Por Evgeny Morozov y Ekaitz Cancela

Esta entrevista se adentra en las opiniones de Andrés sobre el mundo del bitcoin, las criptomonedas y las NFT, investiga cómo pensar la soberanía digital y monetaria de manera conjunta.

Andrés Arauz (1985) es uno de los políticos de izquierda más innovadores de América Latina. Entre sus logros, dirigir el banco central de Ecuador con 24 años y varios cargos ministeriales en el gobierno de Rafael Correa, donde se convirtió en uno de los arquitectos de los primeros experimentos del país condinero digital, una incursión verdaderamente radical que, pese a todo el hype sobre lo crypto, no recibió el crédito internacional que merecía.

A pesar de que Arauz perdió por poco la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Ecuador el pasado año, su visión de una economía digital más democrática, ligada a bancos centrales reformados radicalmente y que manejan su propia moneda digital, está de actualdiad. Esta entrevista se adentra en las opiniones de Andrés sobre el mundo del bitcoin, las criptomonedas y las NFT, en cómo pensar la soberanía digital y monetaria de manera conjunta, así como en la geopolítica de los sistemas de pago internacional, los esfuerzos de China para controlar a las empresas de tecnologías financiera (FinTech) y la situación en El Salvador.

Ello tiene lugar en el marco de The Crypto Syllabus, un proyecto del recién creado The Center for the Advancement of Infrastructural Imagination (CAII), que trata de comprender críticamente los discursos sobre estas tecnologías descentralizadas que han emergido en la esfera pública, narrativas e imaginarios hasta ahora han sido monopolizados por unos pocos fondos de capital riesgo. 

En el Norte global cada vez se escucha más ruido en torno a las NFT, tokens, DAO y otras innovaciones relacionadas con el blockchain (o cadena de bloques). Existe una suerte de populismo de izquierda asociado a ellas, citando casi literalmente a un destacado capitalista de riesgo estadounidense: «Todo está financiarizado, así que deje de quejarse y entre en acción; cada cual debería encontrar una manera de aprovechar la financiarización en curso en su propio beneficio». ¿Qué opina sobre estos desarrollos tecnológicos y su potencial político?

«Implica perder una gran cantidad de talento, seres humanos muy inteligentes, que básicamente están invirtiendo sus esfuerzos en continuar el proceso de financiarización»

Es importante comprender estos procesos en el contexto de la crisis financiera mundial de 2008, ya que no solo dieron a luz a Bitcoin y todo lo que vino después, sino también al quantitative easing (expansión cuantitativa) y las políticas monetarias no convencionales. La creación de dinero por parte de los bancos centrales parecía casi infinita, hasta que la pandemia la aceleró aún más.

Lo cierto es que todo ese dinero no ha sido destinado a sostener la vida real de las personas, como la economía de cuidados, la economía productiva o la agricultura, y mucho menos se ha usado para mejorar nuestro sistema energético. Simplemente, el dinero se ha ido a otra parte. Hablamos del Dow Jones y de los mercados de valores. No obstante, parte de ese dinero también fluye hacia los usos completamente nuevos que se hace de él en la criptoesfera, como es el caso de las NFT. De hecho, la NFT-ización de sentimientos y emociones se encuentra en el horizonte más cercano.

Por otro lado, resulta realmente difícil luchar contra la financiarización cuando la decisión política subyacente en todo el mundo es «venga, sigamos poniendo dinero en el sistema financiero». Porque de lo contrario, se argumenta, si dejas de pedalear la bicicleta, la bicicleta se cae. Por lo tanto, simplemente seguiremos tirando dinero al sistema hasta que algo ocurra. Estamos ante una burbuja enorme y no hay voluntad alguna de reventarla, así que seguirá funcionando hasta que tenga lugar un suceso radical, que probablemente será una guerra global o algo similar. Probablemente, los vendedores de NFT y criptomonedas innovadoras seguirán teniendo éxito mientras la decisión política sea continuar arrojando dinero al sistema.

Si además hablamos más de la Generación Z, desafortunadamente, cada vez observo un revuelo mayor entre los jóvenes de América Latina, quienes han terminado la escuela secundaria y la universidad, pero no quieren saber nada sobre el trabajo real y productivo o sobre diseñar algo real en términos físicos o existencialmente desafiante…

Esas cosas están completamente fuera de discusión y lo único que se escucha es cómo crear sus propias NFT o comprar bitcoins para ganar algo de dinero rápidamente y en el corto plazo. Eso implica perder una gran cantidad de talento, seres humanos muy inteligentes, que básicamente están invirtiendo sus esfuerzos en continuar el proceso de financiarización.

