Elecciones locales o cómo desbaratar el “pacto cuántico”

David Chávez|

Aunque todavía hay una importante porción de gente que sigue irremediablemente manipulada por el gobierno, también es visible un grupo cada vez más numeroso que va rompiendo el hechizo de las mentiras mediáticas, el reparto prebendario y los “juicios de cartón”. Poco a poco se va entendiendo que el manoseo del tema de la corrupción solo fue una treta para desmantelar la institucionalidad estatal y, sobre esa base, llevar adelante el más agresivo programa neoliberal del que tenga memoria este país.

Quienes están cada vez más conscientes de que fueron infamemente engañados y traicionados, se preguntan angustiados: ¿cómo paramos esto? Las movilizaciones son insuficientes en este momento político. Y no por las chapucerías de la izquierda cuántica sobre la “persecución correísta”. Estamos presenciando un hecho inédito en la historia política al que no prestamos atención. Pocas veces ha sido posible una coalición tan sólida de las élites en el Ecuador. Si bien la movilización de las organizaciones sociales en los noventa fue determinante para la sucesiva caída de presidentes, no fue la única causa. Casi podríamos decir que los gobiernos se caían cuando perdían el apoyo de tres sectores: los socialcristianos, los militares y los medios de comunicación. Moreno se mantiene en el poder sin problemas porque tras de sí está una alianza no vista antes, pequeñas escaramuzas con CREO, pero nada importante, todos los sectores de poder cierran filas para protegerlo.

¿Por qué? La experiencia de la última década –con todo y su moderación política- les asusta, y mucho. Hace que el objetivo fundamental de esa poderosa y antidemocrática coalición sea evitar a como dé lugar el regreso del correísmo. Las élites saben muy bien que parte de su habilidad para el arte de gobernar radica en saber distinguir cuándo la izquierda es un sainete y cuándo puede ser realmente peligrosa. La primera –como ahora- es invitada a cogobernar, a hacer el trabajo sucio con el que las élites no se van a manchar.

Entonces, otra vez: ¿cómo paramos esto? Pues todo indica que las elecciones seccionales son el terreno en el que podemos hacer evidente nuestro rechazo al gobierno, romper con la “legitimidad” del sí en la consulta que fortaleció a la alianza anticorreísta. Hay que aclarar, no se trata de rechazar al gobierno en sí mismo, Alianza País no representa nada ahora, sino a la coalición política que lo sostiene, a eso que podemos llamar “pacto cuántico”.

Quito será uno de los espacios en que esta disputa se presentará con mucha claridad. Con posibilidades reales tenemos a tres candidatos: Paco Moncayo, Luisa Maldonado y Jorge Yunda. Moncayo y Yunda han participado de manera entusiasta en el “pacto cuántico”. Moncayo ha aplaudido y asesorado decididamente al desgobierno de Moreno, mientras que Yunda fue de los primeros en apoyar la traición política de Moreno. Ambos han mantenido un ánimo poco favorable a la democracia, como lo señaló hace poco el analista Santiago Basabe, con su decisión de no exponer sus propuestas en entrevistas y debates. Las escasas veces que ambos han aparecido en entrevistas, puesto que no han ido a ningún debate, han dejado ver a un par de políticos lamentables y con poca claridad. Sorprende mucho más en Moncayo que es un político de larga trayectoria y que tuvo una gestión destacada como alcalde de Quito. En el caso de Yunda se explica por su inexperiencia y lo improvisado de su reciente carrera política. Luego del desastre de Rodas en la alcaldía, la improvisación de Yunda debería ser razón suficiente para descartarlo como opción, volver a equivocarnos de esa manera sería fatal para la ciudad.

¿Qué pasa con Moncayo? Pues es un político de “vieja escuela”, de la que era efectiva para la gestión pública en tiempos del neoliberalismo. Ese tiempo en el que los referentes de la gestión estaban en los gobiernos locales que trataban de suplir la ausencia y debilidad del Estado central. Y en ese país el “gran referente” era Guayaquil y su “modelo exitoso” de regeneración urbana. La alcaldía de Moncayo trató de llevar adelante, con relativo éxito, la versión quiteña del “modelo exitoso”.

El problema radica en que las condiciones sociales y políticas del país han cambiado significativamente después del correísmo. Ya no existe un modelo de “descentralización a la carta” y hay competencias que requieren fortalecerse. A pesar del intento de Moreno y sus insignificantes funcionarios por echar abajo todo, tenemos claramente establecida la experiencia de un Estado central con una significativa capacidad de gestión. Pero, principalmente, contamos con la experiencia de que la gestión pública no es neutral, como el “modelo exitoso” quería hacer creer, sino que debe tener enfoques político claros, es decir, sabemos que es posible hacer un tipo de gestión pública que mejore servicios, pero sobre todo busque reducir desigualdades, ampliar la inclusión y disminuir pobreza.  

Eso es lo que el “pacto cuántico” no entiende o no quiere entender. Reduciendo torpemente toda esa compleja experiencia política a los casos de corrupción, lo único que consiguen es degradar la política en su dimensión de acción colectiva para una democratización real de la sociedad ecuatoriana. No la de los superpoderosos Trujillos, esa “democracia de panas”, sino la que llega a quienes carecen de “notabilidad” y pedigree.

Creo que las elecciones locales próximas son una posibilidad para evitar que los más retrógradas sectores políticos del país sepulten esa experiencia. Si vemos las cifras recientes de intención de voto, todo indica que en Quito es posible rechazar el “pacto cuántico” y recordar que se puede hacer política de un modo distinto, creo que Luisa Maldonado y Paola Pabón representan eso, nos recuerdan que la risible ecuación que equipara correísmo con corrupción es una falacia. Si no reparamos en el hecho de que podrían ser las primeras mujeres, que no vienen de las “buenas cunas”, en esas dignidades, sencillamente no habremos entendido nada de cuánto se transformó la política en la última década. Tampoco debiéramos olvidar que el otro terreno de esta pelea, como lo han evidenciado en su desesperación los retrógrados, es el CPCCS definitivo.