La izquierda después de Macri: “es tiempo de escuchar”

Juan Fernando Terán|

Después de su derrota en las elecciones primarias en Argentina, el presidente Mauricio Macri trasmitió un mensaje que merece ser analizado con detenimiento. Como si fuese una “carta para el futuro”, aquel contiene los elementos básicos que las derechas latinoamericanas utilizarán para evitar el “regreso” de la izquierda. Lejos de ser una pieza de lógica impecable, su discurso muestra aquella retórica que las clases dominantes criollas pueden construir por sí mismas sin asesoría del Departamento de Estado… aunque posiblemente con la asistencia de Jaime Durán Barba, un buen amigo del futuro candidato presidencial en Ecuador, Jaime Nebot.

Lo obvio suele olvidarse

El fracaso de Macri levantó el animo de la izquierda. Cual efecto perverso de la euforia, sin embargo, muchos podrían imaginar que el neoliberalismo autoritario será inevitablemente derrotado en lo sucesivo. Para visualizar que ese resultado es solo una posibilidad, tomemos como caso a Ecuador, un país que celebrará elecciones presidenciales en 2021.

“Macri no perdió solo una elección: perdió el poder”, escribió acertadamente un analista. La acelerada deslegitimación de ese político argentino, empero, no significa que las clases a las cuales él representa hayan perdido el poder. Tampoco las ideas que él enarbola han sido aplastadas contundentemente… pues siempre habrá alguien dispuesto a creer cualquier absurdo.

En 2020, Alberto Fernández y Cristina Fernández concentrarán la atención: sus acciones u omisiones serán magnificadas por simpatizantes y detractores. Dentro y fuera de Argentina, poderosos grupos de interés harán todo lo posible para que su gestión gubernamental fracase y fracase pronto. Logre o no la derecha alcanzar este procaz objetivo, Alberto y Cristina no tendrán éxitos “extraordinarios” por dos razones.

Primera, durante su primer año de gobierno, ellos no tendrán mayor margen de maniobra porque heredarán una profunda crisis económica, la cual será deliberadamente ahondada hasta octubre para “que se jodan desde el principio”, como dijo un aprendiz de fascista por las redes sociales.

Segunda, aquello que constituye “un éxito” es algo que se define mediáticamente… Y los medios de comunicación, a los cuales la población ecuatoriana suele tener acceso, son “mercenarios” que intentarán ocultar todo lo bueno que los Fernández pudiesen hacer.

Si el éxito de la izquierda en otros países fuese suficiente para sacar a la derecha del poder, entonces los ecuatorianos no necesitamos esperar a ver lo que sucederá con Alberto y Cristina pues, en este mismo instante, bastaría con recordar a Bolivia como un ejemplo reciente de lo que se puede hacer abandonando la ortodoxia económica. Pero convencer de esto no será una tarea fácil.

La mayoría de ciudadanos no suele votar considerando “lo positivo” que acontece en otros países gobernados por la izquierda. Por el contrario, a consecuencia del cerco generado por una información internacional “mediatizada”, la gente vota por miedo y extrapolando “lo negativo”.

La derecha lo intuye y Durán Barba lo sabe. Por eso, a similitud de lo que sucedió en El Salvador, un país donde un joven con aires de frescura llegó a la presidencia en mayo pasado, los defensores del estatus quo se presentarán a sí mismos como “la opción” que encarna “el auténtico cambio”, esa transformación que “nos” abrirá puertas definitivamente al futuro.

Todo esto es obvio pero se nos olvidará. Las emociones operan en ese sentido.

No tuvimos la culpa”… así sonará el lamento de la derecha

“El domingo hubo muchos argentinos que creyeron en el camino que empezamos pero que, después de un año y medio muy duro, dijeron ‘no puedo más’. Sintieron que, durante este tiempo, les exigí mucho y que lo que les pedí era muy difícil… ahora están agotados, cansados. Llegar a fin de mes se transformó en una tarea muchas veces imposible. Sé que muchas familias tuvieron que recortar sus gastos y que ya no saben dónde más recortar, de qué más privarse” (Mauricio Macri)

Según el discurso estándar de la derecha latinoamericana, el neoliberalismo no es el problema. Para aquella, la continuación de la crisis económica es la consecuencia de ajustes que no se aplicaron oportuna, completa y contundentemente. La continuación de la crisis es la consecuencia de ciudadanos que no tienen “la cultura” para entender que el bienestar (a largo plazo) implica unos pocos sacrificios (a corto plazo). La continuación de la crisis es la consecuencia de un desastre que la izquierda causó y que no se puede arreglar en apenas 4 años de gobierno.

