En la Revolución Ciudadana cabemos todas y todos.

Amauri Chamorro|

Ser correísta es antes de todo, ser valiente. En estos tiempos de cólera cuando toda la estructura del Estado te persigue, golpearse el pecho y decir “Yo soy Correa” es más que un hecho de coherencia, es un acto revolucionario. Principalmente para las y los anónimos que desde los manglares, páramos y riachuelos vuelven a ser vulnerados por la élite económica que parasita la presidencia de la República. Las y los correístas somos un contradictorio grupo humano sin una identidad cultural propia y que se maneja de manera orgánica según las directrices de su líder. Nacido en el 2006, el correísmo es un movimiento popular con un liderazgo evidente, que desciende directamente de la Revolución Liberal Alfarista, ajustando las reivindicaciones a su tiempo, pero con el explícito objetivo de acabar de construir la patria soñada por Alfaro.

Desde la muerte del Viejo Luchador ninguna fuerza política había tenido tamaña capacidad de convocatoria. El correísmo logró aglutinar a la izquierda, la centro-izquierda, el movimiento indígena, los sectores populares, el progresismo, el centro, empresarios, o sea, gran parte del espectro político y social ecuatoriano. Sin el correísmo las fuerzas populares que enfrentaban valientemente al neoliberalismo se hubieran estancado en su capacidad de tumbar gobiernos corruptos. El correísmo dialogó con todos permitiendo un histórico impulso al sector productivo, dando la oportunidad a que la industria nacional obtuviera por primera vez una capacidad sistémica para desarrollarse. Nunca los empresarios ecuatorianos ganaron tanto dinero –pese a haber pagado impuestos por primera vez en 200 años de república, nunca los movimientos populares habían sido protagonistas de un gobierno –a pesar de las tensiones constantes con algunas dirigencias de los movimientos sociales. Ambos sectores trabajaban lado a lado con el correísmo.

No se ha escrito ni teorizado lo suficiente para entender a profundidad el correísmo como un fenómeno social y político. Pese a la incapacidad, pereza, envidia o mala fe de parte de la élite pensante ecuatoriana en estudiarlo, somos el más importante fenómeno político-electoral de la historia del Ecuador. Viene del correísmo el impulso para que la Revolución Ciudadana hiciera todos los cambios, reformas y revoluciones posibles dentro del frágil sistema democrático ecuatoriano. Todo se logró con un abrumador apoyo popular visible en los sufragios y mítines por todo el país. Era una máquina de victorias electorales que no logró crear un marco conceptual político propio, indispensable para comprometer a la sociedad a defender sus conquistas. El actual gobierno, decidido a aniquilar al correísmo, inició una persecución política, no obstante, las bases han resistido silenciosamente al ver el ejemplo de compañeros y compañeras que han enfrentado valientemente la represión. Sin esos hombres y mujeres se hubiera pulverizado la esperanza de volver a hacer patria.

Esa valentía es una de las principales características del correísmo, así como la voracidad retórica en el enfrentamiento a grupos políticos, sean de izquierda o de derecha, que se oponen al exitoso modelo de desarrollo implementado por la Revolución Ciudadana. Una revolución sin fusil, hecha a punta de discursos y logros de gestión, no podría ser diferente. Ese tipo de retórica muchas veces acaba generando fisuras y distanciamientos con los sectores que se encuentran dentro de la Revolución Ciudadana. Esas brechas fueron muy bien aprovechadas para la operación política de la derecha que cooptó a un sector auto titulado de izquierda y que gracias a ser identificada como correísta, ganó notoriedad, poder y dinero al punto de creerse capaz de superar intelectual y socialmente al correísmo. Fue esa seudo-izquierda la que viabilizó la llegada de Moreno a la presidencia del Ecuador. Hablamos de los Falconís, Barreras, Barojas, Espinozas, figuras irrelevantes hasta que se declararon correístas, que aún mantienen vivas sus estructuras en la Revolución Ciudadana. Son ellos quienes intentan darle vida al relato de la necesidad de una Revolución Ciudadana sin correísmo. Su argumento es que “para poder ganar hay dialogar con los otros sectores, ya que en las encuestas no ganamos solos y el Correísmo es muy sectario”.  La lectura que tiene tintes de traición es también un error político que entregaría definitivamente el país al neoliberalismo. Es indispensable sanar las heridas para lograr la unidad con los grupos no-correístas que no participaron en el gobierno actual y que están dispuestos a restablecer la democracia en el país, a su vez, las y los que traicionaron al correísmo nunca más tendrán espacio en la Revolución Ciudadana.

