11 marzo,2019

Las “cabezas” de la injerencia y el complot

En todo gobierno hay pugnas de poder y grupos y personajes que disputan espacios de influencia y decisiones. En las pugnas de poder se expresan, generalmente, intereses económicos enormes y la hegemonía de tendencias políticas más o menos identificables. Pero el régimen de Lenín Moreno hasta en eso es raquítico; los forcejeos internos de sus círculos más cercanos están marcados por un columpio de pesos plumas y otros púgiles siniestros aunque serviles ambos. Los ejemplos sobran. Lo acontecido la semana pasada entre una peso pluma de la Asamblea Nacional y una ministra no púgil demuestran que, en el fondo, trabajan para otros que están tras bastidores. Veamos:

María Paula Romo se afilió a la Izquierda Democrática en el año 2016. Solo con revisar sus declaraciones recordaríamos por qué se opuso a la candidatura presidencial de Lenín Moreno en 2017. Lo mismo dijo e hizo Juan Sebastián Roldán. Y muchos saben lo que pensaban sobre la militancia de Alianza PAIS, donde ahora se incluye a Elizabeth Cabezas.

Esas tres figuras plumas, junto a Iván Granda, pelean espacios de dominio dentro de Carondelet. Se conocen las diferencias de fondo (por cargos y protagonismo, para nada cuestiones de ideología o principios) con Andrés Michelena, Santiago Cuesta y José Augusto Briones, los tres hombres de mayor confianza del “primer mandatario”, tampoco púgiles, apenas pesos medianos. Cada bando intenta controlar el gabinete, decidir sobre los contratos y, sobre todo, qué dice y qué calla Moreno. Todo ello sin descontar las tensiones con la “primera dama” y los esposos Bueno/Adoum.

En pocas palabras: los pesos plumas y los pesos medianos hoy reaccionan con más rabia porque ven corto el tiempo de permanencia en Carondelet y su tutela con el ahora señalado como responsable político de un caso de corrupción que la prensa comercial y oficial del Ecuador se esfuerza por esconder. Por eso también hacen lo inimaginable para granjearse el cariño, la confianza y el respaldo del actual Vicepresidente, quien está más interesado en ajustar las tuercas con sus verdaderos coidearios: los socialcristianos.

Basta recordar que el capital político de Moreno está más desgastado y erosionado que las llantas lisas de los buses de transporte público. Ahora intentan (con los métodos más bajos vistos en la política criolla) sostenerlo adulándolo y colocando en su cariz político atributos que nadie ve. De ahí que se dediquen exclusivamente a atacar a quien consideran su contradictor político más sólido y quien más mella les hace: Rafael Correa. Este fin de semana pudimos ver cómo el gabinete entero cumplió la disposición de tuitear contra el expresidente, por ejemplo, en un lenguaje que dista del equilibrio que requiere la autoridad para navegar en las redes sociales.

¿Cómo entenderán los politólogos más sensatos que Moreno tenga tan bajas calificaciones y siga actuando contra Correa? ¿De qué le ha servido tener todos los poderes y cometer tantos abusos a través de Julio César Trujillo y su impresentable “Consejo de Participación Expiatorio”, de un contralor ilegítimo y descalificado como Celi? ¿Con un Consejo de la Judicatura, Fiscalía y Corte Nacional de Justicia sometidos a las evidentes presiones de las llamadas de Cuesta y Romo?

¡Para variar ahora han quedado desnudados los hilos entre Cabezas y Romo! Parecerían las operadoras de un complot contra la democracia, sus instituciones y sus procedimientos. Romo va a las reuniones de bloque de AP casi como jefa de bancada y establece cómo votar, a quién principalizar y a quién atacar. Ya hay más de una voz insatisfecha exteriorizando en los pasillos de la Asamblea Nacional el modo autoritario y despótico de imponerse de Romo sobre el bloque y con la colaboración de Cabezas. Como consecuencia, los pesos pluma han decidido apelar a las peores prácticas de la partidocracia, por encima de las mañas de Gustavo Larrea, que ahora queda como aprendiz de última frente al equipo de Romo y Roldán.

El complot es arremeter contra aquello que menoscabe, este momento, la continuación de Moreno en el cargo. Para cumplirlo deben lavar la imagen de la corrupción interna, el manejo arbitrario de los recursos y la aprobación de reglamentos, decretos y resoluciones del Ejecutivo. Autoproclamados “padre y madre de la moral”, cada uno de los actuales pesos pluma y pesos medianos del círculo íntimo no tienen más herramienta que atacar a lo que las encuestas de Cuesta suponen es el lado débil de la oposición: la corrupción supuestamente generalizada del anterior gobierno.

¿Por qué Romo y Roldán no hablan de los informes de Contraloría cuando trabajaron en el ministerio del Interior en la gestión de Fernando Bustamante? ¿O las supuestas mañoserías de ciertos funcionarios de Ruptura de los 25 con señora Ocles dirigiendo la Secretaría de Riesgos?

Ni qué decir de Elizabeth Cabezas de quien Augusto Barrera debería salir a denunciar públicamente las razones que le llevaron a negarla como candidata a concejal cuando quiso ser reelegido. O de una vez por todas: ¿por qué la derecha socialcristiana, la de CREO o la de la prensa privada que hizo gala de “independencia” y denunciaba los “excesos” del Vicepresidente Lenín Moreno con el “circo social” y el programa Joaquín Gallegos Lara, hoy se hacen los desentendidos?

No hablan ahora, porque el poder transitorio reparte prebendas y calla a los denunciantes. Y no basta con amenazar a la prensa verdaderamente independiente con cartas injuriosas firmadas por subsecretarios encargados, porque Michelena jamás se atrevería a poner su firma en lo que él mismo ordena: atacar toda disidencia en los medios para sostener su proyecto, monitoreado, claro está, desde cierta embajada.

Le queda poca cuerda a este Gobierno: no solo las encuestas siguen a la baja, también los apoyos desde algunos grupos económicos ya no es el mismo, se reservan la crítica para las reuniones privadas, y no aplauden y tampoco llaman a Carondelet a sugerir lo que debe hacer Moreno y su séquito de pesos plumas y pesos medianos.

Así, esa poca cuerda se envuelve en el propio cuello de quienes han demostrado que el poder para servir a los pobres y al desarrollo es un cuento que les sirvió para volver a las prácticas de la partidocracia de la que nunca debieron salir; ¿o solo así se pueden lucir los siniestros pesos plumas que hoy justifican sus amarres, frente al país, con una llamada a micrófono abierto desde sus celulares?