Todo lo anterior, por supuesto, puede observarse en el discurso público de la derecha. En el fondo, sin embargo, su resentimiento por la perdida de respaldo popular suena más como lo siguiente:

“¿Qué quieres que te diga?… es fácil. Los negros dijeron ‘queremos flan’, ‘nos gusta cagar en un balde’, ‘no queremos agua, total no nos bañamos’… ‘Asfalto, ¿para qué? Si total metemos la pata en el barro’… Total si hasta llegar donde la Jenni, y para que el Braian salga a chorear en la esquina, ¿para qué quieren metrobus o iluminación?…. Todas esas boludeces no quieren. Los negros quieren birra… Agrégale que quieren que les hagan recitales gratis, así van a ver todas las boludeces que les gustan… Quieren todo gratis… El error lo hicieron nuestros abuelos que agarraron el barco equivocado. Jamás tendrían que haber venido para acá. Tendrían que haber ido a otro lado, a Estados Unidos… Estos de aquí no pueden ser domesticados”.

Cuando comparten con sus iguales en la intimidad de sus residencias o clubs, las oligarquías latinoamericanas piensan y sienten así. Hayan o no ganado las elecciones, ellas piensan y sienten desde el prejuicio y la discriminación.

La grosera gala de todas las estupideces humanas, como aquella reflejada en las palabras anteriores atribuidas a un argentino candidato por ‘Juntos por el Cambio’, no es la amenaza más alarmante porque… para hacer soportable su subordinación a quienes se creen blancos y superiores, buena parte de los votantes atribuye también la continuación de la crisis económica a quienes son “más negros y vagos” que ellos. En Argentina, sobra decir, los Fernández no ganaron en Buenos Aires.

Sea como fuere, en Ecuador, la derecha interpelará a los ciudadanos convocándolos a defender una “moralidad pública” que nunca ha existido pero la presentarán como “mancillada”. A ese efecto, argumentarán que, en los últimos cuatro años, no bastó el tiempo para corregir el “inmenso” desajuste económico heredado por Rafael Correa y los suyos… un desajuste que no se corrigió en lo absoluto porque Lenin Moreno y su equipo fueron también populistas que nunca se redimieron por completo. Por tanto, nos dirá la derecha, la crisis era “demasiado” grande para poder ser manejada por un gobierno sin el suficiente compromiso ideológico con políticas de ajuste que ni siquiera se implementaron o lo hicieron muy mal.

Esa es la cantaleta que nos espera y… ¿qué estamos haciendo para contrarrestarla? ¿Acaso el neoliberalismo autoritario golpeará solo a quienes apoyaron a Rafael Correa y a “los suyos”?

La batalla será semiótica

En las redes sociales circula un video en el cual unas argentinas, cuya piel permanece blanca aunque sus abuelos se equivocaron de barco, no ocultan su preferencia por la derecha. Cual si estuviesen en misa pentecostalista, donde el pastor espera que el público apruebe sus palabras en coro, ellas reconocen unos cuantos errores de Macri, lamentan cierta soberbia de sus coidearios y juran que nada está perdido todavía porque… “es tiempo de escuchar” lo que los pobres dijeron con su voto.

Aunque la construcción visual del espectáculo parece inexpugnable, el mensaje y su semiótica política son muy frágiles. Si hoy es “tiempo de escuchar”, entonces… ¿qué hicieron antes? ¿Acaso solo estaban preocupados por sus negocios y dedicados a saquear a la Argentina como nadie lo había hecho antes? ¿Solo escuchan cuando el pueblo reacciona electoralmente a padecimientos difíciles de ocultar? ¿Acaso no les llegaba el sonido de voces que protestaban en marchas multitudinarias? ¿Solo son sensibles cuando temen perder sus privilegios?

En los próximos meses, las derrotas políticas que la derecha experimentará en Argentina, Brasil, Honduras, Guatemala, Colombia o Perú no serán suficientes para garantizar el regreso de la izquierda al poder en ningún país latinoamericano… peor en Ecuador, una república bananera cuyo heredero al trono, Jaime Nebot, es lo suficientemente inteligente para cuestionar (en público, obviamente) a las intransigencias del Fondo Monetario Internacional.

Paradójicamente, la derrota de Macri le servirá a la derecha “racional” para elaborar nuevos mensajes persuasivos más compactos y simplificadores. Con estos, ella intentará, entre otras cosas, construir alianzas con sectores del centro político, e incluso con políticos de izquierda, so pretexto de que “no se puede permitir ni dejar impune” la corrupción del pasado.

Quien maneje los símbolos más inteligibles para las mayorías, ganará las elecciones presidenciales porque… incluso si la contracción económica se agravase a corto plazo, Ecuador no llegará jamás a parecerse al país que le dijo “NO” a Macri.

En América Latina “es tiempo” de que la izquierda deje de esperar que la crisis del capitalismo opere cual si fuese un aliado que automáticamente hará lo que aquella necesita. Para quienes no detentan el poder, nada es gratis. Todo implica esfuerzo.

En Argentina, el rechazo masivo a la derecha se cultivó con el trabajo de miles de hombres y mujeres que, una y otra vez, salieron a las calles venciendo su apatía y desesperanza. Eso cambió la historia.