Una selfi con Donald Trump

Orlando Pérez|

No solo sorprende que “altas autoridades” del Estado ecuatoriano, autocalificadas de izquierda y feministas, se vanaglorien de tomarse una foto con el presidente misógino y de ultraderecha de EE.UU. Dicen que la visita (y de paso conocer la Casa Blanca y su Sala Oval, aunque sea por 40 minutos) fue todo un éxito y las concreciones en campos como la salud y la educación son inconmensurables.

Para ellos, como en su momento para Lucio Gutiérrez (a quien botaron del gobierno por declararse el “mejor aliado” de los gringos cuando fue recibido por George Bush), Ecuador cambiará de ahora en adelante, las grandes alamedas de la prosperidad y bienestar se abrirán a lo largo y ancho de la Costa, Sierra, Amazonía y Galápagos. No cabe duda alguna: así será, con base militares, oficinas clandestinas, espionaje electrónico y una vasta red de ONG con las cuales monitorean la supuesta “insurgencia”.

En la misma línea de Jaime Nebot, ahora dicen que no son de izquierda ni de derecha, que son de “La Ideología de la Prosperidad”. Y con ese estribillo sintonizan con la despolitización neoliberal y ultraderechista que invade cerebros y corazones. Esas “altas autoridades” coinciden con esa corriente que se despoja de sus convicciones o de sus principios en nombre de un supuesto pragmatismo (sinónimo de cinismo).

Tomarse una selfi (autorretrato o autofoto) con Donald Trump revela ese travestismo de quienes -sin vergüenza alguna- ahora creen que la política sirve para cualquier cosa, de que la nostalgia por una revolución fue cosa de juventud y, por qué no, de que la garantía de una retirada tras dejar el poder requiere de estar con los que tienen el verdadero poder. Como dice Mark Fisher, en su fabuloso libro Realismo capitalista, renegaron de una alternativa al capitalismo y ahora sostienen la “aceptación ‘realista’ de que el capitalismo es el único juego que podemos jugar”. Y, claro, ahora forman parte de esa legión de convencidos, como en su momento fueron del “realismo socialista”, de que “El capital es un parásito abstracto, un gigantesco vampiro, un hacedor de zombies; pero la carne fresca que convierte en trabajo muerto es la nuestra y los zombies que genera somos nosotros mismos”, como dice Fisher.

Desde una supuesta autoridad moral -porque “no hemos robado nada”, dicen- también esas “altas autoridades” revelan su ética y su comportamiento político precario, donde ya no hay ideas y mucho menos pensamiento, al dejar el Ecuador con la pobreza más alta de los últimos lustros y la pobreza rural como ninguna otra peor de hace décadas. Hoy por hoy, cuentan los días para la entrega del poder, mientras amarran el futuro en lo que pueden porque saben que a la política no vuelven más, y rezan para que las Fuerzas Armadas y la Policía les sigan siendo fieles hasta el 2021.

Por supuesto, la foto con Trump queda marcada como un estigma imborrable, perdurará en la retina de la historia y consuma ya la razón de ser de esos personajes muy necesarios en todo proceso para evidenciar la naturaleza humana. Compraron los mejores trajes, lucieron la más amplia sonrisa y apelaron al mejor maquillaje, pensando que el emperador de Washington los invitaría a una cena o, al menos, a un hot dog… pero no, tuvieron que irse al hotel a saborear el desprecio imperial que los despidió, como si se tratase de una visita turística, con un “seeyoulater”.