Por Pedro Pierre

La pandemia nos desestabiliza… Es cierto que es una catástrofe humanitaria y económica… para los pobres y las clases medias. Pero, gracias a la pandemia, los ricos con sus multinacionales se están haciendo más ricos a costa nuestra… En Francia ya se habla de una quinta vacuna: Es el fracaso de la ciencia… No se habla de Cuba que ha vacunado de manera tradicional a 90% de su población y controla la pandemia, listo para abrir sus fronteras. La Navidad nos invita a mirar las cosas, las gentes, los problemas, las soluciones desde los pobres y con los pobres. A continuación está el recuerdo de un sacerdote que tomó en serio la opción por los pobres. La Navidad y mucha gente nos cuestionan para no vivir sin pensar ni creer sin volver a las fuentes, y así encontrar un camino de verdadera felicidad.

AUGE DE UNA NAVIDAD NEOLIBERAL

“La historia de la Navidad fascina, intriga e interpela”, acaba de decir el secretario general del Consejo Mundial de Iglesias. Parece que hemos dado mucha importancia a una fascinación superficial: un recién nacido, una madre muy joven, un padre silencioso, el campo y sus pastores, una estrella, el coro de ángeles… y el malo rey Herodes. ¿No nos habremos quedado en esa historia: un lindo cuento de hadas? que desaparece con el paso de los años, sustituido por el mensaje consumista de un personaje gordo y barbón venido del norte… nuevo conquistador de nuestros bolsillos: el ahora conocido papanoel promovido por una propaganda casi centenaria de la cocacola.

¿Intriga la historia de la Navidad? Puede ser que en algún momento nos hayamos preguntado: ¿qué significa esta historia que perdura desde 2 milenios? ¡Una religión que comienza en un pesebre! Pero las ocupaciones de la existencia, las preocupaciones del trabajo, la búsqueda de dinero, las solicitaciones de una sociedad de consumo… nos quitan pronto toda huella de inquietud, interés y sentido de los acontecimientos. O se termina diciendo ‘¡una historia para niños!’ Y el papanoel va tomando en nuestras vidas el lugar del niño Jesús. Pues, hoy la Navidad se ha transformado en la fiesta del papanoel que ocupa el primer lugar en el árbol de Navidad, en la gran mayoría de las casas de los ecuatorianos muy católicos…

No queremos darnos cuenta que el papanoel es el símbolo del consumismo desenfrenado. En ninguna otra época del año se compra tanto como en este tiempo de Navidad: comidas, alcohol, regalos, fiestas, borracheras, derroche de luces, combos en los restaurantes, rebajas en las discotecas… y cuántas cosas más… tan contrarias a la primera Navidad. Pues eso de que “la Navidad nos interpela” hay que dejarlo para no se sabe quién.

El sistema neoliberal que nos organiza la vida, el pensamiento, los quehaceres y qué decidir lo ha comprendido muy bien. Si se generalizara el mensaje de la Navidad, el neoliberalismo encontraría en él su mayor contrincante, porque, en la primera Navidad, los protagonistas elegidos por Dios son todas y todos gentes pobres y muy pobres, comenzando por el niño que nace en la peor desnudez: un parto con la sola ayuda del padre, en un estable para animales, dos papás que tienen que hacer un largo viaje sin que nadie acepte de acogerlos, unos pastores cuidando ovejas ajenas, la noche de la soledad que esconde las infamias de un rey que manda a matar a todos los niños de Belén y la huida apresurada a un país extranjero para salvar al niño y encontrar cómo sobrevivir como migrantes sin destino ni futuro. Pero el papanoel nos ayuda a salir de este cuadro desolador…

El problema es que esta “historia de Navidad” no es nada menos que la pura voluntad de Dios. Porque la Navidad nos interpela y muchas veces no nos gusta. Preferimos hacernos una imagen más acomoda de Dios y del Divino Niño que no nos cuestionen ni nos pongan las cosas “patas arriba”. Porque un Dios que nace pobre nos interpela. Preferimos hacer negocios con Dios y con la Navidad. Preferimos un papanoel que nos engaña y nos deshumaniza y va matando en nosotros el mensaje de un Dios que viene a compartir la suerte de los humildes, de los pobres, de los maltratados, de los migrantes, de los que no cuentan para una sociedad del consumo y del engaño. Preferimos vivir una vida de falsos lujos, de egoísmos mesquinos que nos deshumanizan, de comercio con Dios para que el Niño nos proteja… ¿de qué, pues? Y nos creemos muy felices con ese papanoel que se adueña de nuestra casa, de nuestra familia, de nuestra fe, de nuestras pocas ilusiones… porque no nos gusta lo que este Niño venga a decirnos: “¡Felices los pobres porque de ustedes es el Reino de Dios!” “¡Pobres de ustedes los ricos porque ya tienen su recompensa!” “¡Dios ha elegido lo que el mundo desprecia para confundir a los poderosos!” …

¿En qué etapa estamos? ¿La de la Navidad que nos fascina… unas cuantas horas? ¿La de la Navidad que nos intriga… unos cuantos minutos? ¿O la de la Navidad que nos interpela para acoger el mensaje que Dios nos quiere comunicar? Porque Herodes nos sigue matando mediante el papanoel neoliberal. Aprovechemos el encuentro familiar para retomar el rumbo de una vida verdaderamente humana, fraterna y solidaria.

