Crónicas de la cuarentena (33) la gratitud

Lucrecia Maldonado|

Hoy grabé un programa más de #RutaDeLetras para Hoja de Ruta. Pequeños milagros que suceden: mi amiga Liset Lantigua no había podido venir a otros programas, cuando los hacía en vivo, por su horario laboral y la distancia entre los estudios de la radio y su lugar de trabajo. Pero gracias a esta circunstancia que a todos nos tiene sufriendo, ella pudo estar en el programa. Lo compartimos con César Armando Bermeo, su buena vibra y el buen humor de siempre, y Christian Costa Woith, su conocimiento del tema y su proactividad para promocionar su región también presa, tantas veces, de la ambición y la estulticia de los poderosos. Fue un momento agradable, aunque a veces el Skype no colaboraba como hubiera sido de desear, pero a la final todo se solucionó.
Es una circunstancia personal aislada en medio del maremágnum político, el horror de la enfermedad y la muerte, y la incertidumbre que nos mantiene en vilo. Pero por un momento pudimos vivir el presente, y si bien mencionamos también las circunstancias adversas, pudimos hablar de aquello que amamos: los libros, las patrias, la poesía, el 23 de abril… Y no es que olvidemos lo que el mundo está viviendo, es solamente que miramos hacia lo que tendríamos que agradecer.
Sí, sabemos que en este momento habrá personas que no tendrán nada qué valorar porque su corazón ha sido estrujado por el dolor hasta quedar prácticamente exangües. Y ante esa desolación solamente nos queda inclinarnos respetuosamente, y sentir no lástima, sino compasión en su original acepción de ‘sufrir con’. Por un momento incluso me puede avergonzar y hacer sentir mal mi buena fortuna frente a tanto sufrimiento.
Toda comparación es odiosa, tanto con quienes están mejor y con quienes están peor que nosotros. Pero en algún momento, cuando escribí un dolido poema en relación con Guayaquil, ciudad que quiero tanto, alguien oriundo del puerto principal me dijo, con convencimiento y fuerza: “volveremos a levantarnos de este mal sueño”.
Ahora bien, la gratitud nos ayuda a vivir, a cambiar la perspectiva y el enfoque del dolor y a valorar hasta el último y más pequeño regalo de la vida. Pero la gratitud también obliga, así como la nobleza. La gratitud obliga a entender que si tenemos fuerzas para volver a levantarnos, hay que agradecer esas fuerzas y levantarnos. Y si tenemos discernimiento e inteligencia para comprender los intríngulis de cómo llegamos hasta aquí, también tenemos que agradecer esa comprensión y ponerla a trabajar en beneficio de quienes resultaron damnificados de esta desgracia. No podemos quedarnos en la mera gratitrud pasiva de un libro de auytoayuda. Agradeciendo nuestra comprensión y nuestras fuerzas, es importante también ir a la acción para evitar que este tipo de situaciones vuelvan a ocurrir. Y no me refiero a la enfermedad, que puede estarnos acechando encualquier rincón, como bien dice Albert Camus en el final de su novela LA PESTE, no. Me refiero al desastroso manejo de las diversas crisis que confluyeron en este terrible momento.
Agracediendo lo bueno que tuvimos hace tiempo. Valorando la suerte de poder seguir, también debemos luchar por los cambios necesarios a partir de ahora y hacia el futuro. No podemos continuar impávidos y sumisos ante la cruda realidad del abandono, la corrupción, la mentira y la ambición desmedida. Se lo debemos a nuestros muertos.