Colonialismo del siglo XIX

Pedro Pierre|

“¡Patria libre: Vender o morir!”… parece un lema olvidado. El siglo 21 había comenzado con grandes esperanzas de un cambio de sociedad en América Latina. El león del norte no hacía más que una siesta, ocupado en otros intereses. El colonialismo ha regresado con su lacra de racismo.
GOLPE DE ESTADO EN BOLIVIA
Nueva pesadilla: Bolivia ha caído. Ecuador está bien caído, desde 2 años y medio. Eso no va a dar marcha atrás a corto plazo. Es el resultado del colonialismo del siglo 21. Sigue igual que desde la colonia, igual que en la colonia, más sutil, más campante, más descarado con la complicidad de las oligarquías nacionales, por obra y gracia del gobierno de los Estados Unidos. No es que el colonialismo haya cambiado, es peor. Mata más gentes por la pobreza creciente y por las matanzas de los que protesta, destruye más ‘almas’ porque se nos niega la dignidad de “ser sujeto y no mero espectador engañado y vejado”. El colonialismo no ha cambiado por la sencilla razón que antes no nos dábamos cuenta. Ahora sí, somos más numerosos a haber abierto un poco más los ojos, a haber tomado conciencia de nuestra triste y decepcionante realidad. Pesadilla de un sueño que logra acontecer por la indiferencia de muchos, muchísimos que prefieren “las cebollas de Egipto al escaso maná del desierto”. Así les pasó a Moisés y Miriam cuando estaban sacando a sus compatriotas de la esclavitud de Egipto y de sus ricas pero ajenas cebollas…
Moisés y Miriam recordaban el sueño de Abraham y Sara, hasta que lo asumieron y decidieron hacerlo realidad. “Deja tu tierra, a los de tu raza y a la familia de tu padre”, habían entendido Abraham y Sara, es decir, ‘deja tus raíces’ que no son más que lazos de esclavitud organizada por los pequeños reyes de la época, con la complicidad de los terratenientes y de las familias acomodadas. ‘Deja tu fe en muchas divinidades’ que no son más que la justificación de la misma esclavitud. “Anda a la tierra que yo te mostraré”, es decir, ‘descubre que estoy contigo, entre ustedes, como compañero fiel y liberador, si decides tener tierra propia’. Todo proyecto social comienza con un triple objetivo: un pueblo, un proyecto y una tierra. En eso están los Indígenas de América Latina.
Unos 250 años después de Abraham y Sara cuyos descendientes hebreos habían caído en esclavitud en Egipto, Moisés y Miriam con un grupo de Hebreos valientes logran hacer realidad el sueño de sus antepasados Abraham y Sara. Eso es el “éxodo”, a la vez ‘salida’ de Egipto y ‘emprendimiento’ de un nuevo proyecto social, económico y religioso. Antes de llegar a la Tierra prometido, tuvieron que pasar 40 años por el desierto, aprendiendo a vivir ya lo que sería su organización en la tierra de sus sueños: proteger su libertad alcanzada, confirmarse en la equidad para cada uno tenga lo que necesite, y purificar su fe en un Dios amigo y liberador. 1,200 años más tarde, Jesús de Nazaret retomaría el mismo sueño y proyecto y lo llamaría ‘Reino de Dios’. ¿Es esa la fe de los cristianos de hoy que poco sabemos solidarizarnos con los proyectos y levantamientos populares…? ¿Es esa la fe de todas las y los que luchamos por un sueño de libertad colectiva, de sociedad equitativa y de espiritualidad liberadora?
Son estos los criterios que nos permiten evaluar la situación actual de Ecuador y de América Latina: Un pueblo, un proyecto y un espacio para hacer realidad el proyecto de un pueblo organizado. Primero “un pueblo” consciente, organizado, decidido, valiente. Hoy, ¿con quiénes contamos para hacer realidad un sueño colectivo diferente? Luego “un proyecto”. Circulan plataformas: ¿las hacemos nuestras, las construimos juntos, nos unificamos a partir de un mínimo común, las estamos viviendo ya en nuestras familias y con nuestras amistades? En fin “un espacio común”. Este espacio común son nuestras reuniones, nuestras actividades de compartir equitativo, de dignidad alcanzada, de acciones solidarias, de visibilidad… perseguida. ¿Sabemos liberarnos del consumismo que nos esclaviza, del individualismo que nos paraliza, para vivir desde la familia la equidad, la responsabilidad, la colaboración? ¿Nos guía una espiritualidad liberadora y celebrativa, más allá de las religiones enfrascadas en un pasado superado?
Cada vez que se produce un levantamiento, estamos dando unos pasitos más. Al haber logrado muchos países de América Latina “una década ganada”, ponemos bases para afianzar un nuevo proyecto de sociedad. Pero vemos que no es suficiente. La ola fascista que ha invadido América Latina en este nuevo milenio viene para quedarse: tiene los mismos actores internos en sus oligarquías y gobiernos vende-patria; tiene el mismo amo en el Tío Sam o compadre traidor. Nos falta mayor conciencia, preparación, organización, valentía y decisión. No estamos viviendo lo suficiente la libertad necesaria, ni la equidad obligatoria, ni la espiritualidad transformadora. Lo vemos en el racismo que, lastimosamente, quedó sembrado en nosotros y entre nosotros.
