El Guasón, comodín al servicio del sistema capitalista

Dax Toscano|

“la peor parte de tener una sociedad injusta, explotadora y racista es que la gente actúe como si no fuera así”


La ciudad caotizada. La basura por todos lados. Las ratas ganan terreno y tamaño también. La inseguridad mantiene a la gente en zozobra.
Los ricos son vistos con malos ojos por los pobres, a los que el millonario Thomas Wyne, personaje de la película El Guasón, llama resentidos, payasos que no aceptan que el otro haya podido llegar a prosperar, a ser más como declara ante un medio de comunicación, tras el asesinato por parte del payaso Arthur Fleck, de tres yuppies en uno de los vagones del metro de ciudad Gótica.
Fleck presencia como esos jóvenes, empleados de la compañía de Wyne, ofenden a una muchacha, lo cual le provoca un ataque de risa, producto de la enfermedad que sufre. Él es agredido por estos muchachos que no comprenden el motivo de sus carcajadas, ante lo cual, en un momento de rabia, les dispara, asesinándolos.
A partir de ese momento, su actitud cambia: se torna un sujeto más decidido, aunque sigue siendo inestable, frágil. La pistola, entregada por un compañero en el trabajo, se convierte en la garantía para no ser humillado en la sociedad.
En una ciudad polarizada como Gótica, el asesinato de esos tres muchachos genera una reacción positiva en las personas de escasos recursos. Los periódicos publican titulares como: “Payasos contra la élite” o “Matar a los ricos ¿un nuevo movimiento?”, mientras la gente común empieza a llevar máscaras de payasos como un símbolo de identificación con un sujeto, hasta ese momento desconocido, convertido en un justiciero de los pobres al matar a tres miembros de los sectores pudientes.
“Muerte a los ricos”, se lee en los carteles que lleva la gente que se moviliza a una marcha en el metro.
La agitación es grande. En las calles se provocan incendios, se destruyen carros, se atenta contra la ciudad. La gente está enloquecida tras haber mirado al Guasón en la televisión en un talk show dirigido por Murray Franklin, personaje interpretado por Robert de Niro. Fleck hace una ligera crítica al orden establecido, para luego confesar el asesinato de los chicos de Wall Street y recibir la pifia del público presente. Él cuestiona el porqué de la indignación del público ya que dice que si él hubiese sido el muerto lo habrían pasado por encima, que nadie es capaz de ponerse en el lugar del otro, como Tomas Wayne que jamás se pondría en el lugar de alguien como él, en el lugar que no sean ellos mismos, para rematar diciendo: “Se creen que vamos a quedarnos de brazos cruzados y callarnos como pánfilos, que nunca va salir la bestia que llevamos dentro.” Se presenta el mensaje como un llamado a la insurrección.
Cuando El Guasón es conducido en el patrullero, casi al final de la película, tiene un nuevo ataque de risa. El policía, molesto, le dice que cómo puede reírse si él es el causante de las revueltas que se dan en la ciudad, tal como lo había increpado Murray en el programa.
El Guasón, sin quererlo, se convierte en líder de los insurrectos, porque ellos lo ven así.
La película dirigida por Todd Phillips, producida por DC Films con un costo de 55 millones de dólares, continúa batiendo records de ganancia, con una cifra que alcanza hasta la presente fecha los 258 millones a nivel internacional.
El filme ha sido galardonado con el León de Oro, en el 76 festival de Cine de Venecia, mientras que los fanáticos de la cinta piden el Óscar para el puertorriqueño Joaquín Phoenix, actor que interpreta al Guasón.
Las reacciones del público han sido favorables.

Muchas personas consideran que la película es una crítica contra el sistema: Los desposeídos han decidido defenderse; una película que claramente muestra las carencias de la sociedad; muy lejos de condecorar a los resentidos sociales, Phillips y Phoenix denuncian al sistema, a la misma sociedad desinteresada en el bienestar colectivo, dándonos algo que hacía falta en las salas comerciales: una película incómoda, son algunos de los comentarios registrados de los espectadores que sienten que a lo largo de la narración cinematográfica hay una ruptura con el orden imperante al poner en evidencia problemas como la administración ineficiente de la ciudad, el empleo precarizado, el desempleo o la existencia de un sistema de salud y seguridad social inhumanos.

Sin embargo, un análisis detenido de otros mensajes introducidos en el film, permitirá comprender que lo le atribuye el público a la película, dista mucho de lo que realmente tiene como propósito.

