Por Santiago Ribadeneira Aguirre

En la larga ‘hoja de engaños’ escrita y propiciada con alevosía a partir del debate presidencial, por ideólogos y servidores del régimen autoritario del candidato presidente Daniel Noboa, caben tanto los juicios morales como los peores vituperios contra la candidata de la Revolución Ciudadana Luisa González. Son los consabidos nominalistas de derecha, para decirlo de alguna manera, que conciben el mundo –el de la política y el de la vida– desde la arbitrariedad del poder. Es la tendencia sumatoria de quienes establecen las leyes del mercado o del comercio, para repartirse las riquezas del país a su entera conveniencia.

Luisa González no solo se enfrentó en el ‘debate’ al candidato Noboa, a los raros particularismos ideológicos y a las incapacidades intelectuales de su gestión. En cada una de sus intervenciones González se encargó, antes, durante y después del debate del 23 de marzo, de mostrar los contrastes de pensamiento, de acción, de denuncia sobre el extremo de la totalización de lo político que se expresa en la figura patética del candidato presidente que corresponde a la coacción del orden, la noción falaz del orden que detiene y degrada la historia.

La candidata de la Revolución Ciudanía Luisa González desafía a Daniel Noboa en el terreno de las contradicciones ideológicas y políticas que vive el país, para que los ciudadanos podamos entender sobre todo las grandes divergencias que existen entre dos corrientes antagónicas e irreconciliables, que muestran el conflicto real entre el capital económico y los individuos, entre la realidad y las formas de la mentira que se construyen a día seguido desde el gobierno y las castas políticas oligárquicas y empresariales. De ahí que de ambos binomios solo Luisa González puede ser creadora de historia, de devenir, mientras en el candidato presidente prevalece la visión simplificada, neutra y obscena de lo político como un instrumento de cambio.

Luisa González, en su condición de mujer y de militante del progresismo, se enfrenta al poder constituido bajo la consigna única, plural y democrática de recuperar el país en el marco de templados fundamentos morales, éticos, culturales y de principios para extinguir el odio, la violencia estructural, el individualismo indiferente, la delincuencia organizada, la falta de inversión, el desempleo. Hay que desterrar para siempre el acre olor de la corrupción de la derecha que desde hace ocho años ha provocado iniquidades, desigualdades y pobreza acelerada en un sector del pueblo ecuatoriano.

El mecanismo mediador es la libertad, el pensamiento liberal amplio y la conciencia que desenmascaran la naturaleza hipócrita, fundamentalista y patrañera del candidato presidente Noboa; lo que él, su entorno familiar y político representan en estos momentos complejos, difíciles para el Ecuador. La palabra del candidato presidente está descompuesta, podrida, putrefacta. Frente a la congelación del discurso oficial, de cristalización ideológica, Luisa González, la candidata del progresismo y de la izquierda, es quien restaura un nuevo lenguaje, más comunitario, social, solidario que cada vez le da más sentido a su vasta y humanista propuesta de gobierno.

Luisa González es la mujer insumisa, de una rotunda postura política de insumisión ante las arbitrariedades del poder, de la fundamentación violenta del poder político, que rechaza con toda la fuerza de sus ideas y de su reflexión creadora, que cuestiona la inmovilidad, la ‘estrategia pastoral’ del régimen para controlar a las personas y los dogmas reaccionarios conclusos de la derecha totalitaria, saqueadora de Noboa y compañía.  

La desestabilización política y económica que ahora mismo sufre el Ecuador, como consecuencia de un modelo neoliberal desigualitario aplicado a mansalva por los tres últimos gobiernos, pone en evidencia un ‘contrato democrático’ completamente asimétrico. Ahí aparece el discurso del poder plagado de mentiras y contradicciones que Luisa González acaba de posicionar como tema del debate público, como ‘lecciones de la realidad que pueden enseñarnos a transformar la realidad’ (B. Brecht, La decisión).

Ese es el conflicto que va a dirimirse este 13 de abril, que además ilustra las dimensiones históricas de un proyecto que debe entenderse considerando las amplias incompatibilidades programáticas e ideológicas entre las propuestas de Luisa González (que es el sentimiento de la mayoría de mujeres y hombres de este país) y Daniel Noboa, envuelto en una falsa retórica marmórea, deshonesta, de chantaje, incluso cruel y machista.

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