LA LACRA DEL RACISMO
Uno se pregunta Ecuador, ¿país racista? después de casi 200 años de ‘independencia. No se ha superado el colonialismo europeo ni el colonialismo norteamericano. Desde el principio del levantamiento del mes pasado no han faltado las expresiones y actitudes racistas. Empezaron Nebot y Lasso; luego vinieron las afirmaciones de que los Indígenas no están en capacidad de gobernar el país; unas encopetadas salieron en redes sociales haciendo burlas ofensivas sobre las plumas de los Indígenas del Oriente; tampoco se quedaron atrás los ciudadanos de a pie. El racismo no es más que un complejo de inferioridad no superado. Y para los creyentes es pecado contra Dios ya que no somos capaces de admitir que todas y todos somos iguales en dignidad por ser hijos del mismo Dios. Uno se pregunta por qué tanto racismo ya que la mayoría de los mestizos tienen sangre indígena. ¿No será porque se identifican con el europeo que vino a estas tierras para matar, violar y robar? Pasa también algo parecido pasa con los negros: ¡Cuánto racismo contra ellos también! ¿Por qué no aceptamos que todos venimos de África? El racismo es algo enfermizo que nace del orgullo y el egoísmo.
En el mes pasado el papa Francisco advirtió a los participantes del Sínodo de no caer en este vicio del racismo. Habló primero del colonialismo o más bien de “nuevos colonialismos” disfrazados de clericalismo, autoritarismos e imposiciones. Estas son sus palabras: “En nuestro país, un lema “civilización y barbarie” sirvió para dividir y llegó al culmen, hacia fines de los años 80, para aniquilar la mayoría de los pueblos originarios, porque eran “barbarie” y la “civilización” venía de otro lado. Es el desprecio de los pueblos… todavía sigue en mi patria, con palabras ofensivas, y entonces se habla de civilización de segundo grado, los que vienen de la barbarie… siempre ese alejarnos de la realidad de un pueblo calificándolo y poniendo distancias… Ayer me dio mucha pena escuchar aquí dentro un comentario burlón, sobre este señor piadoso que llevó las ofrendas con plumas en la cabeza. Decime: ¿Qué diferencia hay entre llevar plumas en la cabeza y el “tricornio” que usan algunos oficiales de nuestros dicasterios?… Pensando hoy en estas élites católicas y cristianas a veces, me acordé de una frase de Péguy: ‘Porque no tienen el coraje de estar con el mundo, ellos se creen de estar con Dios. Porque no tienen el coraje de comprometerse en las opciones del hombre, en las opciones de vida del hombre, se creen de luchar por Dios. Porque no aman con ninguno, se creen de amar a Dios’.”
Frente a las sabidurías de los pueblos originarios, la belleza de sus cultos, la fuerza de sus espiritualidades, el teólogo argentino Francisco Bosch escribió un artículo titulado: “La civilización de los Bárbaros”. Mirando la decadencia moral y política de los países desarrollados del norte encarnada en sus gobiernos con su capitalismo desenfrenado y sus guerras ‘humanitarias’, nos damos cuenta que la barbarie está ahora dónde ellos. Escribe: “Los ‘emplumados’ encaminan las carabelas en sentido opuesto. Cargan allí sus redes, sus colores, sus sabores, sus relatos, sus fiestas. Llevan en su piel los gritos de sus hermanxs y de su tierra bendita… Los países desarrollados se han enriquecido en gran medida gracias al colonialismo. Ignoran esto, y esperan continuar con su vida cómoda. La pregunta es: ¿cómo llevar la conversión a los antiguos colonizadores?… Quinientos años después, los ‘desalmados’ son sujetos de la nueva controversia de época: ¿Cuáles son los vínculos fundamentales para sostener la vida en el planeta? Los maestros de esta nueva disputa son los pueblos indios de Nuestra América, que nombran ‘Buen vivir’ al Proyecto de Reino de Dios de nuestro hermano de Jesús… El Papa Francisco parece decidido a gastar las fuerzas de su vejez en ese despertar: la voz de lxs de abajo va a salvar el mundo. Hay que volver a escucharlos por vocación creyente, por necesidad de supervivencia, por exigencia histórica… Quizás ya no tengamos un Arca de Noé para salvar a algunos, pero sí nos quede una canoa donde caben todos los saberes y vínculos primordiales.”
El planeta Tierra es nuestra única ‘canoa’ en la que nos podemos enriquecer, como iguales, mediante nuestras sabidurías y espiritualidades, nuevas y antiguas. El colonialismo, el racismo y la cerrazón son las muestras de una gran pequeñez. Volvamos a recomenzar desde abajo, desde lo cotidiano, desde el corazón, desde la familia, desde nuestras pequeñas comunidades de amigas y amigos… hasta nuevos levantamientos que tengan dimensión latinoamericana, para que retroceda el colonialismo del siglo 21 y amanezca un pueblo más digno, participativo, equitativo y feliz…