¿Cree que tiene sentido que las fuerzas progresistas intenten tomar las riendas? Ha habido algunos experimentos en el Norte Global, como la Agencia Espacial Económica, que apuntan en esa dirección. Hay filósofos y pensadores serios de izquierda, como Michel Feher en Bélgica, que argumentan seriamente que la lucha ya no ocurre dentro de la fábrica de Volkswagen sino dentro de la aplicación Robinhood. ¿Cree que hay algo verdaderamente progresista en tales experimentos? ¿O son una mera distracción, una venganza barata y populista, que nos distrae de los cambios estructurales?

«Tenemos que cambiar las leyes, apoderarnos de los bancos centrales, asegurarnos de que las personas que trabajan como reguladores financieros sean personas decentes y no corruptas»

Me gustaría señalar tres cosas al respecto. Primero, los individuos de izquierdas, como cualquier ser humano, pueden jugar en el casino y tal vez puedan ganar algo de dinero de vez en cuando. Si eres alguien de izquierdas que intenta entender esto, posiblemente seas lo suficientemente inteligente como para hacer algunos buenos movimientos y ganar algo de dinero. Desde luego, no veo ningún problema en actuar individualmente para lucrarse con las criptomonedas. Por supuesto, en algún momento lo deberás convertir de nuevo a dinero fiat, porque ahí es cuando realmente ganas. Si lo mantienes en la esfera especulativa, podrías perderlo todo porque es dinero ficticio.

En segundo lugar, como personas de izquierdas, tenemos que entender lo que está pasando, en lugar de ignorarlo. De verdad que la ignorancia de la izquierda en estos temas me preocupa. Porque la izquierda dice «oh no, no me gusta el Bitcoin, no me gustan las NFT. Las finanzas, los bancos… eso es malo». Yo creo que realmente debemos comprender el funcionamiento interno del sistema financiero. Una cosa positiva sobre el mundo de las criptomonedas es que también ayudan a popularizar las finanzas de manera tal que permite a la izquierda comprender otros tipos de financiarización no impulsadas por las criptomonedas. Esto no parece mal.

Por ejemplo, ¿qué carajo están haciendo los capitalistas en el mercado de derivados con el petróleo, la madera, los cereales, o con nuestra comida en general? Incluso están financiando el agua. Por lo tanto, deberíamos utilizar la popularización de la burbuja especulativa acarreada gracias al mundo de las criptomonedas para tratar de comprender mejor la financiarización en el mundo convencional. Y esa debería ser una tarea importante de la izquierda.
Y luego la tercera parte, de nuevo, ¿por qué las izquierdas no ganamos? Si jugamos con las reglas del juego del capital financiero, no hay forma de que la lucha se decante de nuestro lado. Entonces, lo que tenemos que hacer es continuar nuestra batalla para conquistar las instituciones que verdaderamente rigen el funcionamiento de los gobiernos, aquellas que establecen los estándares, las reglas del juego y que definen quién gana las luchas. En efecto, hay inversores institucionales, pero quién regula a los inversores institucionales internacionales.

Tenemos que cambiar las leyes, apoderarnos de los bancos centrales, asegurarnos de que las personas que trabajan como reguladores financieros sean personas decentes y no corruptas, que no vayan a ser absorbidas por los bancos privados. Debemos exigir regulaciones para evitar el conflicto de intereses entre las personas que están a cargo de estas instituciones públicas.

De la soberanía monetaria a la digital

¿Cuál es el vínculo entre la soberanía monetaria y la soberanía digital? Al parecer, la lucha por una es también la lucha por la otra. ¿Qué significa eso en términos políticos prácticos para un país como Ecuador, pero también a nivel internacional? Además, ¿qué significa en términos de propiedad de la pila (‘stack’), propiedad de los datos, leyes antimonopolio, etc.? ¿Cuáles son las consecuencias políticas de ver estos dos tipos de soberanía entrelazados?

«India diseñó obligaciones internas para regular los datos financieros»

Los datos financieros, o «los datos del dinero«, son un tema clave. Los países deberían asignar todos los recursos posibles para construir políticas de soberanía digital en torno a ellos. No entraré en el caso concreto de Ecuador, pues es un país demasiado pequeño como para intentar hacer eso.

India, por el contrario, diseñó obligaciones internas para regular los datos financieros. Le dijeron a Visa, la compañía de tarjetas de crédito, que, si querían seguir trabajando en la India, todos los datos procedentes de las transacciones financieras de los ciudadanos indios que pagaban con tarjetas de crédito Visa emitidas por la India tenían que quedarse en las pilas de la India. Y existe cierta vigilancia, monitoreo y vocación para el cumplimiento de los estándares creados por el gobierno de la India. Este país también ha incorporado a personal para controlar que dichos datos estén ubicados físicamente en la India, es decir, existen responsables que pueden realizar solicitudes de información a las empresas, las cuales además pueden ser llamadas a declarar en una investigación criminal si incumplieran el acuerdo.

