Carapaz o la victoria de los humildes

Editorial|

Richard Carapaz nos emociona en el alma y nos da más de una razón para entender al Ecuador real, al de los humildes, al de los que luchan, al de los que ven el futuro con ansias de vencer y al que todos añoramos como una geografía de igualdad y justicia.

El hijo digno del Carchi nos has dicho con su ejemplo lo que podemos y debemos hacer para imponernos a los obstáculos y a las dificultades de un sistema injusto, inequitativo, excluyente y marginador, ese sistema al que ahora tantos aplauden y desde el gobierno tanto emulan.

Él se consagra en la historia y nos consagra con su legado de lucha.

Él potencia el orgullo nacional desde los más nobles hijos del pueblo mestizo.

Él racionaliza esa pasión por la victoria instantánea que nos lleva a la eternidad.

A la distancia, Richard Carapaz nos da señales de lo que es posible con la constancia y con el esfuerzo colectivo, con el apoyo y el respaldo, con la conciencia de hacer el bien por los demás. Su trabajo diario y consecuente con un propósito rinde frutos sin pedir nada a cambio. Enarbola a la nación porque con su éxito aniquila a quienes quieren desconocer, entre muchas cosas realizadas por la misma gente en un país tan rico, los logros de la década pasada, pero también señala la grieta abierta por Lenín Moreno en la política pública del deporte y del apoyo a quienes emprenden con dignidad sus desafíos y sus sueños.

Ahora más que nunca entendemos por qué batallan los débiles y los soñadores.

Hoy contigo Richard es más clara aún la razón de sentir la exclusión y vencerla.

Desde siempre, carchense del alma, sabemos que las vibras de la razón nos guían.

Hoy por hoy nos has dado mucho aliento para seguir luchando. Con tu victoria has tapado la boca de los que por cumplir con el FMI cierran los centros de alto rendimiento, los que se ahorran en los pobres para perdonar las inmensas deudas de los ricos, los que hacen de la austeridad un pretexto para favorecer a los banqueros y a los importadores. Aquel que dijo que no ganábamos ni una sola medalla ahora tiene que silenciarse, pedirte perdón y no ofrecerte preseas justo después que has ganado al margen del poder que no fuiste a representar; porque ese mismo es el que se mofa de los que luchan desde abajo, pues cree que agachándose ante los poderosos tiene ganado el cielo.

Como grupo y como compatriotas, quienes conformamos Ruta Krítica te felicitamos y nos felicitamos por compartir esta alegría en medio de un tiempo de desasosiego y desesperanza. Nos entusiasma poder compartir esta victoria y marcar de nuevo el rumbo de los luchadores y de los revolucionarios. Estimulas esa partecita que constituye el motor de las transformaciones: el corazón del pueblo.

Te abrazamos con la energía de los que nada tenemos que perder y sí mucho que ganar ahora que la patria se vende, sin rubor, a los amos del dinero y de la guerra.