Crónicas de la cuarentena (5) secuestrados por la estulticia ajena

Lucrecia Maldonado|

Iba a escribir sobre la polémica a partir de la asignación de un fondo del Ministerio de Cultura a artistas que quisieran dar teleconciertos y cosas así, pero creo que eso puede esperar porque, sencillamente, la Ministra de Salud hasta la semana pasada acaba de renunciar. Y no solamente eso: se ha hecho pública su carta de renuncia, en la que afirma que deja su puesto, entre otras cosas, porque no ha habido ningún tipo de asignación presupuestaria para la atención de la salud en esta gravísima emergencia médica.
No voy a repetir las palabras ni los argumentos de ayer. Quien los quiera leer puede ir a la crónica (4). Pero sí diré algo que he repetido algunas veces en los últimos tres años: una cree que ya se topó fondo, y resulta que siempre hay un subsuelo más.
Sí, es obvio que destruir el país es el propósito. ¿Pero cuál es el motivo? ¿Tan despiadadas son las fuerzas del neofascismo mundial y de las mafias políticas y banqueras locales, que lo único que les importa es recuperar y nunca más soltar un poder espurio que dieron por perdido en la década pasada? ¿En manos de quiénes estamos?
Y no me refiero a Lenin Moreno, que seguramente está en las mismas manos que nosotros, solo que del otro lado. No me refiero a María Paula Romo y Juan Sebastián Roldán, de quienes debimos haber sospechado desde que, a sus veinticinco años vinieron a preguntar quién jodió al país financiados por ongs y fundaciones que se sabía con qué pierna pateaban en la cancha. Ahora entendemos que no querían saber quién jodió al país por rabia o revancha, sino para joderlo más y mejor cuando a ellos les llegara el turno. Como decía Mario Benedetti, se trata de “otros más duros y siniestros”.
Porque, además, lo peor de todo es que el Vicepresidente elegido a dedo tuitea diario mensajes ‘edificantes’, llenos de lugares comunes y frases hechas sobre ‘arrimar el hombro’, sacrificarse todos por todos y cosas así, con todo el cinismo del caso, después de que el Presidente al que aparentemente está reemplazando sin que medie, no digamos el correspondiente decreto presidencial, sino aunque sea una nota en la refri, bueno, después de que ese individuo, por orden de los más duros y siniestros, desmantelara casi totalmente el sistema integral de salud pública creado y establecido por su antecesor, con justificaciones tan peregrinas como la de que “es difícil administrar hospitales grandes porque los enfermos se escapan”… cosas así, que dice siempre demostrando que aún no ha cambiado el fusible que conecta el cerebro con la lengua.
En meses pasados, poco antes de que se hiciera pública la trascendencia planetaria de la epidemia, otro de los inefables miembros del gabinete declaró, muy suelto de huesos, y sin despertar ni siquiera el asombro del veterano periodista que lo entrevistaba, que en la era digital no tenía sentido construir escuelas ni hospitales, porque existían la educación virtual y la salud virtual. Y luego, como la gran cosa, presentaron su programa de Telemedicina para el enfrentamiento contra el Coronavirus, entre otros problemas de salud. Algo tan simple como que tienes síntomas de lo que sea, llamas al 171, y ahí te dan la panacea para cualquier trastorno o enfermedad: sea un esguince de dedo meñique o cáncer terminal. Y, por supuesto, el Coronavirus no se queda atrás.
Pues, la vez que llamé a ver si era cierto estaba ocupado. Y sé de buenas fuentes que es una burla más al pueblo ecuatoriano. Como todo, comenzando por la estafa de las elecciones del 2017.
Hay que tener algo muy claro: los poderes fácticos que contrataron a Moreno para hacer el trabajo sucio de esta gran estafa política no lo van a desamparar, a no ser que mantenerlo ahí les resulte más costosoque deshacerse de él, del modo que sea, y no importa lo que le hayan prometido (dado el nivel de metidas de pata, cualquier cosa puede suceder). En octubre pasado ya vimos de lo que son capaces. Pero algo tenemos que hacer ante la gavilla de delincuentes de diversas categorías que se han hecho cargo del barco.Si no nos cohesionamos en un voto único para quien pueda hacerles un verdadero contrapeso, de manera que los resultados sean contundentes y el fraude o las triquiñuelas planeadas no puedan darse, no nos quejemos de lo que venga después.
Y otra: dejemos de esperar que estos políticos hagan algo por nosotros. Lo único que quieren (que han querido siempre) es aprovecharse de nosotros. ¿O no es obvio, tras leer la carta de renuncia de la exministra de Salud?