Por supuesto, esto cambia el terreno juego porque, de repente, los datos se convierten en un activo de la economía nacional. Si se usa con prudencia, estableciéndose la anonimización correcta, la propiedad común de los datos y la privacidad por diseño… esta iniciativa se puede aprovechar para crear un sistema de conocimiento que además puede ser utilizado por académicos, la sociedad civil, instituciones gubernamentales, el sector privado, etc. con el fin de fomentar más y mejores servicios para los ciudadanos. Además, esta política evita la monopolización de los datos por parte de agentes externos ajenos a la economía nacional. 


En Brasil se ha intentado algo similar, pero sin éxito. Evidentemente, lo que se ha aplicado en China fue ir un paso más allá, no solo con la localización de los datos, sino creando aplicaciones tecnológicas e interfaces propios. Si pensamos en el futuro de la soberanía digital, también debiéramos pensar en los aspectos propios a la economía política, y no solo en los datos sobre las transacciones financieras, sino también en los servicios clave de mensajería e incluso las plataformas que utiliza el ciudadano. Eso es lo mínimo que debe hacerse si un país quiere mantener un mínimo de dignidad y decencia.

Los éxitos putativos de China en la esfera tecnológica han sido ampliamente criticados en Occidente. No obstante, experimentos como el sistema de Crédito Social también pueden verse como una forma de desconectarse de la economía global dominada por Estados Unidos. Incluso las empresas FinTech chinas utilizan este mecanismo para promover la inclusión financiera, uno de los puntos clave en su trabajo académico. Más allá de las difamaciones, ¿tenemos algo que aprender de China?

«¿Por qué tan pocos países en el mundo se oponen a que Visa y MasterCard sean los proveedores de sus pagos? ¿Cómo es posible que no haya alternativas a su monopolio?»

Definitivamente, tenemos que aprender de China porque el sistema que utiliza está funcionando y ha estado funcionando durante décadas. El gobierno chino, al ingresar a la OMC a principios de la década de 2000, presionó con éxito para que se retrasara la introducción de tarjetas de crédito extranjeras en sus mercados. Por eso ahora conserva el monopolio gracias a UnionPay, el proveedor de tarjetas bancarias de uso doméstico en China. También han sido muy inteligentes a la hora de determinar otros estándares, especialmente dentro de los sistemas bancarios y comerciales, y exigir su cumplimiento. 

Gracias a políticas como estas ahora conservan un sistema de tarjetas de crédito digitalmente soberano y de propiedad estatal que también se puede proyectar a nivel internacional. Entonces, ¿por qué tan pocos países en el mundo se oponen a que Visa y MasterCard sean los proveedores de sus pagos? ¿Cómo es posible que no haya alternativas a su monopolio? Por supuesto que puede haberlos, pero tenemos que imaginarlos y construirlos de manera inteligente. Obviamente, los gobiernos tienen un papel extremadamente importante. No se puede simplemente privatizar el dinero, hay que aplicar algunas políticas proactivasdesde los gobiernos para fomentar la soberanía digital y la soberanía financiera en la esfera de los pagos. 

Hasta los proveedores chinos como AliPay o WeChat están vigilados por una cámara de compensación del Banco Central, el Banco Popular de China. De esa manera, no solo los datos, sino también las políticas sobre cómo se está implementando en el país, están siendo monitoreadas por el gobierno.

Mi intención aquí no es justificar los aspectos totalitarios que pueda ejercer el Partido Comunista Chino. Solo trato de afirmar que existen soluciones para detener a los monopolios globales (en su mayoría liderados por EE. UU.) siempre que el sistema de pago se diseñe de manera adecuada y emplee técnicas de anonimización. 

El dinero electrónico en Ecuador

Como político, usted fue uno de los pioneros, si no el pionero, en la introducción de dinero digital administrado por el estado, lo que hoy llamaríamos CBDC (Central Bank Digital Currency, o Moneda Digital de Banco Central). ¿Podría explicar cuál era la racionalidad detrás de ese proyecto? ¿De qué manera los CDBC podrían contribuir a los fines progresistas? Y más allá de Ecuador, ¿qué requisitos y condiciones de posibilidad deben existir para que cumplan con esas promesas?

«Conceder una cuenta en el Banco Central a todos los ciudadanos de Ecuador podría romper muchos de los monopolios domésticos operados por el gran sector bancario privado»

Esta aventura comenzó en 2009, cuando la crisis financiera mundial había comenzado a agravarse. Esperábamos que la economía ecuatoriana se hundiera, provocando una crisis de balanza de pagos poco después. Como país dolarizado, dependemos de la entrada de dólares; literalmente, nos los envían desde la oficina de la Reserva Federal en Miami en un avión. Debido a la crisis, temíamos que la afluencia de dólares se congelara, especialmente porque nuestros ingresos por exportaciones se estaban derrumbando.

