Criterios de acción en tiempos caóticos

Pedro Pierre|Política|

Todos necesitamos de criterios para conducirnos correctamente en la vida. Todas nuestras pequeñas decisiones marcan la dirección de nuestra vida. Lastimosamente muchas veces nos damos cuenta tarde que nos hemos equivocado, porque no nos hemos sentado para pensar y decidir correctamente. Veamos cómo orientarnos a partir de orientaciones sencillas.

  1. ‘PENSAR GLOBALMENTE Y ACTUAR LOCALMENTE’

Primero, ‘pensar globalmente’. En eso están las nuevas generaciones, diría ‘por obligación’. Y nosotros los adultos nos cuesta abrirnos a esta nueva dimensión planetaria, a relativizar lo que pensamos y creemos, porque nuestro mundo es muy diverso y nadie es poseedor de la verdad total. Mucho tenemos que aprender de los demás y de los otros pueblos. Los jóvenes están en esta dinámica, naturalmente. (¿Estaré en lo cierto? ¿No habrá algunos que no ven más allá que el pequeño círculo de su familia?) De allí vienen los conflictos de generación: los padres no entienden a sus hijos y los hijos se rebelan contra los padres. Ridículos son los regionalismos y nacionalismos. Absurdo es decir que nosotros tenemos toda la razón y que estamos más avanzados que otros. Estamos en una época de tolerancia y de apertura. Tolerancia porque las diferencias están para enriquecernos. Apertura porque no podemos decir que lo sabemos y comprendemos todo.

Está globalización tiene sus riesgos porque podemos exagerar el valor de lo nuestro, pensar y hacer lo que nos da la gana sin tomar en cuento la familia, la vecindad, la cultura donde hemos nacido y crecido. Esta globalización nos puede dar miedo porque es una globalización salvaje que considera que el dinero es lo más importante. Podemos refugiarnos en el pasado pensando y diciendo que ‘ayer todo era mejor’. Por eso tenemos que unir las 2 partes de la frase: “Pensar globalmente y actuar localmente”, o sea, mantener en nuestra manera de vivir estos 2 aspectos, como las 2 caras de una misma moneda.

Dice la frase “actuar” y no pensar o hablar. Porque para pensar y hablar podemos ser muy buenos, campeones: ¿de qué nos sirve no vamos más allá, si pensamos sin actuar? En este caso no somos más que cabeza vacía y campana que suena cuyo sonido se lo lleva el viento: Un cascarón vacío, tal vez bonito, pero completamente inútil e inservible.

El criterio completo incluye “actuar localmente”. Es por nuestras acciones que nos vamos a medir y que vamos a medir nuestra capacidad de crecer, desarrollarnos, ser alguien. De esta manera nos miden también los demás. Entonces a aportar nuestra parte para que la vida sea un poco más sabrosa, la fraternidad un poco mayor, la justicia más real, la felicidad más compartida… comenzando allí donde hemos sido sembrados. Si no somos capaces de lograr pequeñas realizaciones, difícilmente podremos alcanzar grandes logros. Nos formamos en lo pequeño y la vida se encargará de ponernos desafíos y dificultades más grandes.

“Hay un tiempo para todo” nos dice la Biblia. Comencemos de a poco y unamos los 2 espacios, tanto ‘pensar y actuar’, como ‘local y globalmente’, y si lo hacemos con otros, en comunidad, mejor todavía. ¡Que este refrán nos vaya guiando para que no seamos ni amargados, ni atrasados, ni puro viento, sino tranquilos, seguros y activos!

  1. ALTERNATIVAS Y PODER POPULAR

¿Cómo encontrar un norte en esta fanesca de candidatos? Unas certezas se confirman: nadie cree en los particos políticos. Otra certeza: la gente que vamos a elegir va a tomar decisiones y sacar decretos que nos afectan directamente. Estaremos bien amarrados y mal parados si, por una parte, elegimos candidatos que buscan sólo su interés y si, por otra, nos seguimos controlando estas decisiones y decretos.

Pero nos queda un chance: ciertos candidatos buscan el bien común y serán personas responsables, con nuestra ayuda y control. Esto supone que no sólo durante la campaña electoral despertemos un poco en nuestra responsabilidad política y algo digamos de la situación local y nacional. Hay que tomar conciencia que esta actitud debe ser permanente: el destino del municipio y de la prefectura está siempre en nuestras manos. Es cuando nos descuidamos que se nos escapa el poder de nuestras manos, o más bien entregamos nuestro poder a las personas elegidas y les dejamos tomar solas las decisiones que les den las ganas.

Cuando hemos despertado en conciencia y espíritu crítico, nos falta organización y continuidad. ¿Cuándo decidiremos empezar esta segunda etapa? Con razón nos quejamos del caos en que está el país, del desempleo y de la pobreza que aumentan, de los costos de la educación y de la salud, del aumento paulatino de los precios… Pero tenemos lo que nos merecemos, pues el país es de nosotros y no de los demás. Si lo dejamos en manos ajenas, no nos quejemos de los resultados. Nuestras autoridades hacen lo que les dejamos hacer.

He aquí otros dos criterios: las alternativas y el poder popular. Los candidatos que conocemos y por quiénes vamos a votar, por una parte, ¿presentan verdaderas alternativas y no promesas que se las llevará el vientos una vez elegidos? Y, por otra, ¿fortalecen nuestro poder, nuestro empoderamiento? ¿Acuden en elecciones solamente en tiempos de campaña electoral? No se trata que no pidan únicamente nuestro parecer, lo que ya es bastante; sino que nos hagan partícipes de las decisiones que van a tomar, porque hay espacios oficiales para nuestra participación tanto en las reuniones del municipio -es el caso de la silla vacía-, como en la prefectura -es el caso de las veedurías, que valen también para el municipio. Pero, ¿nos interesamos en estas cosas y participamos con los que promueven estas instancias de derecho que sí, son muy eficaces? Entonces, ahí también si no nos interesamos ni participamos, tampoco tenemos derecho de criticar: “¡Quítate la viga que tienes en el ojo antes de querer quitar la pelusa que está en el ojo ajeno!”.

Concluyamos. Uno: Toda elección es importante porque damos poder sobre nosotros a las y los que elegimos. Dos: Siempre las y los que elegimos dependen de nosotros si nos tomamos la molestia y el derecho de controlarlos y hacerles propuestas para que gobiernan a favor nuestros intereses. De esta manera se hará realidad lo que ababa de pedir el papa Francisco: “Que los que hagan política antepongan el bien común a sus intereses privados.”