¿Qué pretenden?

Lucrecia Maldonado|

Hace unos meses, ya intentaron traerlo de ‘conferencista’ y tuvieron que cancelar el evento porque habría resultado contraproducente para él y para sus anfitriones. El termómetro subió y se dieron cuenta de que una convulsión por fiebre súbita no era lo más conveniente.

Ahora, para ‘celebrar’(!) los veinte años de la dolarización y negar los ídem del feriado bancario, lo entrevistaron con el particular servilismo de la prensa ante sus elegidos. Nada de tonos admonitorios, nada de conminaciones perentorias, nada de micrófonos retirados con aires de víctima, y peor hablarle ‘golpeado’ a su entrevistado, como suelen hacer con otros. Todo cortesía, todo amor, diríamos: todo preguntas dirigidas a que se pueda justificar sin mayor dificultad, todo comentarios que terminaban por ensalzar, todo frases encaminadas a conducir su discurso a una crítica a Correa, porque claro, echarle la culpa habría resultado escandaloso y ridículo, tomando en cuenta la línea temporal (que si no, lo habrían hecho sin problema), pero algo contra él había que decir, mientras a Jamil Mahuad había que darle la absolución en cámaras. Qué importa que haya dicho que sabía qué hacer y cómo y después nanay, ni lo uno ni lo otro, aquí puse y no aparece. Qué importa que por causa de su gestión al servicio de los que nunca les importó nada más que su propia conveniencia más de un millón de ecuatorianos hayan tenido que salir en quema a buscarse la vida en otras regiones del mundo abandonando niños que todavía no caminaban, viejos que morirían de tristeza y dejando un reguero de desolación a su paso. Qué importa que los jubilados en su desesperación hayan recurrido al suicidio o a la muerte natural por angustia, que viene a ser lo mismo. Qué importa que haya preferido sacrificar al pueblo en aras del diabólico sistema bancario. No. Él es un ser ‘respetable’ porque es de los suyos, no por nada más.

En los últimos años, y tal vez desde mucho antes, los medios de comunicación en general, con escasísimas y por eso mismo honrosísimas excepciones, han cumplido un papel no solamente triste en el contexto de la sociedad ecuatoriana, sino algo más: un papel espurio, falaz, vergonzoso y vergonzante. Un papel perverso, para qué le vamos a quitar méritos.

Ahora, a pesar de saber que la población cada vez cree y confía menos en ellos, continúan intentando imponer sus agendas, sus conceptos y personajes en el contexto de la vida nacional, continúan intentando poner en escena a sus ‘buenos’ y a sus ‘malos’ y patéticamente convencer a la gente de que así mismo es. Y lo peor es que habrá quien les siga creyendo, quien siga comulgando con sus ruedas de molino y repitiendo sus opiniones con la acuciosidad del loro sin detenerse dos minutos a cuestionar la veracidad de aquellos asertos.

No habían pasado cuarenta y ocho horas tras la laudatoria entrevista al artífice de la dolarización (y el feriado bancario, tampoco a él hay que quitarle méritos), cuando un diario de circulación nacional exponía en primera página y a ocho columnas el titular en donde se acusaba a Rafael Correa de ser “el jefe del grupo delictivo” en el supuesto caso “Sobornos”. Si se lee con atención la noticia, no se encuentra un solo elemento que sustente tal afirmación, no hay una sola prueba fehaciente, un solo argumento que se pueda sostener. Pero precisamente de eso se trata: amparándose en la dudosa autoridad que les dan el dinero de sus dueños, la inexplicable prestancia de sus columnistas y el hecho de aparecer en palabras impresas, sueltan cualquier cosa y pretenden que se les crea. Así como en el otro caso, sosteniéndose en el dudoso poder de aparecer de terno y corbata, vestidos de última moda, tacos altos y maquillaje detrás de una cámara pretenden hacer de lo bueno malo y presentar a los demonios como ángeles de la guarda. Porque además, qué son ellos? ¿quiénes son para definir qué debemos saber y qué no, a quién debemos admirar y a quién repudiar, qué es lo bueno y qué es lo malo? ¿Acaso están más allá del bien y del mal?

Es obvio que cualquier cosa que hayan estudiado no les da ni para observar objetivamente la realidad, ni para optar por la ética por encima de sus intereses o los de quienes les pagan el sueldo, y peor para tener un mínimo respeto por la discrepancia (aunque se hayan pasado una década entera gimoteando teatralmente por una supuesta ‘libertad de expresión’). Se sostienen en un discurso ampuloso, repleto de medias verdades y en donde si algo es una norma es el sesgo. Se cargan las tintas con tonos admonitorios y burdas adjetivaciones (pero ay de aquel que les brinde media cucharadita de su propio chocolate). Ignoran a quienes saben que no dirán lo que quieren que la gente escuche, y pretenden manipular el pensar y el sentir de la población sin el menor escrúpulo y hacer de ineptos servidores de los intereses fácticos sus nuevos héroes con pies de barro.

Urge, y urge de verdad que aparezcan medios éticos que hagan de la integridad su principal deontología. Y urge que la población se eduque de tal forma que sepa diferenciar el trigo de la cizaña antes de que sea demasiado tarde. Para todos.

Fuente: Palabra Abierta