En primer lugar, pensamos que necesitábamos un medio de pago nacional. De nuevo, como sufrimos la dolarización, sabíamos que dejar el dólar y reemplazarlo por una moneda nacional no iba a ser posible por razones políticas. ¿Cuál es la mejor forma de tener medios de pago nacionales sin que suba el dólar?

Evidentemente, la alternativa era una moneda electrónica. En ese momento, lo llamábamos dinero móvil y se inspiró en los experimentos que habían llevado a cabo Kenia y Filipinas. Entonces también decidimos que este no podía ser solo un proyecto hecho por empresas de telecomunicaciones, y por lo tanto, su diseño y regulación tenía que ser parte de un proyecto monetario más amplioque persiguiera nuestro banco central.

La segunda razón tenía que ver con la economía política del propio sistema de pagos. Para nosotros estaba claro que conceder una cuenta en el Banco Central a todos los ciudadanos de Ecuador podría romper muchos de los monopolios domésticos operados por el gran sector bancario privado. Ello permitiría una inclusión financiera masiva a corto plazo. Hacer que cada ciudadano abra una cuenta fue, en cierto modo, un esfuerzo por modificar las relaciones entre los bancos privados y el gobierno.

La tercera razón tuvo que ver con nuestros esfuerzos políticos para transformar y rediseñar el banco central. Queríamos convertirla en una institución popular que no estuviera al servicio de las élites. Si el banco central, de repente, comienza a abrir cuentas, donde todos los ciudadanos de Ecuador, ya procedan de poblaciones rurales o urbanas, sean pobres, ricos, jóvenes o viejos, hombres o mujeres, el dinero electrónico podría ser de gran ayuda para democratizar el banco central. Si la gente comenzaba a preguntarse cosas como ‘qué es esta cosa para la que el banco central que me ha dado una cuenta …’, entonces la gente comenzaría a hablar de esta institución durante la cena, el desayuno, en la calle, en el autobús…

Simplemente tener una discusión sobre qué debería mejorar el banco central para servir a los intereses generales, qué regulaciones son buenas y cuáles no, incluso las discusiones más críticas sobre lo que el estado puede hacer con su dinero y datos, fue para nosotros un gran éxito porque esa discusión conduce inevitablemente a una nación más democrática. Al final y al cabo, el banco central saldría de las sombras, ya no como una institución elitista donde impera el conocimiento técnico de los expertos, sino como una institución para los ciudadanos comunes, primando el conocimiento popular. 

Ecuador no solo fue el primer país en implementar dinero electrónico, sino que su banco central también fue el primero en publicar los estándares de la plataforma que sostiene la moneda digital y desarrollar una interfaz de programación de aplicaciones (API, por sus siglas anglosajonas) para que los ciudadanos pudieran desarrollar nuevas soluciones para mejorar el acceso financiero en áreas rurales, mejorar el transporte, desarrollar aplicaciones web, etc. ¿Podría contarnos más sobre esa experiencia y la motivación que se encontraba detrás de ella?

«Es el camino a seguir si se desea tener una verdadera tecnología financiera que no se base en privilegios o dependa de los grandes bancos»

Esa fue, quizás, una de las partes más hermosas y prometedoras del sistema de dinero electrónico que diseñamos en Ecuador. Nos comprometimos, aunque era un desafío, a convertirlo en un sistema de innovación abierto donde el banco central pondría a disposición su API. Queríamos que los desarrolladores procedentes de las universidades, de las empresas, de las organizaciones no gubernamentales, etc. pudieran acceder al banco central para desarrollar aplicaciones y plataformas mejores, fomentando así que el dinero electrónico pudiera fluir por todo el país. ¡Y tuvo bastante éxito! Incluso organizamos un hackathon de 48 horas con varios equipos de todo el país. En dos días se les ocurrieron 14 prototipos: desde dinero electrónico que puede ser utilizado mediante códigos móviles USSD para la transferencia de dinero por mensajes de móvil, algo bastante primitivo, hasta un aplicación de comunicación de campo cercano para pagar la tarifa diaria del autobús.

Hubo otros ejemplos enfocados a mejorar la inclusión financiera, como plataformas para personas con discapacidad, gente que tenían problemas de visión podía utilizar el sistema de pago con ayuda de Resumiendo, en 48 horas demostramos la inmensa reserva de talento que tenemos y que lo único necesario era conseguir que un bien público estuviera ampliamente disponible a través de una API abierta.

