El anticorreismo como ‘ideología’

Santiago Rivadeneira Aguirre|

S¿Cuáles son los componentes esenciales de una ideología?No es una pregunta retórica, considerando los tiempos agitados que estamos viviendo en el Ecuador y la región, sino necesaria, porque la primera condición para que los seres humanos puedan acceder a una vida digna, es que tengan derecho a salud, educación, vivienda y empleo. La ideología va más allá de las consideraciones materiales, indispensables y necesarias;  por ejemplolas formas políticas para lograr esas conquistas, la Constitución de la República, las formas jurídicas, el conjunto de ideasplurales y diversas que se producen en la sociedad. 

El capitalismo y el neoliberalismo se han propuesto ‘poner de moda’ la idea central de que las ideologías ya no son indispensables y que es suficiente (esa es la postura de los candidatos de derecha y sus ‘aliados’ de izquierda) una base económica que libere el mercado. Frente a este dogmatismo disparatado, es imprescindible volver a definir la ideología para poner en evidencia ese determinismo tecnocrático que busca, precisamente, crear una supuesta ‘desideologización’ que implica el fin de la reflexión política como hecho público, que justifica una sumisión incondicional al status quo con la construcción de una narración reaccionaria que evade el análisis de los conflictos concretos. La ideología, entonces, debe pensar un sistema coherente de explicaciones que considere, en términos globales, una nueva concepción del mundo. 

Y tampoco se puede, por añadidura, aceptar la imparcialidad o la neutralidad en estos momentos críticos que vive el país. O, como dice un dicho irlandés: “Yo sé que usted fue imparcial en esta lucha, pero ¿con respecto a qué bando fue usted imparcial?” Y éste ha sido el caldo de cultivo para la aparición de los oportunistas que mercadean con el gobierno el reparto de hospitales yapuran los negociados de insumos médicos en plena pandemia. Éste es un patrón claro de esa ideología de los fines que ahora propugna la derecha totalitaria y la izquierda laxa para combatir al correismo, apelando a las sucesivas transmutaciones que han tenido en estos tres años de gobierno de Lenin Moreno, con el pretexto del diálogo y del pacto de gobernabilidad del que ahora reniegan.

Hay que volver al campo de las ideas, a la revalorización de la política y la economía como ejercicio y práctica.Primero, por la pretensión del neoliberalismo que quiere convertir la democracia en una especie de epifenómeno de la economía de mercado, que los medios de comunicación independientes catequizan enseguida como el gran relato del progreso, siempre ligado a los poderes globales. Y, segundo, porque esa estrategia de contención está sustentada en el anticorreismo como su única ideología, que apunta al inconsciente político nacional, convertida en el gran emblema de lo nacional. 

Filisteos y oportunistas que se han subido y bajado de la camioneta del poder estos tres últimos años, ya sin matices que los distingan, quieren decidir otra vez el rumbo democrático del país, proponiéndonos una ideología de la desideologización (el anticorreismo) enmascarada con supuestos consensos o acuerdos mínimos (tamaño eufemismo), con los cuales pretenden alcanzar la ansiada unidad del sector para enfrentar a Andrés Arauz y a los candidatos de la Unión por la Esperanza en las elecciones del próximo año. 

Y quieren volver a decidir, perturbando o desplazando la voluntad popular como lo hicieron con la mañosa consulta popular de 2018. Porque la nueva ‘razón normativa’, concentradora de riqueza, que ahora mismo pretende imponer la derecha y sus aliados de la falsa izquierda, disfrazada de defensa de la democracia y de los intereses populares, oculta las verdaderas intenciones de las élitesdominantes a las que poco o nada les importan los problemas estructurales de la sociedad, como hemos visto en estos días de pandemia, de crisis sanitaria y económica. Es el orden absoluto pero también el ordenamiento del Estado planteado a la conciencia política, en que todo queda allanado al gran capital y a la religión del mercado, que va a decidir la nueva lógica de la dominación que comenzó al día siguiente de la traición de Lenin Moreno al proyecto de la revolución ciudadana. 

Y porque el fundamento de este plan totalitario son la violencia y el miedo en todas sus formas, como lo vimos en octubre del año pasado, que ilustra, además, y de manera tajante, el proceso de racionalización instrumentaldel capitalismo y del imperio, que en ese momento pudo proclamar la unificación del poder político-militar, como tesis de Estado por parte de la doctora María Paula Romo, Ministra de Gobierno y Policía a quien ya ‘todos los dedos le señalan’, comprometida como está en la destrucción de la institucionalidad y la democracia. 

Necesitamos insistir en que cualquier forma jurídico-política, como la que se dio después de la consulta popular con la instauración de un Consejo de Participación Ciudadana transitorio y la presidencia de Julio César Trujillo, fue una fórmula de dominación y de terrorismoque comenzó a concretarse con el desmantelamiento del estado de derecho y la persecución al correismo y a quienes fueron parte del gobierno anterior. (Ahí están las últimas declaraciones del ex agente Raúl Chicaiza). Esto se entrama con la subasta de los bienes del estado, el chantaje y la intimidación, lo cual nos hace sospechar que el proyecto de la derecha pudo ser implementado también con la complicidad de algunas fuerzas oscuras, necesariamente serviles, parapetadas detrás de las figuras de Romo-Roldán-Moreno, en ese estricto orden.

El gobierno de Moreno ha podido sostenerse en la violencia material y simbólica. En el espectáculo grotesco de un autoritarismo que el país no había conocido antes, incluso mucho más agresivo, procaz y cínico que en los peores gobiernos de derecha de nuestra era republicana. Y como parte del patético panegírico están los medios de comunicación mercantiles, clamando en coro por mayor seguridad económica, la disminución del Estado,aplaudiendo los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional, y el manejo ilegítimo y fraudulento de la deuda externa.

La ideología tecnocrática y obscena de la derecha ecuatoriana, tiene previsto terminar de desmantelar el Estado y privatizar sus principales recursos, antes de que concluya ‘el peor gobierno de la historia’. Así se puededescubrir el escamoteo sustancial que representan aquellas fuerzas que ahora pretenden unirse. Sin reacciones concretas de esa izquierda procreada por la derecha, seguramente deberá admitir el nuevo proyecto, como lo hahecho hasta ahora, convertida en un simple vagón de cola de la reacción.  

Hay que decir que se intenta vulnerar el hecho más significativo del momento histórico que vive el Ecuador: la confrontación de dos sistemas sociales contrapuestos, que es lo que se pretende borrar con la ‘ideología de la desideologización’ para crear un falso igualitarismo. Ahí están esbozadas las razones fundamentales para construirun frente progresista y de izquierda, que sea capaz de abrir el espectro político e ideológico, para dar cabida a todos los pensamientos e ideas alrededor de la figura sobresaliente de Andrés Arauz y Rafael Correa, junto al gran equipo de trabajo que conforman las organizacionessociales y políticas agrupadas en La Unión por la Esperanza.