Los perros en la política

Orlando Pérez|

La disputa de las grandes telefónicas en el mundo no copan tanto la atención de los ecuatorianos como los perros que usan los políticos para entonar otro relato de su “humanidad”. En general el planeta está preocupado por los perros, de sus heces, de sus virtudes, de la comida, de las razas, de cómo sobreviven a sus “amos”, de cómo enterrarlos, de si se deben guardar las cenizas de las mascotas muertas. Incluso, ya hay un hombre “transespecie” que vive como perro. Se hacen películas, documentales, especiales y también ya hay canales de televisión dedicados exclusivamente a los perros (así como hay programas dedicados a los políticos, aunque para ello no tengan los auspicios que reciben los de mascotas).

El perro de moda es la preocupación inducida, valga la reiteración, por el interés de los medios: hoy es el de Jorge Yunda, mañana el de quien use este recurso para hacer noticia. Esta semana fue Pacha, la mascota regalada a la Asamblea Nacional. Pacha fue notición por su meada solemne en la alfombra roja.

Ya en su momento Rafael Correa fue noticia por sus mascotas Melibea y Segismundo. En su cuenta de Twitter, anunció el 18 de septiembre de 2015, el nacimiento de nueve cachorritos de Melibea: “¡Ese Segismundo no entiende de planificación familiar!”. El 5 de agosto de ese año, el ex presidente comentó: “Pese a todas las precauciones tomadas, Melibea está preñada nuevamente”.

No olvidemos que uno de los tuits más vistos del mundo fue aquel en el que Mauricio Macri colocó a Balcarce, su mascota (por cierto un perro recogido, supuestamente), en el sillón presidencial. Y luego vino un montonón de notas periodísticas, testimonios, fotos, etc.: “Los otros días, Balca estuvo en La Rosada y se sentó en el famoso sillón presidencial. Es el primer perro de la historia argentina que llega a ese lugar. Estamos muy orgullosos de él.”, escribió el Presidente de la Nación argentina sobre la “simpática” foto de Balcarce en el sillón presidencial. Y el diario La Nación, esos días, por el año 2016, ¿Cómo vive Balcarce? “Balcarce, no tiene trato de perro presidencial, ni ningún beneficio especial por ser el perro del presidente”, aseguró a ese diario una fuente del PRO, muy allegada a Macri.

La prensa argentina (como la ecuatoriana) hace de quien es su político predilecto un relato humanoide de las mascotas con fines absolutamente políticos (en algunos casos proselitistas). Los periodistas argentinos se endulzaron con la historia de “Balca”: “Es el perro de la familia de Mauricio. Vive en Olivos, pero va y viene a distintos lugares. Aunque generalmente está en la Quinta presidencial de Olivos, también suele ir a la Casa Rosada”, amplió ese amigo personal de Macri. “Annelise es la encargada de cuidarlo. Ella se encarga de diversos asuntos personales del Presidente y es quien está a cargo, por ejemplo, de llevar a Balcarce al veterinario, confió la fuente del PRO al diario bonaerense, quien agregó en diálogo con ese medio que la mujer se encariñó con él. “Lo quiere mucho “, dijo.

Hasta aquí las anécdotas.

¿Por qué los perros entraron en terreno de la política? ¿Qué hace de ellos y de los políticos un foco de atención y de encantamiento? ¿Por dónde fluye esa “sensibilidad” para dejar el calificativo perro o perra como uno de los más usados para descalificar u ofender a un contradictor, a un rival político o amoroso?

Yo supondría que el uso está relacionado directamente con el cambio “cultural” en nuestras sociedades en relación con los animales. El animalismo imperante obliga a conectarse con unas nuevas generaciones muy impregnadas en la defensa de los seres vivos en general, pero en particular con un animal permanentemente ligado al hogar, al cuidado de la casa, al acompañamiento de las personas de la tercera edad o de los niños como parte de su crecimiento personal.

Pero esas son las razones obvias. Sin embargo, el uso político de aquello se queda en la imagen y en la foto, no supera una reflexión si los políticos extienden esa “sensibilidad” a otras zonas de su acción política con la misma intensidad. Y, por supuesto, para los medios es una oportunidad para jalar rating. Seguramente hay muchas más posibilidades de reflexión y análisis, pero me bastaría con señalar que desde hace mucho tiempo la política por sí misma es débil para garantizar un atractivo y conexión con las nuevas generaciones, apegadas a circuitos de reflexión desde otros registros tecnológicos y temáticos. Y también es muy fuerte el peso del mercado en la generación de nuevos relatos y consumos para el relacionamiento humano.

¿Y qué pasa con Urbanimal de propiedad del Municipio de Mauricio Rodas que sigue vigente en el cabildo quiteño? ¿No era el lugar de la eutanasia animal? ¿Alguien habla de ese crimen, como señalan los animalistas? ¿No va Teleamazonas y su programa político En Corto a hacer una nota jocosa de eso? ¿Ya perdonaron todo a Rodas? ¿Si el Municipio de Yunda tiene refugios por qué existen tantas ONG de ayuda y socorro a los perros?

De todas maneras también surgen preguntas “casuales”: ¿Por qué no son los gatos los animales usados por los políticos? Julian Assange tuvo un gato y sacudió las redes y hasta fue motivo de una investigación de los servicios de inteligencia mundiales. ¿Por qué los políticos no exhiben en sus espacios de poder a otros animales “domésticos”?

Yo no encuentro respuestas “inteligentes” sobre el tema, solo puedo amargar la lectura de este artículo asegurando que mientras algunos políticos sigan usando a los perros como su señuelo de una supuesta nueva u otra sensibilidad en la arena de la real política los problemas del planeta, donde también se afectan los perros, no son su ocupación política sustancial y estratégica. Claro, los políticos, en general, con muy contadas excepciones, no tienen por qué hacer públicas sus relaciones con los perros porque siendo un asunto de su privacidad, de su vida particular, no nos interesa, salvo porque tienen claro que los medios están atentos y hambrientos de este tipo de banalidades para hacer noticia, porque a esos medios lo que lea o haga por el bien de la humanidad un político les importa un pepino. Y seguramente tendremos más políticos con mascotas buscando una fotografía o una nota de prensa que lave su imagen o al menos ocupe su atención porque de lo que hace como ejercicio público en su función nadie se acuerda.