Este es el camino a seguir si se desea tener una verdadera tecnología financiera que no se base en privilegios o dependa de los grandes bancos. No deberíamos tender hacia el modelo de CBDC donde un banco central se limita a desarrollar la aplicación, los protocolos y los servicios de pago. No puedo imaginar un banco central con una oficina llena de agentes de atención al cliente intentando instalar servicios y terminales de venta en todos los autobuses de todos los países. No, no puede ser ese tipo de tecnología. Necesitamos un tipo de plataforma abierta para que muchos innovadores, empresas y otras instituciones puedan acceder a ella y aprovechar una plataforma disponible de manera universal.

¿Podría explicar qué cosas considera que se deberían haber hecho de manera diferente a la hora de impulsar el sistema de dinero electrónico ecuatoriano?

Tal vez, haber agregado una dimensión crediticia a nuestro sistema. A esto se le suele llamar nanocrédito, una dimensión aún menor que los microcréditos, que consiste básicamente en prestar a un ciudadano 30 o 50 dólares o 100 dólares con un plazo indefinido para su devolución, el cual puede ser de 10 años, 30 años, 50 años e incluso más.

También me hubiera gustado que los nanopréstamos estuvieran disponibles dentro de la plataforma del sistema electrónico, de modo que cuando se necesitara crear dinero, se pudiera crear, y que el dinero fuera capaz de circular dentro de este sistema como medio de pago. Esa es una verdadera alternativa al sistema bancario convencional.

La geopolítica de los sistemas de pago

Su trabajo académico captura algunas de las dinámicas de las criptomonedas de manera bastante más crítica a los que nos tienen acostumbrados los debates habituales. De alguna manera, las instituciones establecidas, especialmente las que sostienen el sistema financiero global, a menudo sobreviven a muchos de los desafíos a su hegemonía. ¿Cómo evalúa la respuesta temprana a las criptomonedas de las grandes instituciones?

«El Gobierno de los EE. UU. y los reguladores belgas no sólo tienen un conocimiento profundo sobre las transacciones transfronterizas, sino también acerca de las posibilidades de las criptomonedas»

En primer lugar, la llegada de Bitcoin ha cambiado el sistema financiero de forma radical. Si bien se convirtió rápidamente en un instrumento especulativo, sus considerables beneficios para diseñar sistemas de pago alternativos siguen ahí. Alguien que compre Bitcoin en Tailandia puede cobrarlo en la moneda nacional de Perú sin pasar por las grandes instituciones bancarias. Eso es un gran cambio.

La dimensión de los pagos transfronterizos es la parte fundamental en el sistema financiero global. Bitcoin está sacudiendo los cimientos existentes del capitalismo hasta el punto en que uno de sus pilares, el sistema internacional de transferencias bancarias SWIFT, puede perder su monopolio sobre los pagos internacionales. Por supuesto, esta es una forma de colonialismo digitalcontemporáneo, que está administrado por empresas estadounidenses y proporciona datos a las agencias gubernamentales de Estados Unidos. Digamos que este sistema de pagos canaliza la mayoría de las transacciones transfronterizas del mundo para hacerlas pasa por los grandes bancos mundiales, como JP Morgan o el Wolfsberg Group, un grupo de 13 bancos globales que realiza transacciones internacionales a través del Consejo de Estabilidad Financiera, un organismo internacional que persigue la estabilidad del sistema financiero internacional.

Si se agrega a este análisis la dimensión geopolítica, entonces vemos cómo el Gobierno de los EE. UU. y los reguladores belgas no sólo tienen un conocimiento profundo sobre las transacciones transfronterizas, sino también acerca de las posibilidades de las criptomonedas. Una vez que se crea una alternativa de este tipo, como Bitcoin u otras monedas digitales que permiten pagos internacionales transfronterizos sin estar registrados en la base de datos Swift, las partes centrales del sistema capitalista comienzan a ponerse nerviosas. Por eso decidieron crear alternativas como TransferWise o PayPal; o iniciativas filantrópicas como Better Than Cash Alliance, que incluye Visa y MasterCard, entre otras, cuyo objetivo es reducir el uso de efectivo.

Las instituciones internacionales también están dando mucha importancia a estas innovaciones. El Banco Central Europeo (BCE) afirmó que la mejor solución para este desafío es crear una única CBDC, pero JP Morgan le contradijo. Dado que es el banco más grande del mundo en términos de transacciones internacionales, sostuvo, tal vez sea mejor tener una moneda privada emitida por este banco (JPM Coin) que desempeñe ese rol.Están surgiendo muchas iniciativas, pero todas son una respuesta a Bitcoin. 

¿Cómo valora la entrada de empresas como Facebook en este espacio? ¿Cree que todavía hay algo de futuro para Libra de Facebook, o Diem, como se llama ahora? ¿O, al contrario, considera que estas empresas han fracasado?