GASPAR GARCÍA LAVIANA: ANIVERSARIO 34.

Detengámonos en un acontecimiento que llama felizmente la atención. La Iglesia de Tuilla en España acostumbra celebrar la entrega hasta la muerte de uno de sus hijos acaecida hace 34 años. Se trata del sacerdote Gaspar García Laviana, misionero en Nicaragua en los pasados años ’70. Después de su llegada y compromiso con sectores populares, decidió, en 1977, integrarse en la guerrilla del Frente Sandinista de Liberación Nacional, donde llegó a ser comandante en el Frente Sur Benjamín Zeledón. Murió en un enfrentamiento con la guardia nacional del dictador Anastasio Somoza el 11 de diciembre de 1978. Tenía 37 años. Sus compatriotas le erigieron un monumento para honrarle y, en su diócesis española, las celebraciones religiosas en su memoria han sido constantes desde 1978. Gaspar García Laviana había llegado a Nicaragua unos 8 años antes, en 1970, y fue párroco en varios lugares. En la barriada pobre de la capital Managua, los parroquianos le dedicaron una pintura mural en una de las calles del sector. Eran años de mucha conflictividad, creatividad y solidaridad en toda América Latina.

Al nivel eclesial, al convocar en 1961 el Concilio Vaticano 2°, el papa Juan 23 había declarado que “frente a los países subdesarrollados, la Iglesia se presenta tal como es y quiere ser: la Iglesia de todos, pero particularmente la Iglesia de los pobres». El mismo Concilio (1962-1965) había abierto las puertas para una Iglesia más comprometidas con “los signos de los tiempos”, es decir, los llamados de Dios en la realidad actual, en particular en el mundo de los pobres. En un Pacto en Roma al final del Concilio, celebrado en la catacumba santa Domitila en 1965, unos 40 obispos latinoamericanos se habían comprometido a vivir en la pobreza y en solidaridad con los pobres según el ejemplo de Jesús de Nazaret. En 1969, en su reunión de Medellín, la Conferencia Episcopal Latinoamericana había denunciado al sistema capitalista como el responsable del empobrecimiento de millones de personas en el continente. Allí la Iglesia latinoamericana hacía suya la opción por las causas de los pobres y reconocía a las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) como “el primero y fundamental núcleo eclesial… Ella es, pues, célula inicial de estructuración eclesial, y foco de la evangelización, y actualmente factor primordial de promoción humana y desarrollo”. En los años ’70, el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez publicaba su libro “Teología de la Liberación”, retomando las vivencias de las CEBs presentes en muchos países latinoamericanos. Era uno de los grandes teólogos amigo de monseñor Leonidas Proaño y regularmente daba charlas en la Casa de Formación de Santa Cruz de Riobamba. En 1975 el papa Pablo 6° escribía en su famosa Carta encíclica: “La Iglesia tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos, entre los cuales hay muchos hijos suyos; el deber de ayudar a que nazca esta liberación, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea total. Todo esto no es extraño a la evangelización”.

Al nivel social, Nicaragua vivía una guerra de guerrilla apoyada por muchos cristianos y varios sacerdotes. La familia del dictador Somoza poseía las 3/4ª parte de la riqueza del país y sometía a la mayoría de la población a una férrea explotación acompañada de numerosos asesinatos desde 1934. Una organización político-militar, el Frente Sandinista de Liberación Nacional, se había alzado en armas en 1961 para derribar la dictadura. En muchos países de América Latina organizaciones guerrilleras luchaban contra las dictaduras militares de la época. En Colombia el sacerdote Camilo Torres había ingresado en las filas del grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional donde había muerto en 1966.

Todo esto nos permite entender la decisión de Gaspar García Laviana de entrar en la guerrilla contra la dictadura somocista a favor de un cambio real para la mayoría de los nicaragüenses. Había tomado la opción de hacerse guerrillero porque, como él mismo dijo, “siendo educado para la paz, me sentí obligado a entrar en la guerra que había en aquel país”, haciendo propio tanto el dolor de aquel pueblo que vivía oprimido y reprimido como la decisión de construir un nuevo país al precio de la misma vida. Agarró el fusil para defender a los indefensos que eran violentados sin piedad. Vivió una vida corta, pero la vivió intensamente. Después de su muerte el sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal, monje, sandinista y poeta, publicó los poemas de Gaspar bajo el título “Cantos de amor y guerra”. Destacó que están llenos de amor al campesino, las pobres, las prostitutas, como también al paisaje y a la tierra por la cual murió.

El testimonio de Gaspar García Laviana nos provoca a preguntarnos, en estos tiempos terribles para los pobres de nuestro país, los desempleados, los jóvenes sin futuro, las mujeres postergadas: ¿para qué vivimos y por qué causas somos capaces de dar la vida?

La Navidad nos invita a repensar nuestra manera de vivir desde la óptica de Jesús, el Jesús de Belén, para hacer de estos días festivos un volver a las fuentes de nuestra fe cristiana, a encontrarnos en familia para unirnos y abrirnos a la solidaridad y emprender juntos el camino para la construcción de una vida más feliz y un país más equitativa con la ayuda de Dios.

Por Editor