Por Pedro Brieger

El accionar del gobierno ecuatoriano es extraordinario si tomamos en cuenta que algunas de las dictaduras más sangrientas de América Latina acosaron embajadas con refugiados adentro, pero no se atrevieron a invadirlas


El viernes 5 de abril, poco antes de la medianoche, entraron policías armados como para una guerra a la embajada de México en Ecuador y secuestraron al exvicepresidente Jorge Glas, que estaba refugiado allí desde diciembre del año pasado. Glas ocupó diversos cargos durante la presidencia de Rafael Correa (2007-2017) y fue su vicepresidente entre 2013 y 2017. Luego fue compañero de fórmula de Lenín Moreno —que iba a seguir la línea política de Correa— de quien había sido vicepresidente entre 2007 y 2013. Moreno no solo que traicionó a Correa y se alió con las derechas regionales sino que, a poco de asumir la presidencia, mandó encarcelar a Glas acusándolo de haber recibido sobornos. Glas estuvo preso durante 5 años, fue liberado y ante nuevas persecuciones judiciales de claro tinte político decidió refugiarse en la embajada de México y pedir asilo. El viernes 5 de abril la cancillería mexicana emitió un comunicado donde se informaba que le concedían el asilo político a Glas. A la noche la policía entró a la embajada, agredió al personal mexicano y se llevó a Glas.

La noticia de la irrupción violenta a la embajada provocó un alerta mundial por la gravedad del hecho. Rápidamente fue criticada porque la decisión del presidente Daniel Noboa es una violación de las principales convenciones internacionales de resguardo de las embajadas. Muchas personas no lo saben, pero una embajada es inviolable y si alguien entra a ella está protegida aunque sea buscada por el gobierno del país donde se encuentra la embajada. Es territorio extranjero y soberano. No se puede tocar, ni su edificio ni su personal. Por dicho motivo llamó la atención que Noboa ordenara que la policía entrara en la embajada y secuestrara a Glas. Para justificarlo afirmó a través de un comunicado que “no vamos a permitir que ningún delincuente quede en la impunidad”.

El artículo 22 de la Convención de Viena de 1961 es claro como el cristal: “Los locales de la misión son inviolables. Los agentes del Estado receptor no podrán penetrar en ellos sin consentimiento del jefe de la misión”. Es imposible que Noboa y todos sus asesores no lo supieran. De hecho, varios ex funcionarios de Rafael Correa se habían asilado en la embajada de México durante la presidencia de Guillermo Lasso y recibieron salvoconductos para dejar el país. Es verdad que antes del hecho hubo fuertes cruces entre ambos gobiernos. Pero tomar por asalto una embajada no es algo muy habitual; más bien todo lo contrario, es un hecho excepcional. Por eso no extrañó que tantos países emitieran durísimos comunicados condenando al gobierno de Ecuador, dejándolo aislado, sin apoyos. Incluso Estados Unidos sin ambages condenó la violación de la Convención de Viena de 1961, aunque se cuidó de no censurar al presidente Noboa.

El accionar del gobierno ecuatoriano es extraordinario si tomamos en cuenta que algunas de las dictaduras más sangrientas de América Latina acosaron embajadas con refugiados adentro, pero no se atrevieron a invadirlas. Como bien señaló la senadora Isabel Allende, hija del derrocado Salvador Allende en Chile, “Ni siquiera Pinochet se atrevió a invadir una embajada que hubiera dado asilo como el que vivimos en 1973”. A poco de cumplirse 50 años de la caída de la dictadura de Salazar al frente del llamado Estado Novo (1926-1974) en Portugal, vale la pena recordar que tampoco el dictador portugués se atrevió a mandar sus tropas a la embajada de Brasil en Lisboa para apresar a su principal opositor, el general Humberto Delgado que se había refugiado allí en 1959. Y podríamos citar innumerables casos de gobiernos dictatoriales que —mientras asesinaban opositores— respetaban embajadas repletas de refugiados y refugiadas.

Entonces cabe preguntarse porqué Noboa decidió enviar sus tropas para secuestrar a Glas en un operativo relámpago consciente de que iba a generar un repudio internacional. Noboa, hijo y nieto de empresarios multimillonarios, ha dicho que quiere implementar la “doctrina Bukele” con el ejército en las calles y cárceles repletas de delincuentes.

Paradójicamente, en los últimos tres años hubo más de 400 muertos a raíz de los enfrentamientos entre bandas dentro de las cárceles. No solo las calles de Ecuador no son seguras, sino que las cárceles son todavía más peligrosas. Es más, pocos días antes de la elección presidencial de agosto 2023 fue asesinado el candidato presidencial Fernando Villavicencio y los seis sicarios apresados asesinados a su vez en…. una cárcel.

Al tomar conocimiento de lo sucedido y que Jorge Glas era trasladado a la cárcel de “máxima seguridad” La Roca, en Guayaquil, México rompió relaciones diplomáticas con Ecuador e inició una campaña internacional para condenar al gobierno de Noboa.

A menos de cinco meses de haber asumido la presidencia Daniel Noboa enfrenta cuatro problemas de manera simultánea. En primer lugar, debe velar por la integridad física de un exvicepresidente. Luego, deberá enfrentar el repudio internacional por haber violado tratados internacionales. En tercer lugar, deberá recomponer las relaciones diplomáticas con México. Por último, aunque es posible que a la mayoría de la población ecuatoriana nada de esto le afecte la vida cotidiana, las consecuencias políticas son imprevisibles en uno de los países donde más presidentes han caído por revueltas populares.

Por RK