Definitivamente veo un futuro para todas estas iniciativas. Algunos se muestran optimistas sobre la capacidad de la sociedad civil para derrotar a Facebook. Esto, sin embargo, obvia claramente el panorama general: Diem es un esfuerzo geopolítico que tiene lugar en nombre de Estados Unidos con el fin de preservar la hegemonía del dólar. Y si Facebook falla, alguien más ocupará su lugar, ya sea PayPal o Google.

Las audiencias recientes en el Congreso muestran que Estados Unidos necesita encontrar una solución al auge de China. Los sistemas de pago con dinero electrónico de este país han tenido un éxito enorme, inicialmente gracias al apoyo de capital privado, aunque en la actualidad cada vez más centralizados en una esfera dirigida por el estado. Sin embargo, la internacionalización de estos instrumentos pronto alcanzará una escala global gracias a FinTechs chinas como Alibaba, Baidu y Tencent. Facebook tiene la herramienta clave para enfrentarlos y extender la hegemonía estadounidense, WhatsApp, que ya es algo así como un bien global, aunque no sea público.  

Aparte de China, ¿qué otras consideraciones geopolíticas debemos tener en cuenta a la hora de pensar en el futuro de los sistemas de pago globales?

«Cuanto más alto un banco esté en la jerarquía del dinero, más poder geopolítico y hegemónico tendrá»

Tradicionalmente, el dinero se ha organizado de una manera jerárquica. Los bancos tienen cuentas en otros bancos y esos bancos, a su vez, tienen cuentas en otros bancos más grandes, y todo ello genera una organización jerárquica en el mundo. Por ejemplo, las transacciones entre gobiernos las realizan los bancos centrales y casi todos los bancos centrales tienen una cuenta en el sistema de la Reserva Federal de Nueva York. Entonces, en lo que respecta al dinero público, el banco de la Reserva Federal está en la cima de la pirámide. En relación al dinero privado, existen grandes megabancos en la cima: JPMorgan, HSBC, Santander, Citibank y algún otro.

En el diseño original de la jerarquía del dinero, las instituciones gubernamentales, como la Fed, el FMI o el BCE, siempre estaban en la cima. Hoy en día, vemos tendencias extrañas. Por ejemplo, el Banco de Francia realizó de manera reciente un experimento con la Autoridad Monetaria de Singapur y, en lugar de colcoarse en la parte superior de la jerarquía, llegó a un acuerdo con JPM Coin. De modo que se están colocando deliberadamente bajo la jerarquía de JP Morgan. 

Cuanto más alto un banco esté en la jerarquía del dinero, más poder geopolítico y hegemónico tendrá, ya que también le entregará el poder financiero para crear dinero y garantizar que las personas realicen transacciones en sus pasivos, valores o tokens… La presencia de JP Morgan en la parte superior nos dice bastante sobre elequilibrio geopolítico de poderes en el mundo de las criptomonedas.

En las elecciones presidenciales del pasado año, usted se opuso a la llamada «ley de privatización del banco central», una reforma que podría dejar al gobierno sin herramientas reales para aliviar las deudas de la economía nacional (principalmente las de los hogares y empresas locales). Esta ley fue impulsada un año después de que Ecuador llegara a un acuerdo de 6.500 millones de dólares con el FMI a cambio de emprender reformas favorables a la mercantilización. ¿Podría proporcionar algo más de contexto sobre este esfuerzo por deshacer, o eso parece desde afuera, las iniciativas por democratizar el banco central en las que usted estuvo involucrado durante el gobierno de Correa?

Explicaré haciendo alusión de nuevo a la jerarquía del dinero. En cualquier economía mínimamente soberana, hay un banco central en la cima; a continuación, tiene bancos privados, y luego tiene instituciones más pequeñas, que pueden ser regionales, rurales o sectoriales. Y debajo de ellos, tienes clientes, ciudadanos, personas o empresas que tienen cuentas en dichas instituciones. Cada uno de ellos, sea el banco pequeño o el banco grande, tiene una cuenta en el banco central, que también tiene cuentas en bancos internacionales.

Ahora bien, ¿qué hace esta ley? Dictamina que el dinero del gobierno ecuatoriano en el Banco Central – por ejemplo, los fondos para la seguridad social o las cuentas de empresas estatales – debía gozar de un estatus inferior a las cuentas de los bancos privados en esta misma institución. Eso significaba, además, que el dinero que el banco central tenía en el exterior debía ponerse a disposición de los bancos privados. Básicamente, la ley privatizó el sistema de reservas internacionales de Ecuador, que era de propiedad estatal.

La ley, además, obligaba al gobierno a sacrificar todos sus ingresos en exportaciones de petróleo, y la moneda extranjera fuerte que estaba entrando, para subsidiar la fuga de capitales del sector privado. Esto tiene importantes consecuencias. En términos económicos, la única forma de sostener este subsidio permanente para la fuga de capitales privados es seguir acumulando deuda. Y es por eso que el préstamo del FMI viene asociado a esta política de privatización del banco central: los fondos del FMI se utilizarían para pagar la fuga de capitales de las élites privadas.

