María Paula Romo, capataz de los banqueros

Ezequiel O. Salinas|

Cuando Fidel Egas salió a defender el helicóptero policial de María Paula Romo y su boyfriend, todo quedó claro. Era la pista necesaria para los que quieran investigar el origen de la infiltración desde hace una década. 

Fidel Egas es el dueño del Banco Pichincha, del Banco Rumiñahui, del Banco de Loja, del Banco Diners, de BANRED, de Teleamazonas y de un montón de otras empresas, que ya detallamos en un artículo anterior sobre el latifundio mediático-financiero. Pero su alcance va aún más allá. Hoy tiene a su abogado personal como “evaluadorde facto de la Corte Nacional de Justicia, a un ex abogado personal como abogado de Balda para apresar a Rafael Correa, a otro abogado personal como embajador del gobierno de Moreno ante la Unión Europea, Bélgica y Luxemburgo. Ellos son Antonio Rodríguez Vicéns, Felipe Rodríguez y Pablo Ortiz García (hermano de Jorge Ortiz, ex periodista principal de Teleamazonas).

Durante su período de correísta en la Asamblea Constituyente, María Paula Romo presidía la Mesa 10. ¿Quién era el asesor principal de María Paula Romo? Esteban Ortiz Mena, hijo de Pablo Ortiz, quien además es hoy el número 2 de la Superintendencia de Compañías. De acuerdo a los jueces que favorecieron a Egas en el juicio de Teleamazonas, la entidad encargada de enjuiciar a Egas es la Superintendencia de Compañías y no la Superintendencia de Bancos. Eso no va a pasar mientras el número 2 de la Superintendencia de Compañías sea Esteban Ortiz Mena, pues. Otra vez, los conflictos de interés de cuello blanco.

María Paula Romo, junto con Esteban Ortiz Mena, gestionó la amnistía general para Gustavo Noboa Bejarano pero no permitió la amnistía a favor de Wilma Salgado. La razón: Wilma Salgado había denunciado a Pablo Ortiz García cuando él era conjuez de la era partidocrática. Ortiz Mena era y es socio, junto con su padre, del bufete Pérez Bustamante Ponce, fieles defensores de los banqueros (no solo nacionales) que eran los acreedores de los bonos de deuda externa ecuatoriana. Este bufete intervino en la negociación de los bonos y en 1992 pusieron a un ministro de finanzas para que firme el “Tolling Agreement”, un documento que renovó las obligaciones a favor de los acreedores de la deuda externa y en perjuicio del Ecuador. Por eso nunca encontrarán una sola declaración de María Paula Romo a favor de la renegociación de la deuda externa del 2008, a pesar que era ‘cuadro’ del correísmo

Pero la relación de Romo no es exclusiva con Fidel Egas y el grupo financiero del Pichincha. Le gusta ser capataz de los banqueros. Lo revela su paso como profesora de la Universidad de las Américas (UDLA). La UDLA, especialmente con Carlos Larreátegui a la cabeza, se convirtió en la sede, financista y generador de lugares comunes de la Unión Demócrata Cristiana (UDC), hoy CREO. Siempre debemos recordar dos momentos críticos del rol político de la universidad (transnacional) llamada UDLA: el doctorado honoris causa (sic) otorgado a Guillermo Lasso, y la ceremonia de fusión entre la UDC y CREO

La última vez que los banqueros pusieron presidente sufrimos la peor crisis de la historia del Ecuador. Esa última vez quien estuvo a cargo fue la UDC. Y ahora vemos como Moreno está entregado de cuerpo entero a los banqueros, incluso desde el 19 de mayo de 2017, antes de ser presidente. Esa foto retrata los favores a los banqueros offshore: mató el dinero electrónico y nunca creó la billetera móvil, a Fidel Egas le devolvió Teleamazonas, a Fernando Pozo le entregó el Banco del Pacífico Panamá, a Guillermo Lasso los negocios con del BID (Richard Martínez, delegado del Comité Empresarial y actual Ministro de Finanzas es el Presidente de la Asamblea del BID) a cambio de acordar la “gobernabilidad” del Ecuador, como de forma nefasta confiesa Héctor Yépez. 

La alianza entre la gente de Egas (capital financiero quiteño) con la gente de Lasso (capital financiero guayaquileño) cristalizada con el apretón de manos entre Romo y Lasso es de miedo. O, más bien dicho, la subordinación de Lasso al capital financiero quiteño, es de miedo. En ese contexto, ¿qué le depara al Banco del Pacífico? Más grave ¿qué le depara a los ahorristas?