DESARME DEL EJE PATRIARCAL: Y la culpa no era mía.

Danilo Altamirano|

Desde América del Sur hasta Europa, el eco de la voz femenina recorre las plazas del mundo llevando el mensaje de cese a la violencia contra la mujer, que despierta en las multitudes una identificación y pertenencia mayúscula de incidencia, presencia pública y protesta universal. La famosa canción ¨Un violador en tu camino¨ creado por el colectivo femenino Chileno LasTesis expresa no solamente indignación en el abuso sexual, sino también en la violencia económica y política. El verso más repetido con lenguajes audiovisuales de esta intervención dice ¨Y la culpa no era mía, ni donde estaba, ni cómo vestía¨.
Estos rostros colectivos son un llamado a la conciencia sobre la inequidad de género que ha alcanzado una nueva cima inquietante en busca de condiciones de igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres en relación con los hombres. Entre la verdad y la ironía, el performance feminista expresa y ejerce su derecho a la protesta, por la incompetencia de los poderes en operar sobre las denuncias y muertes.
El himno feminista se basa principalmente en textos de la antropóloga Argentina Rita Segato, quien es especialista en cuestiones de género en los pueblos originarios y comunidades latinoamericanas. En su libro, ¨La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en ciudad de Juárez¨, revela que la violencia constituida y cristalizada en forma de sistema de comunicación se transforma en un lenguaje estable y pasa a comportarse con el casi-automatismo de cualquier idioma. Dimensionar la magnitud del fenómeno social no es sencillo, más aún cuando nuestra sociedad está construida en base al punto de vista del varón hegemónico el cual está arraigado con la sociedad.
La igualdad de género requiere de innovaciones sociales, de ahí la urgencia de revisar y readecuar reformas, estrategias, discursos y propuestas, por cuanto las relaciones de género son un campo de poder. El feminismo le apuesta a desarticular por completo la dinámica sexista de la sociedad, para que el dominio de poder se constituya en solo un disfraz, una frontera mental.
La única solución para acabar con la violencia contra la mujer y el femicidio -crimen de odio- es la educación, como elemento impulsor de respeto a la dignidad humana. Por lo tanto, hay que tomar conciencia y generar un cambio siempre empezando primero por uno mismo. Además de la necesidad de formar valores éticos y morales, para que se respete la vida y la integridad física, psíquica y moral en un plano de igualdad.
Los movimientos femeninos en la búsqueda del sistema igualitario, plantean desde su liderazgo e inteligencia aplicada a la diversidad, el desarme del eje patriarcal.