COVID 19 y responsabilidades

César Hermida Bustos|

Todos debemos asumir responsabilidades ante la epidemia, aprendiendo y actuando, científicamente (no especulativamente) sobre lo biológico, cultural y social (económico y político).

Todos los seres vivos provenimos de la madre tierra.  Pero hay niveles de complejidad entre los virus, bacterias y parásitos y los humanos.  Todos, sin embargo, naturaleza y humanidad, tenemos derechos, para las necesidades metabólicas y procreativas y la relación con los demás y la naturaleza.  Así lo hacen los virus, no es que “atacan”.  No tienen ninguna “culpa” de hacerlo.  Son seres vivos como pedazos de ADN con códigos genéticos que les permite multiplicarse invadiendo las células humanas.  Pero como nos hacen daño, si no los controlamos cultural y socialmente, pueden provocarnos enfermedades y muertes.  Si bien hay una correspondencia entre el todo y las partes, si de alguna guerra puede hablar la humanidad actual es la de controlar las epidemias producidas por ellos.  Debemos defender la vida humana que es dual, complementaria, entre la biológica y la subjetiva, con todas las capacidades del pensamiento, el sentimiento y la creatividad evolutiva.

   La vida humana es sana y colectiva, para mantenerla, la epidemia de coronavirus exige conocimientos científicos interdisciplinarios biológicos, culturales y sociales, que deben estar al alcance de todos.  Ya pasó el tiempo de élites eruditas y masas ignorantes.  Hoy el saber y actuar es responsabilidad de todos.  La verdad científica, de las evidencias, debe permitir una sistematización clara, desde la detección del problema en los servicios sanitarios locales o nacionales, hasta las recomendaciones de la OMS que tiene expertos propios que provienen de los países.

   El actual progreso tecnológico de la informática, de la biotecnología, de la información de los medios, de las redes virtuales, y la eventual acción mancomunada de los países, tiene dos vertientes delicadas, una negativa, y una positiva.

   La negativa se refiere a la acción de los gobiernos, la heterogeneidad en la capacidad diagnóstica y el poco ágil intercambio entre los más dotados.  No todos optaron de inmediato por la recomendación de la cuarentena y la cero movilidad poblacional.  En lo económico y político las autoridades de EUA se preocupadas por la regulación del apoyo compensatorio a los empresarios, pues en ocasiones anteriores, como expresaron los propios legisladores, en ocasiones anteriores se utilizó ese apoyo para incrementar el salario de los directivos empresariales. 

   La democratización de las opiniones se tornó en mediocratización por falsas informaciones e interpretaciones, propiciando confusión en los conocimientos y acciones de control.  Se elucubró sobre el origen atribuyéndolo a intenciones políticas o económicas malévolas.  Expertos se consideraron capaces de disentir con la OMS.  Alguien sostuvo que el virus no es un ser vivo.  La ministra ecuatoriana del interior continuó refiriéndose a la “bacteria” como causante, semanas después de declarada la pandemia.  Circularon profusamente, de manera repetida, videos con criterios absurdos, agravando las preocupaciones y el pánico de las familias.  La ministra de salud ecuatoriana renunció demostrando que no recibió un solo centavo para la crisis y que, además, le impusieron funcionarios ineptos que desconocían sobre salud pública.  Una arrogante alcaldesa, tomándose atribuciones que no tenía, cerró el aeropuerto internacional ubicando vehículos en el campo de aterrizaje, con todos sus riesgos.

   Países como Ecuador, que aplicaron exigencias neoliberales del Fondo Monetario Internacional, reduciendo presupuestos de inversión y operación hospitalaria y eliminando miles de contratos y partidas de médicos y enfermeras, quedaron en ridículo al necesitar ahora esos recursos humanos y de infraestructura para atender los abarrotados servicios por los requerimientos de la epidemia.  ¿Cómo disponer ahora de lo que se prescindió?  Hubo directivos que consideraron posible solucionar el problema utilizando la infraestructura disponible que el gobierno anterior construyó para el personal de una refinería o un centro de alto rendimiento deportivo, como si se tratara solo de poner camas ¿Y los médicos, enfermeras, alimentación, limpieza de salas, sábanas, ropa?

   En el nivel municipal el control enfrentó la indisciplina de la población que no respetó las disposiciones e incluso desatendió el Toque de Queda.

   La vertiente positiva, en cambio, mostró en el Ecuador un clima sensato.  Políticos incluso de oposición llamaron a cumplir las recomendaciones.  Periodistas profesionales mostraron indicadores válidos como la ubicación del Ecuador entre los veinte países latinoamericanos en el número de camas (Ecuador puesto 11º.) y el porcentaje para salud del presupuesto nacional (Ecuador igualmente el puesto 11º.).  El mandato constitucional que dispuso llegar al 4 % en el último caso y los diez años del gobierno anterior, en ambos casos, muestra una tendencia de mejoría que incluso pudo haber sido mejor, pues antes el país siempre figuraba en los últimos lugares.

   Circularon videos razonables y observaciones sobre la heterogeneidad económica de la población.  Hay quienes viven con un mínimo ingreso callejero, interrumpido si no salen a la calle.  Ciertos municipios los ayudaron solidaria y relativamente.  Mientras la gente pudiente pasaba en sus casas o villas, trabajando virtualmente y compartiendo como en el Jardín de Epicuro, en las villas miseria la promiscuidad y la pobreza difícilmente permitían evitar el contagio.

   Después de la emergencia las empresas recobrarán sus ganancias con sus técnicas de mercadeo.  Habrá nueva vacuna y nuevos medicamentos.  Pero parece declinar el protagonismo del país del norte que incluso intentó monopolizar la vacuna.

   Pero la solidaridad de esta experiencia cuestionará el egoísmo e individualismo capitalista, y fortalecerá, en manos del Estado, los servicios sociales como el de salud, públicos, universales y gratuitos.  Y la buena política y la buena ciencia propondrán cumplir el sueño de una vida en armonía entre los seres humanos y con la naturaleza, sin subyugaciones, hegemonías y consumismo.  Es la responsabilidad de todos.