Lasso, el señor Feudal

Arturo Belano|

Enero empezó movido para Guillermo Lasso. Como si la campaña ya fuera mañana, nos ha dado una muestra muy detallada de su pensamiento, su programa político y su forma de ver la vida. Es el político que más se ha estado preparando para la contienda electoral y se encuentra rodeado de un grupo bastante amplio de actores políticos, pensadores e intelectuales que lo respaldan. Tenemos que reconocer la solvencia con la cual ha iniciado su campaña política con ofertas de campaña y sesudos analistas que la sostienen. Lástima por él, que todo ese esfuerzo sirva solo para demostrar su verdadera cara, justo la que no quiere que se le vea, la verdadera.
Guillermo Lasso y CREO han demostrado que el tiempo siempre es relativo y puede ser circular. Así, por ejemplo, mientras amplios sectores de la población vivimos ya en 2020, e incluso en 2030, ellos viven en 1780. Daría para un análisis metafísico interesante el entender cómo se pueden vivir realidades paralelas tan disímiles unas con otras, porque claramente el banquero no es que está en una posición ideológica diferente que pudiera respetarse, es que el pobre hombre está ubicado en una posición espacio-temporal en la que el Estado democrático existía ligeramente. Guillermo Lasso vive una realidad de Estado feudal que dista años luz de cualquier democracia contemporánea y desarrollada.
Para Lasso y su equipo de campaña, el Ecuador no es un país. Es un conjunto de haciendas que deben ser administradas con las mismas o peores instituciones de la colonia. Si pudiera, traería de vuelta la Mita, el Estanco o el Huasipungo. Lasso no quiere una democracia plena, quiere un acuerdo de señores feudales. Para CREO, no existen ciudadanos, existen los siervos y los esclavos, a los que no consideran humanos y a quienes piensan que deben entregárseles migajas y negárseles cualquier posibilidad de desarrollo.
Ya el año pasado, el principal (pseudo) intelectual de Lasso, que ni siquiera terminó la Universidad en Guayaquil y se mandó a cambiar a España en donde obtuvo, vaya usted a saber cómo, un doctorado; sostenía con total soltura que el salario básico debería ser de USD 200 porque así, el empresario contrataría al doble de personas. (aquí debería poder insertar un Emoji de ojos mirando hacia arriba porque no encuentro otra forma de expresar mi pereza ante esta calidad de alegatos). El infortunado Caicedo no tiene ni pálida idea de cómo funciona la economía, la realidad o la vida y piensa que, en lugar de que el empresario genere condiciones competitivas basadas en la I+D, los procesos asociativos, el desarrollo de economías de escala o cualquier posibilidad existente, es mejor empobrecer a toda la población. Si ya con USD 400 de básico una familia tipo en Ecuador vive en condiciones precarias, imaginen con USD 200. Y es que, claro, para esta gente, los ciudadanos del país no merecen salir de la pobreza. Solo deben servir como mano de obra barata, explotada (ojalá y si fuera posible, esclavizada).
Este año, para ahondar en la visión feudal, Lasso ha afirmado, y sus acólitos lo han secundado con alegorías cada vez más peregrinas, que se debe eliminar la prueba Ser Bachiller. Es una paradoja de proporciones el que los libertarios, que sostienen que la libre competencia debe aplicarse a cualquier proceso, no ya solo de mercado, sino social, política, ambiental; quieran que no exista competencia para el ingreso a las Universidades. Este grupo estudió (supuestamente) en Estados Unidos o en Europa y ha visto los complejos procesos de selección para el ingreso a las mejores universidades del mundo, así que no puede decir que no sabe de lo que habla (Excepto el propio Lasso que con suerte es bachiller, que no ha pisado ninguna universidad y que claramente, ignora absolutamente de casi todo). En realidad, lo que quieren es que la República se vea impedida de avanzar en el desarrollo de la ciencia, forme mejores profesionales que cumplen roles más eficientes en la sociedad. Se visten de liberadores y en realidad son opresores.
Culpan a Correa de crear un proceso excluyente de acceso a la educación por copiar las mejores prácticas mundiales en desarrollo de la educación superior, y en realidad son ellos los que quieren un modelo precario de educación y, además, solo para sus amiwis. Al señor feudal no le conviene ni le interesa una sociedad educada, crítica, con capacidad de razonamiento y decisión. Esto es terrible para sus intereses y sus anhelos. No sirve de nada que hasta los burros tengan título de tercer nivel si son incapaces de entender la realidad, interpretarla y mejorarla, lo cual es sólo posible si los procesos educativos se dan en condiciones de calidad y sólo para quienes tienen las capacidades reales de formarse en un centro de educación superior. Ya vivimos el cuento del libre acceso a la universidad y todos sabemos cómo quedó ese cuento, tan malo y terrorífico que se tuvieron que cerrar 14 entidades que eran, a toda regla, una estafa social de proporciones.
Como buen señor feudal, querrá regalar migajas disfrazadas de libertad. Una libertad que es mentirosa porque, al final del día, no está sostenida en la disminución de la desigualdad social, el mejoramiento de las condiciones de calidad de vida, el aumento del acceso a servicios públicos de calidad; sino en una supuesta libertad para hacer lo que quieras en donde quieras. al final, solo es libertad para adquirir cosas, muchas veces suntuarias, que alimentan los bolsillos de sus acólitos. En realidad, libertad de comprar no es libertad de vivir.