¿Se imaginan a Alberto liderando el Frente de Todos de Argentina denegando a Néstor? ¿Dilma justificando un pos Lulismo? ¿De Cuba hablando sobre la necesidad de superar a Fidel? ¿Maduro anunciando una nueva Revolución Bolivariana sin Chávez? Scioli negó a Cristina y perdió la elección. Alberto la reafirmó y venció. Dilma se peleó con los sectores sociales y el PT y fue derrocada en un golpe parlamentario. Cuba se reafirma en Fidel y continúa invicta. Maduro sobrevive a atentados, golpes, medidas coercitivas unilaterales reafirmando el Chavismo. Ponderando las realidades de cada uno de esos procesos, aciertos y desaciertos, los mismos han tenido la capacidad de resistir y reinventarse sin negar su origen. Si en la “victoria perfecta” del 2013 ganamos articulados con otros sectores políticos del país, es evidente que la actual coyuntura también lo exige. El correísmo propone una gran unidad construida bajo el diálogo con los no-correístas.

El correísmo entiende el momento histórico y sabe de las profundas dificultades en la coyuntura política. Se ha dado cuenta de sus debilidades, aciertos y la necesidad de no cometer los mismos errores de antes. Siempre existió el consenso de nuestras filas de que solos no ganamos y que esa fuerza popular debería ser encauzada en un partido político que logre representar al correísmo y dialogar institucionalmente con todo el país. Las y los correístas debemos dialogar con absolutamente todos los sectores democráticos del país. Es nuestra responsabilidad lograr articular a la gran mayoría de la población que desea salir del desastre en que vivimos. En la Revolución Ciudadana caben correístas y no-correístas. La coexistencia de ambos sectores está unida por la voluntad de construir un proyecto de país, una América Latina y Caribe unidos, donde sus diferencias sean puntos de disputas pragmáticas. La dirección del correísmo está estrechando la relación con los distintos grupos políticos y sociales para la construcción de una agenda política que nos permita ganar las elecciones. Las bases correístas debemos unirnos a ese esfuerzo y apoyar las determinaciones de la dirección del movimiento. Es indispensable la disciplina militante para superar cualquier diferencia o desacierto que afecte nuestra capacidad de vencer las elecciones. Cada correísta debe darlo todo sin esperar nada a cambio. La militancia no es una tienda de barrio donde se oferta la dedicación a este proyecto político. No puede existir una transaccionalidad que condicione la entrega total a la patria. En el seno de la Revolución Ciudadana, así como en todos los procesos progresistas del continente, nació una burguesía que genera una contradicción. Es una cuestión abierta que debe ser debatida constantemente en nuestras bases para que no sirva de excusa para el no cumplimiento de nuestros objetivos.

Somos mayoría en el país y por eso es nuestra obligación el ejercicio de humildad para tener una relación de igualdad con el no-correísmo. A final, estamos del mismo lado. Esa convivencia ayudará a reinventarnos y a mantenernos como lo que somos: la más importante fuerza política del Ecuador. Es evidente que las y los no-correístas realizan sus interpretaciones y críticas acerca del correísmo con el objetivo de mantener la unidad para enfrentar el neoliberalismo, la persecución política y consensuar la hoja de ruta para el desarrollo. Esa mirada desde afuera nos ayudará a entender cómo nos perciben y así corregir lo que se tenga que corregir. Hay muchísimo por hacer y eso se dará durante el andar. La falta de diálogo dentro del progresismo creará un campo de cultivo para la derecha que intenta cooptar a los que acaban distanciándose del correísmo.

Querer disminuir el peso del correísmo en la campaña es más que una insensatez, es un error táctico. Existen correístas que son ambientalistas, feministas, socialistas, comunistas, empresarios, derechosos, conservadores, católicos, pescadores, campesinos y empresarios. En todo sector hay una presencia sensible de correístas que por nuestros mismos errores están callados. Es hora de que nos despertemos y salgamos de nuestras casas, a las redes, asumamos nuestra responsabilidad de ser militantes, que llamemos a los silenciados para debatir el futuro del país y principalmente, extenderle una mano firme y amiga a todas y a todos, porque un correísta jamás te la va a soltar.