamente 3 millones), que pese a la desigualdad tecnológica militar, las fuerzas
Durante las últimas décadas, la hegemonía unipolar, luego del fin del bloque soviético, se inventó un nuevo enemigo; el fanatismo religioso del islam, al cual combaten más por demonización de índole totalitaria, que por motivos para la erradicación de un supuesto riesgo para la humanidad en su conjunto. Las razones están direccionadas hacia el control económico-financiero y geopolítico posterior a la Guerra Fría, sobre todo, en el fortalecimiento regional del poder en Oriente Medio a través de Israel. Entonces, se produjeron bombardeos masivos e intervenciones con ejércitos de mayor capacidad tecnológica que la usada en Vietnam. Para el efecto, lograron el apoyo de contradictores en Afganistan, Libia y Siria; en el primer caso alejaron a los talibanes del poder, aunque sin sostenibilidad, porque posteriormente, ni bien abandonaron el territorio afgano, los talibanes de inmediato recuperaron el control territorial y social. En Libia y Siria, las transnacionales controlan el petróleo, mas no la estructura territorial, ya que en Libia se continúa en una guerra sin derroteros claros y en Siria la presencia de Turquía es fuerte y siempre inmanejable para la lógica de Occidente. En el caso de Irak, la guerra nunca ha terminado a pesar de la destitución y sentencia a muerte de Sadam Hussein; la población es mayoritariamente chiita y el control político militar ha sido imposible de consumar;, la población chiita ha estado en franco apoyo a las fuerzas iraníes, incluso se produjo recientemente una seria ruptura del gobierno iraquí con el imperialismo estadounidense, que hoy en día debe afrontar la revitalización de la Ruta de la Seda, liderada por China, que cuenta con el total apoyo de Irán.
La administración Trump, en definitiva, ha producido un desconcierto generalizado, sobre todo por la inestabilidad y paradojas improcedentes en sus pronunciamientos respecto de la guerra contra Irán. Ha llegado a sostener que ha destruido prácticamente a las fuerzas armadas iraníes; pero a poco de tales discursos, los bombardeos contra Israel han continuado siendo brutales y masivos. Quedó evidenciado que Trump solicitó la negociación, aunque sus discursos sostenían que Irán lo había solicitado, aspecto que fue desmentido por el gobierno iraní. Las negociaciones fueron otra dramatización imperialista y terminaron en rotundo fracaso, a pesar de que Vance y Trump hayan reconocido ciertos avances. Bajo el argumento repetido de que Irán no renuncia a la posibilidad de crear armas nucleares, el vicepresidente de Estados Unidos se retiró de la mesa negociadora en Pakistán y de inmediato Trump anunció un bloqueo al ya bloqueado estrecho de Ormuz, con la afirmación de que hundirá cualquier embarcación que haya hecho negocios con Irán. Obviamente, la amenaza estuvo direccionada principalmente a los petroleros chinos, que cruzaron el estrecho sin novedad alguna, pues no fueron detenidos por la marina estadounidense; de haberse producido tal hecho, se habría desatado ya la Tercera Guerra Mundial. Al respecto, ayer mismo personeros del gobierno de China mencionaron que no permitirán bloqueo alguno a sus embarcaciones, que consumen el 80% del petróleo iraní. En esa lógica, el bloqueo estadounidense tampoco afectaría a la India que sin duda es otra potencia nuclear, por lo que la medida no implicaría mayor riesgo para la recuperación económica de Irán. No sucedería lo mismo con embarcaciones petroleras con destino a otras naciones asiáticas, como Japón, Corea del Sur, etc. En síntesis, la crisis por el cierre del estrecho de Ormuz más bien se ha complicado notoriamente con el bloqueo de Estados Unidos, el precio del petróleo podrían dispararse a niveles incontrolables, y la dotación de gas y fertilizantes complicarían en forma muy seria el panorama socioeconómico global.
En el tema, países europeos han ofrecido crear un contingente de naciones para solventar esta problemática de Ormuz en forma totalmente pacífica. Antes tenían un pleno alineamiento con Estados Unidos a través de la OTAN. El contexto actual les es desventajoso no solamente en el conflicto en territorio ucraniano, sino también por las amenazas de invasión a Groenlandia, que es inadmisible para la soberanía de Dinamarca y, con ella, la total sumisión europea sería de muy graves connotaciones. Europa luego de la guerra con Rusia contaba con petróleo y gas que requieren si o si atravesar el estrecho de Ormuz. Entonces invitarle a una confrontación directa con Irán es algo improcedente, dadas las evidencias respecto de la capacidad y poder de destrucción del armamento iraní. Antes, se contaba con un acuerdo entre la nación persa y el gobierno de Obama, con niveles de enriquecimiento de uranio muy por debajo del 60% actual, que se rompiera por la decisión de la primera administración de Trump. Incluso, en la actualidad, negociar bajo términos que imperaban antes de la agresión, resulta insultante. De ahí qué, exigir a Irán sobre el desuso de su energía nuclear, después del desmantelamiento de lo que estaba vigente, a través de dos agresiones militares a traición en menos de un año, pese a negociaciones en pleno desarrollo, es una decisión fuera de toda lógica. Por todos los motivos señalados, el escenario geopolítico ha provocado, desde toda instancia, que la defensa mundial de los derechos humanos esté en contra de Netanyahu y Trump: el primero con un juicio por genocidios; y el segundo en pleno riesgo de ser juzgado y destituido.
En conclusión, las paradojas desmedidas en los pronunciamientos de Trump denotan claramente que la desesperación está primando. Su impopularidad se acrecienta y los peligros de aplicar la enmienda 25 se refuerzan en las instancias de decisión estadounidense, que terminarían en la destitución presidencial. Se ha evidenciado que se privilegiaron los intereses israelíes y sus acciones genocidas y no los de la población mayoritaria de Estados Unidos. Para fortuna de Trump, todavía la petición no es mayoritaria, pero no tarda en estarlo si las imprudencias continúan provocando incertidumbre y riesgos no solamente sobre la economía mundial y del propio pueblo de Estados Unidos, sino también de la paz planetaria, ya que sus órdenes pueden ocasionar errores que degeneren en confrontaciones tan graves y de envergadura termonuclear. Hasta el momento Irán ha derrotado al imperialismo gringo sionista en junio del 2025 y en la actualidad. El peligro reactivo, de un poder que no reconoce su derrota, es desatar una guerra de destrucción planetaria, donde absolutamente todos perdemos. Al respecto, lo más probable es que Trump reafirme que ganó la guerra y que ha obligado a Irán a reasumir las negociaciones, condición que en la geopolítica mundial mayoritariamente se disiente. La realidad es que las condiciones para Estados Unidos e Israel es mucho peor que antes de la agresión militar a Irán: destrucción casi total de Israel, el estrecho de Ormuz, por donde transitaba el 20% del petróleo mundial, está bajo control iraní y la economía mundial en altos niveles de perjuicio por una guerra ilógica desde toda argumentación rigurosa. Otra posibilidad, disimulando nuevamente la derrota, es el cambio de narrativa , como está sucediendo, y se afirme que la guerra está por solucionarse en acuerdo mutuo con China, que ha desistido de enviar armas a Irán; afirmación que asoma sin sustento alguno.
[1] Este concepto lo desarrolló a profundidad Lenin y conlleva mucha actualidad aunque se haya escrito hace muchas décadas. El significado del mismo se relaciona con el poder trasnacional de la acumulación de capital, que maneja las relaciones socioecómicas y políticas más allá de los linderos del poder nacional