No hay un cuestionamiento al sistema como un todo. Hay una consigna vacía: la de matar a los ricos, la cual refleja precisamente lo expuesto por Thomas Wayne tras la muerte de los jóvenes: que la gente que no está a ese nivel, tiene resentimiento social, por el hecho de que los otros tienen más. Esa aseveración queda confirmada a lo largo de la historia de la película puesto que la gente pobre, de escasos recursos terminan realizando actos vandálicos y criminales dentro de la ciudad por rabia contra los más pudientes.

Como resultado de las manifestaciones sucedidas en Ecuador en este mes de octubre de 2019, sectores de la oligarquía, sobre todo guayaquileña, han lanzado expresiones de desprecio contra el pueblo indígena que protesta contra las medidas neoliberales impuestas por el gobierno de Lenín Moreno. Se los ha acusado de haber provocado caos, destrozos, utilizando además mensajes racistas. Son los resentidos sociales.

Pero existe una diferencia con lo contado en el filme sobre los levantamientos en Gótica y la lucha del pueblo ecuatoriano: los indígenas, campesinos en Ecuador, no se levantaron para matar ricos, sino para cuestionar el modelo económico, para defender la vida y el buen vivir. Existe un proyecto político y no solo una reacción o el despertar de la bestia, como decía El Guasón en el programa de Murray.

En la película, en cambio, se presenta a una masa anárquica, destructora, sin rumbo y sin propuesta.

Si bien en el filme hay una muestra de los problemas sociales, no se plantea una alternativa política a lo que viven. El sistema, como siempre, queda incólume.

El diálogo del Guasón con Murray permite evidenciar lo que sería una solución dentro de la película a esos problemas: el ponerse en el lugar del otro, quizás darles más atención a los necesitados. Nada más que eso.

En el caso ecuatoriano, al que se ha hecho referencia, podemos ver que quienes representan a los grupos de poder económico se imaginan a ellos mismos como defensores de los pobres, caritativos y filántropos, todo ello con el propósito de que el pueblo detenga su lucha. Jamás se plantean acabar con sus privilegios, menos con la estructura de dominación política y económica que los haga desaparecer como fuerzas explotadoras de los trabajadores y campesinos.

En la cinta de Phillips, se cuestionan actitudes y comportamientos de los ricos frente a los más necesitados, pero no el proceso mismo de explotación y obtención ilegítima de la riqueza que poseen.

Sobre la madre adoptiva de Fleck recae la principal responsabilidad de lo que él es en la trama de la película. Ella es una loca, dice Wayne, que sometió a su hijo a todo vejamen y aceptó que lo violenten. Ella es culpable, lo que confirma Arthur cuando tiene acceso al expediente psiquiátrico de Penny.

Thomas, el empresario exitoso, padre y esposo responsable, que desea el bien para su ciudad, un hombre decente, queda liberado de culpa. En fin, lo que dijo a Arthur sobre ella, fue cierto, al punto que “Feliz”, termina asesinándola.

Una vez más, la causa del trastorno del individuo radica en el individuo mismo, con lo cual la responsabilidad del sistema y sus condiciones de vida pasan a tener menor importancia.

Fleck es víctima, sí, pero se transforma en héroe ante la gente que lo ve como un prototipo de la rebeldía social, pese a ser un trastornado mental, devenido en delincuente. Las masas delirantes ven en él al individuo que le hace frente al orden establecido y deciden asumir su rostro de payaso como símbolo de lucha.

Elemento funcional a los detentadores del poder. La burguesía cuestiona así los liderazgos sociales y revolucionarios. Para esta clase social, los que lideran las luchas contra el sistema son aventureros, despistados, delincuentes, criminales, sicópatas. Los pueblos los siguen como a sus mesías. Ahí radica la eficacia del populismo, gritan a los cuatro vientos, incluidos los espacios académicos donde en nombre de la democracia y la defensa del Estado de derecho, las luchas sociales y sus líderes son estigmatizados.

El argumento de la película conduce a ello. Un payaso asesino y trastornado, sin quererlo, sin proponérselo, genera un movimiento de masas, una revuelta contra el orden establecido. Las luchas no nacen de la conciencia política, son reactivas, como se presenta en El Guasón. Los pueblos actúan al calor de sus pasiones bestiales. Los otros, los blancos, ricos y triunfadores, como se ha dicho a lo largo de la jornada de lucha en el Ecuador durante estos días, son los buenos.

Thomas Wyne es asesinado junto a su esposa. “Te daré lo que putas mereces” , le dice su asesino. La justicia se ha ejercido contra los ricos: los resentidos obtienen un triunfo.

En el futuro, Bruce, el niño rico que sufrirá un sinnúmero de trastornos sicológicos al haber observado la muerte de sus padres, convertido ya en Batman, será el que vengue a los de su clase y salve también a las masas del crimen organizado dirigido aún por El Guasón. Los ricos siempre serán nuestros salvadores y Jocker su comodín.