Una izquierda con pañuelo verde

Felipe Pérez|

No podría describir el Capitalismo y sus dinámicas de forma correcta, para mí sigue siendo algo muy difuso, borroso o difuminado, aún no encuentro expresión para definirlo. Por lo pronto me conformo con entenderlo de la siguiente manera: Capitalismo es la forma de producción de la vida social que tiene como su fin último la producción de plusvalía. Para lograr esto, el Capitalismo produce una serie de sistemas conceptuales que orientan la actividad humana hacia sus intereses, configurando las relaciones
sociales que producen la sociedad en su totalidad. Entonces Capitalismo es al final del día mi realidad. Soy yo, mis ideas, mis espacios y cada una de las cosas que me constituyen como individuo. Por eso considero que la izquierda es mi única alternativa real.
Es verdad, yo no sé nada de revolución. Nací, según dicen, en el último capítulo de la historia humana. Que se ha caído un muro y entonces ya no hay nada más que decir. Me dicen que el mundo eligió el camino correcto, por la derecha, hacia la democracia y el progreso. Que los problemas que aun vivimos son herencias de un pasado superado, dicen que es cuestión de que se termine de liberar el mercado para que la economía se estabilice, que el Estado no se meta, no es cuestión de política sino de plusvalía, que lo fundamental es el crecimiento económico, etc.
Pero me quedan dudas: ¿Cuántos años se demora en crecer esa cosa? ¿Cuánto mide la economía hoy y cuánto tiene que medir para que podamos tener una sociedad sin hambre? ¿Y a ese tal mercado, quién
lo tiene secuestrado y quien está negociando esa liberación? ¿Y qué pasa con la política? ¿Por qué se tiene que quedar chiquita? A mí cada vez me quedan más preguntas, menos certezas. Y por eso se me hace difícil escribir cuestiones académicas. Hoy no quiero hablar de esas preguntas, que las responda la ciencia política o la sociología, yo no entiendo. A mí me tiene escribiendo el horror, la incapacidad por racionalizar la cotidianeidad en la que vivo. Permítanme explicarme:
Es por el espanto que siento día a día. Empieza con el noticiero del bus en la mañana, un resumen de las fatalidades que vivió el prójimo el día de ayer, para que a uno no se le olvide que siempre tiene que estar agradecido, hombre muere de dos disparos en la puerta de su casa, mujer es violada por sus amigos, dos niños desaparecieron a la salida de sus colegios. A mitad de esa mezquina rendición de cuentas que la muerte y la miseria nos brindan a diario, una madre enferma se sube a pedir dinero para su familia
hambrienta. Dos cuadras después un hombre desesperado expone frente a un grupo de extraños las fotos de su hijo hospitalizado, con la esperanza de recibir un par de monedas que lo mantengan respirando. Ya en clases interrumpen a mi profesor, un señor le pide espacio y tiempo para pedir algo de comida o un poco de dinero. A veces la puerta se cierra e importa más la ciencia que un estómago hambriento.
Regreso a mi casa después del almuerzo, mientras comía con mis compañeros se nos acercó una niña a ofrecernos caramelos, no se fue sin preguntar si había algo que le pudiéramos regalar. En la ecovía un niño se subió a rapear, algo de que en la calle el frío y el hambre matan la inocencia, pero que él no quiere matar ni robar. Yo apenas puedo escuchar. Cuando llego a la casa me acuesto a fumar, pongo algo de música y me pregunto cómo soy capaz de no llorar. ¿Dónde se me quedó la humanidad?
Entonces me queda claro, el Capitalismo no solo produce una sociedad horrenda, también produce cuerpos insensibles, por eso no tiene que dar explicaciones.
No estoy seguro de haberlo podido retratar, pero ese es el espanto que me pone a pensar en la necesidad de construir una sociedad diferente y me permite repensarme constantemente. No es un sueño o un delirio, no es vivir de utopías, todo lo contrario, pensarse en la izquierda es reconocer la miseria que envuelve la realidad colectiva en la que vivimos. No sé si entienda a Marx, no estoy muy seguro de si soy o no comunista, tantas opiniones encontradas. Pero creo en el derecho a resistir, y, sobre todo, creo en la potencialidad creadora del ser humano. Por eso creo en la izquierda. Más que nada si camina con un pañuelo verde en el cuello o amarrado a la maleta.