Arbitrios y marañas

Juan Pablo Moncagatta|

Ya está bien. No puedo seguir callando, no ante esta marea que nos inunda con una oleada de arbitrariedades, concursos arreglados, justicia parcializada, órdenes de prisión liberalmente expedidas, silencio cómplice en algunos casos y escándalos mediáticos en otros, prensa y canales de televisión sectarios, etc. A quienes dicen que están haciendo exactamente lo que antes les hicieron a ellos les respondo que si en el pasado, supuestamente, fueron víctimas de tanto atropello, eso no los autoriza a rehacer lo que critican con tanta ira.  La ley del ojo por ojo y diente por diente es una ley inmoral que alguien, ya no me acuerdo quien, dijo que acabaría con todos nosotros tuertos o ciegos.

A algunos de los nuevos miembros del CPCCS legítimo, elegido el 24 de marzo por el pueblo, trataron por diversos medios de escamotearles su triunfo electoral. No a todos, por supuesto, solo a quienes expresaron aprestarse a revisar lo actuado por los “transitorios” que una corte complaciente se apresuró a “blindar” en menos de doce horas de presentado el pedido del dichoso blindaje. O sea, los transitorios nombrados a dedo podían hacer lo que se les ocurriera y ahora nadie puede siquiera revisar sus actos y ¡ayayay! si alguien se atreve a cuestionar aquella aseveración prepotente de Julio César Trujillo que llegó a decir que su Consejo tenía –incluso- más poderes que una Asamblea Constituyente. ¿Se imaginan esto en boca de un abogado?

Veo abusos y engaños por todos lados. En el caso Julian Assange nos dijeron, mintiendo, que el gobierno de Gran Bretaña se había comprometido a no extraditar al ex asilado a los Estados Unidos de América, pero ya vemos que los británicos afirman no haber prometido nunca eso, con lo que dejaron embuste y embusteros al descubierto. Nos engañaron como a niños, pero el cuento no termina allí: ahora nos dicen que una corte de justicia inglesa decidirá sobre la extradición recién en el mes de febrero próximo, es decir, una forma de hacernos tragar el jarabe de a poco, cucharadita a cucharadita. ¿Alguien quiere apostar cuál será el fallo de la tal corte? ¿Usted, señor Canciller Valencia, quiere apostar conmigo? Yo afirmo que Assange será extraditado, ¿qué dice usted?

Para que aceptemos la violenta interrupción del asilo de Assange nos “informaron” que había embadurnado las paredes de la embajada con heces fecales. ¿Nadie tomó una foto de tal ofensa a nuestro país? ¿Es posible tal negligencia ahora que todos tienen un teléfono con cámara fotográfica a la mano? ¿Por qué no han publicado las evidencias? Me temo que sea una historieta más para provocar nuestra indignación, como las ocurrencias aquellas del gato espía o de la patineta voladora.   

El legítimo CPCCS fue elegido mediante el voto popular. Los candidatos, que fueron muchos, se sometieron a los exámenes y requisitos más rigurosos, no fuera que por allí se les deslizara algún correísta impenitente. Una vez elegidos se dieron cuenta, tardi piace, que sí se les habían “infiltrado” unos cuantos… ¡y allí ardió Troya, hay que descalificarlos!… ¿hay que descalificarlos? Algún juez o corte sumisa se hallará para que haga el trabajo sucio ya iniciado por un “observador”, de no muy pulcro aspecto, al que la prensa escrita y medios televisados han ofrecido amplios espacios, mientras al sacerdote José Carlos Tuárez no le conceden el tiempo mínimo para leer completo su tweet de réplica, que ya de por sí es un texto breve. Cierto es que el cuestionado ha tenido un par de expresiones no muy felices que digamos, pero el señor cuántico ha tenido muchas más y peores, lo que no da para expulsarlo de su cargo.

Una de las acusaciones contra Tuárez es que aparecía en las fotos y apariciones públicas con su clergyman (alzacuello que sustituye a la sotana)...  ¡pero si esa es su indumentaria habitual!, así como los indígenas se presentan con sus vestimentas tradicionales sin que a nadie se le ocurra buscar su descalificación por ello. Lo más penoso es que la jerarquía católica se haya sumado, en sus propios términos, a esta pretendida inhabilitación cuando Tuárez nunca ha dicho que habla a nombre de la iglesia a la que pertenece y en la que tiene una dignidad que ha ejercido con caridad cristiana. Lo demás, aquellas acusaciones sobre supuestas faltas en su currículo, me suenan a simples leguleyadas que solamente serán aceptadas por quienes, de antemano, ya tienen decidido qué hacer con el indicado sacerdote: arrojarlo al desierto y olvidarse de él. ¿Les resultará tan fácil la maniobra?