Crónicas de la cuarentena (8) Las terceras edades

Lucrecia Maldonado|

Ahora dicen que la gente mayor de sesenta y cinco años es ‘población vulnerable’. Y van a cuidarles. Yo tengo cincuenta y siete, y no me tiño el cabello porque no me da la gana. Entonces la gente relaciona: canas = anciana… cuando les conviene Por otro lado, dicen que la gente mayor de cincuenta y cinco años no puede circular, no puede hacer las compras y no puede prácticamente valerse por sí misma.
Sí, se ve una intención, un protocolo, un cuidado. Pero como muchas otras cosas que han sucedido en estos días, una total falta de criterio.
Porque, veamos: si una persona mayor de cincuenta y cinco años vive sola, si no tiene una tarjeta de crédito, si no puede acceder a un servicio a domicilio… ¿qué va a hacer? ¿Quedarse a morir de hambre en la comodidad de su hogar, bien protegida pero bien hambrienta y bien sedienta?
No creo que sea algo muy difícil de entender. Y de accionar en consecuencia. ¿Acaso la sociedad que finge protegernos realmente nos protege con algún sistema que nos permita abastecernos sin correr riesgos? ¿Hay algún estamento, organismo, institución, etc., que se encargue de prestar servicios básicos a gente mayor de sesenta y cinco años, con patologías o en situación de riesgo, que viva sola?
Por otro lado, y es también frecuente, puede ser que esa persona mayor de cincuenta y cinco años tenga alguien que dependa de ella: un nieto huérfano menor de dieciséis años, una hija discapacitada, un esposo cuadrapléjico, una hermana con algún problema. Y en esos casos, ¿qué harán? ¿A quién acudirán? ¿Qué será de ellos y ellas si es que se han cambiado de ciudad o no tienen más familia que acompañarse el uno a la otra? ¿Realmente son sensatas y toman en cuenta la seguridad y el bienestar de todos estas draconianas disposiciones?
Más bien, pienso que si una persona mayor de cincuenta y cinco años o con cierto tipo de vulnerabilidad pero que no cuenta con ayuda acude a un supermercado o a un mercado debe contar con unas condiciones de la institución que minimicen su riesgo, ya que es población vulnerable; pero se debe tomar en cuenta que tal vez está sola, y que es muy posible que no cuente con medios de ayuda.
Hace más de dos mil años, alguien cuya existencia real no está comprobada dijo que no se ha hecho el hombre (las personas) para el sábado (la ley), sino al revés. Pero sabido es que algo tan simple y humano no se suele abarcar en su total sentido. Si los estamentos sociales y legales no nos brindan ciertas facilidades para la protección ¿qué más quieren que hagamos?