El dilema de Leonidas Iza

Erika Sylva Charvet|

Gramsci planteaba que en el análisis de los partidos políticos debemos centrarnos en las prácticas, no en los discursos. Similar idea he escuchado a Leonidas Iza cuando, al referirse a su precandidatura presidencial por Pachakutik (PK), brazo político de la CONAIE, ha dicho: “no vamos a entrar con estos discursos que únicamente engañan al pueblo, sino sobre la práctica y … la realidad”.

Pero, siguiendo el postulado gramsciano, cabe examinar cómo se han conducido estas organizaciones frente a los problemas de la sociedad ecuatoriana en los últimos años. Una primera observación es que sus dirigencias se alinearon con los sectores oligárquicos y de ultraderecha en contra de la “Ley de Herencias” (2015) promovida por el gobierno de Correa, participando de la mano de los “banderas negras” en violentas movilizaciones que presionaron por el retiro de esa ley de justicia redistributiva. Es irónico que en 2015 hayan celebrado su retiro, mientras en octubre de 2019 hayan propuesto al gobierno neoliberal de Moreno “criterios de justicia y equidad para la política económica y tributaria de tal manera que la carga fiscal sea distribuida de manera equitativa y permita la eliminación de la pobreza real y la desigualdad”, justamente uno de los objetivos de la “Ley de Herencias”.

La coalición interclasista de derecha a la que ha sido acarreada la CONAIE y su brazo político por ciertos dirigentes/as, no nació, sin embargo, en 2015. En el análisis sobre el intento de “putch” al gobierno de Correa en 2010 que hiciéramos con Rafael Quintero, ya rastreábamos signos de su potencial emergencia en 2009, que irían evidenciándose en 2010 con el alineamiento de cierta dirigencia con la tesis negacionista del intento de golpe, perfeccionándose hacia 2015 y consolidándose con el apoyo que darían a la candidatura del banquero Guillermo Lasso en 2017. Su punto culminante sería, sin embargo, su integración a la gran coalición a favor del SI en la consulta popular promovida por Moreno y orientada a “descorreizar”, o sea, a erradicar el proyecto progresista del gobierno, el Estado y la sociedad civil.

La dirigencia de la CONAIE y PK se involucró en esta agenda destructiva, auspiciando el “reparto” de la torta del Estado, y promoviendo la ocupación de altos cargos en el Consejo Transitorio y el CNE, puntales en el debilitamiento del Estado de Derecho y en la persecución y proscripción de los derechos humanos y políticos de la militancia y dirigencia progresista.  Adicionalmente, entre 2018 y 2020, PK se alineó en la Asamblea Nacional con el bloque en el poder, votando, luego del levantamiento popular de octubre, a favor de leyes enmarcadas en los lineamientos del FMI, como la Ley Tributaria del 31-12-2019, que le hiciera reclamar a Pablo Dávalos la expulsión de la organización de dichos asambleístas, y que ha vuelto a reproducirse con el voto de Peñafiel a favor de la “Ley Humanitaria”, contraria a la clase trabajadora, así como la reciente abstención de Duchi, Peñafiel y Puanchir en torno a la devolución de la terna propuesta por Moreno a la Vicepresidencia, encabezada por la represora de octubre, cuyas manos están manchadas con la sangre de nuestro pueblo insurgente. “Un acto de un legislador si no está dispuesto a actuar por el pueblo, eso es un acto de corrupción”, decía Iza en el lanzamiento de su precandidatura el 24 de julio de 2020. ¿Cómo aplica esto a sus legisladores?

Indudablemente, Iza parecería entrampado en la práctica colaboracionista de sus organizaciones y la de sus aliados con las derechas y las oligarquías. ¿No fue acaso este entrampamiento el que llevó a las organizaciones indígenas a un diálogo con el gobierno el 13 de octubre de 2019 que finalmente terminó en una burla a la insurrección popular que demandaba su salida? De manera que el discurso de Iza en torno a la no responsabilidad de la CONAIE-PK en la tragedia actual del país, no se sostiene a la luz de estas evidencias.  Con semejante trayectoria de una década, de ser nominado candidato por PK, ¿cómo puede Iza, más allá de sus discursos, garantizar al Ecuador un gobierno autónomo de los pactos con la oligarquía y la derecha y capaz de ir “hasta las últimas consecuencias” –como él mismo lo afirma- por la transformación del país?