Un Banco Central más heterodoxo, alternativo o democrático, como el que teníamos antes de esta ley, trataría de preservar la liquidez dentro de la economía nacional y reciclarla en beneficio del pueblo ecuatoriano.

El experimento Bitcoin en El Salvador

¿Cree que aquellos países del Sur Global que quieran evitar las prescripciones del consenso de Washington pueden realmente permitirse no experimentar con CDBC?

«¿Es el banco central una institución dirigida por banqueros privados?»

Las CBDC son una herramienta necesaria para cualquier país en desarrollo que quiera establecer algún control sobre su economía. El debate sobre las características tecnológicas de las CBDC, si bien es importante, no es el tema principal; puede hacer que los CBDC sean relativamente anónimos, con pruebas de conocimiento cero u otras técnicas

Es mucho más importante la gobernanza de la entidad que ejecutará las CBDC, es decir, los bancos centrales. ¿Es el banco central una institución dirigida por banqueros privados? Bueno, entonces déjame decirte lo que va a pasar: crearás una plataforma vinculada a cuentas de grandes bancos privados, ya que son ellos los que tienen la capacidad tecnológica para desarrollar tal cosa. Pero las CBDC que aspiran a un enfoque más heterodoxo y alternativo necesitan desplegar algo similar a lo que hicimos en Ecuador.

¿Qué opina de que El Salvador adoptara el Bitcoin de manera reciente?

«Estoy seguro de que muchos otros lugares seguirán su estela porque la pandemia ha forzado a muchos países y gobiernos a distribuir dinero gratis»

Bitcoin es solo una capa superficial para evitar discutir lo que realmente está sucediendo en este país, una especie de truco de marketing. La verdadera belleza está dentro del sistema: el Wallet Chivo, que no es solo un proyecto libertario, sino una billetera universal emitida por el estado para todos los ciudadanos. Permite transacciones que no solo son en Bitcoin, sino también en dólares estadounidenses, es decir, facilita un sistema de intercambio comercial dentro de la economía nacional. Chivo trata de hacer lo mismo que nosotros hicimos en 2009, evitando el dólar estadounidense para pagos domésticos y reemplazándolo con medios de pago electrónicos propios.

Estoy seguro de que muchos otros lugares seguirán su estela porque la pandemia ha forzado a muchos países y gobiernos a distribuir dinero gratis entre los individuos, como cheques de pago, en el caso de Estados Unidos. Por otro lado, a medida que gane terreno la discusión sobre la Renta Básica Universal, su éxito dependerá de cómo el gobierno interactúe financiera y monetariamente con sus ciudadanos para entregar los subsidios. Eso les llevará inevitablemente por el camino de las CBDC. Y si hay alguna decencia en países como España, México o Brasil, entonces se debería plantear la opción pública.

Es reconfortante escuchar que usted presta atención a la billetera Chivo, en lugar de al Bitcoin como tal, a la hora de evaluar el sistema salvadoreño. Muchos en la izquierda ignoran por completo la billetera y solo se enfocan en atacar a Bitcoin…

Nayib Bukele no es mi personaje favorito. Pero aprecio los méritos en el diseño de la billetera, en el lanzamiento y también en la implementación. Incluso si pudieran existir fallas, entiendo por lo que están pasando. Básicamente, El Salvador experimenta unaescasez de divisas y tiene que ser creativo, de lo contrario no pueden hacer que la máquina siga funcionando. Obviamente, la alternativa sería arrodillarse y suplicar al FMI un préstamo, ¿pero alguien cree todavía que esa pueda ser una política progresista?

Creo que existe cierto mérito en intentar experimentar y veo una iniciativa liderada por el estado que en la práctica supone una alternativa a Estados Unidos. Hablamos de que el gobierno de Bukele ha creado un subsidio de 30 dólares para incentivar a las personas a comenzar a usar la billetera Chivo; ha eliminado las comisiones y multas bancarias; y ha puesto cajeros automáticos en todo el país. Ello debiera abrir el camino a la innovación en países progresistas, que podrían complementar estos experimentos con APIs abiertas donde las personas pueden desarrollar otro tipo de iniciativas en torno a dicha interfaz. 

Democratizar los bancos centrales

Volvamos a la democratización de los bancos centrales. Si hubo un esfuerzo explícito por problematizar las operaciones del banco central en el gobierno de izquierda en el que usted participó, ello es porque Ecuador heredó la idea neoliberal del banco central como una institución totalmente independiente y neutral. Sin embargo, para su gobierno, la banca era todo menos neutral. De alguna manera, ¿querían problematizar esta institución y que la gente deliberara sobre sus funciones? 

«Hicimos todo lo posible para reducir la independencia del banco central y convertirlo en una parte central del poder ejecutivo»

Absolutamente, éramos perfectamente conscientes de que la independencia y autonomía de los Bancos Centrales es unconstructo neoliberal, que básicamente lo convierte en una institución elitista al servicio del capital financiero, y específicamente del capital financiero transnacional, con todas las consecuencias para la desigualdad asociadas a ello. Habíamos salido de la crisis financiera de 1999, donde un tercio del sistema bancario se hundió; se rompió y los banqueros se llevaron el dinero de la gente y lo depositaron en cuentas en el extranjero, como en Miami u otros mercados offshore. 

Por tanto, el banco central no era la institución más querida en Ecuador. Más bien al contrario, era visto como cómplice de banqueros corruptos. Así que hicimos todo lo posible para reducir la independencia del banco central y convertirlo en una parte central del poder ejecutivo, convirtiéndolo en una institución democrática y responsable. 

Pero también queríamos convertirlo en un motor para la democratización del sistema financiero en su conjunto. Indudablemente, la iniciativa para la creación del dinero electrónico democratizó el sistema de pago nacional. Cuando llegué a trabajar en el banco central, los bancos tenían acceso a este sistema de pago. Por eso, lo abrimos y adaptamos para que alrededor de 400 cooperativas, uniones de crédito y pequeñas instituciones rurales pudieran tener una cuenta directamente en el banco central. Nuestra apuesta era que en el largo plazo, el banco central se convertiría en una fuerza reguladora del capital, generando un nuevo conjunto de instituciones en torno al dinero público: es decir, una economía socialista alternativa que impulsara la visión del Buen Vivir, inscrito en nuestra constitución.

Sus comentarios ofrecen un contraste interesante con la forma en que muchos de los cripto-entusiastas piensan sobre el banco central. Parece que estas personas identificaron algunos de los problemas en el modelo neoliberal, es decir, entienden todos sus efectos negativos. Pero en lugar de someterlo a algún tipo de impugnación y deliberación democrática encabezada por los ciudadanos, tienen esa visión tecnocrática que dice «¡ahora que tenemos una crítica de la banca central, reemplacemosla con el poder de las criptomonedas!» Seguramente exista alguna lección que extrañar sobre el diseño de estos protocolos, pero es una posición muy lejana a la impugnación política de las finanzas que ustedes plantearon.

En general, simpatizo con las críticas a la banca central porque en todo el mundo los bancos centrales han sido diseñados como instituciones del neoliberalismo y comoguardianes de los privilegios del capital financiero o los banqueros privados. Y simpatizo con una alternativa tecnológica o técnica construida para evitarlas por completo.

No obstante, lo que todos sabemos es que, al final del día, el sistema fiat seguirá ahí. Incluso la dimensión especulativa de la criptosfera está anclada al sistema fiduciario, por ejemplo, cuando intercambia las criptomonedas por dólares, euros u otra moneda local de su elección, debe interactuar con el tipo de sistema bancario central y convencional.

En el siglo XXI, los bancos centrales, como institución pública, deberían estar sujetos a discusiones continuas sobre su responsabilidad, transparencia, diseño institucional, si responden a intereses privados, quiénes son las personas que trabajan allí, si las decisiones que están tomando benefician a la población y así sucesivamente… Ignorarlo por completo es una muy mala decisión. Por eso necesitamos construir una amplia alianza de movimientos populares alternativos que politicen el dinero y las finanzas e impulsen alternativas tecnológicas, pero no podemos ignorar la importancia radical que los bancos centrales tienen en cualquier economía.

Entonces, ¿la visión que debería provenir de este movimiento social de base también debería tener una visión alternativa sobre el banco central?

«Creo que puede haber una democratización en el banco central sin afectar la estabilidad macroeconómica o el valor de la moneda»

Tienes que meterte en el centro del sistema y luchar desde allí. Hace poco estuve en un seminario, invitado por la Asamblea Constituyente de Chile, para discutir qué deberían hacer con el banco central. Y es una discusión tabú. De hecho, casi fue una reunión secreta porque la gente tiene miedo a hablar de cambios en el banco central, como si fuera una institución en la sombra que nadie puede discutir.

Está administrado solo por las élites, claro, pero no mucho más que eso. Escuchamos constantemente que si tocas al banco central puedes desencadenar un colapso de la sociedad e incluso de la civilización. ¿Por qué ceñirse a la narrativa dominante de que la banca es solo para los expertos, que sus parámetros y estándares deben decidirse solo en Basilea o Washington?
Sí creo que puede haber una democratización en el banco central sin afectar la estabilidad macroeconómica o el valor de la moneda. Y hacerlo aumenta las oportunidades que tiene la gente común para ganarse la vida dignamente.


Tomado de diario.es

Por Editor